15 de Septiembre 2016

a punto

Al final he ido solo al concierto. He realidad no he ido solo, porque tu entrada ha venido conmigo, en el bolsillo izquierdo del pantalón. Teníamos dos sillas, en primera fila. He reservado tu asiento, pese a que una mujer ha intentado sentarse ahí. No veía bien desde el fondo de la salita, ha dicho. Estoy esperando a alguien, lo siento. He respondido tímido y culpable, como ante cualquier mentira. Los dos sabíamos que no vendrías. Bueno, los tres. La mujer, tú, y yo. En realidad todo el mundo lo sabía. El público y los actores también. Podían ver la entrada, transparentarse, a través de la tela de la mentira del pantalón, en mi bolsillo izquierdo. En realidad no era un concierto, era una modesta obra de teatro. Una de esas conceptuales. Con informática, neones, pretensiones, y una extraña voz en off. Cuando la obra ha acabado, han apagado la luces. La sala se ha vaciado. Me he quedado sentado a oscuras. Les he dicho que estabas a punto de llegar.

enfant terrible *

11 de Septiembre 2016

ocas digitales

Es el exceso. De camisetas. De posibilidades. De gónadas sexuales. De titulares.
Se ha resuelto todo a nuestro favor. Un universo alcanzable de una forma precisa e inmediata. A la disposición de una mano que sepa alcanzar una coordenada.
Es el exceso. De vidas posibles. De comida. De propuestas. De libros. De ideas. De escritores. De pensadores. De cabezas bulímicas. De bocas rellenables. Es la sobreoferta autoinyectada.
Cualquier argumento será válido en un instante porque será desechado inmediatamente después. No por invalidez, sino por falta de espacio físico. Analógico. Digital. Mental. La substitución es la nueva electricidad. La rueda que permite seguir avanzando. Todo es indexable, y de ahí la falsa creencia de que está al alcance de cualquier cerebro que intente rebobinar. Pero esa es la gran mentira. La celeridad impide echar la vista atrás. Así que todo lo indexado, desaparece. Lo vivido apenas prevalece. Y lo futurible se convierte en previsible. Porque existe una muerte por asfixia. Nerviosa, desbocada, y rauda. Por fagocitar. Información, sensaciones, o pulsiones.
Somos ocas digitales, con un embudo hasta la tráquea, engullendo ceros y unos. Esperando a que el hígado reviente. Para poder publicar. El hígado ha reventado.

enfant terrible *

31 de Agosto 2016

linterna

Me mira, con unos ojos azul mercurio, hondos, inesquivables, como cepos en un bosque de noche. Hace dos escalones de edad, debió ser joven y preciosa. Pero ahora llueve, y algunas gotas peraltan en las curvas ajadas de su cara. Ha rezado a todo lo rezable, y ha perdido todo lo perdible. Lo sabe, y me lo hace saber, durante los diecinueve segundos en silencio que dura esa mirada. Frente a los contenedores, mientras sostengo la bolsa de envases. Un cartón doblado, una botella de vino malo, y la bolsa de residuos orgánicos. Frente a los contenedores, en los que ella rebusca, con un pequeña linterna encendida entre los dientes. Diecinueve segundos para pedirle perdón, en silencio, por lo mal que estamos haciendo las cosas los deshumanizados a este lado de la sociedad, que consentimos que humanos al otro lado se sientan como residuos orgánicos apartados. Justo antes de irme, ha apagado la linterna con la punta de la lengua, para dejarme ver, sin deslumbrarme, esos ojos azul mercurio de los que nadie antes apartaba la mirada.

enfant terrible *

25 de Agosto 2016

pinaza

Hay algo bajo la capa de las entrañas a lo que aún no hemos llegado. Un lugar al que ni siquiera sabemos ponerle nombre, pero que alberga el big bang de lo que somos. No es uno de esos billetes que proporciona la droga, el yoga, o la poesía. No es autoconocimiento, es el inicio de todo. Una semilla que intuimos al introducir la mano en el interior del río helado que somos. Y se nos escapa, como pinaza, entre los dedos mojados y torpes. Más de cien mil millones de humanos, algunos interesados en encontrarla y otros absolutamente ajenos a la búsqueda. Pero todos ignorantes, aún muy en la superficie, morimos mirándonos la mano mojada. Con la sensación de, quizá, haber acariciado algo que aún no sabemos qué es.

enfant terrible *

19 de Agosto 2016

raspadinha

Los veintiocho ojos de vaca que me rodean y miran al interior de este habitáculo de coche gris metalizado de alquiler, se acercan parsimoniosamente al ritmo de sus cencerros oxidados, golpeando el lateral de los retrovisores, y mi ausencia de seguro, franquicia, y sentido común, frenados en un desfiladero con vista al océano, en una pendiente del veinticinco porciento, con una vieja palanca de freno de mano, que apunta a las nubes del anticiclón de esta preciosa y diminuta isla, donde los azoreños son portugueses buenos, amables, melancólicos y educados en el pleonasmo, que acuden a misa en pequeñas iglesias de paredes blancas, clonadas con precisión a lo largo de la costa, y con versículos proyectados en un power point, con letras cursivas y diminutivos en cada frase de fe, intentando que los feligreses olviden la idea de que cualquier isla es un madero a la deriva, mientras el anticiclón planea sobre las cabezas de los hombres vencidos por el viento, y la melancolía de los pequeñitos vasos de vino oscuro, junto a las raspadinhas que prometen un sueldo digno si el concursante raspa con una moneda de la lejana europa el orden correcto de las estrellas de la suerte, y ese chorrito de adrenalina dura en la cabeza de estos pequeños ludópatas de barra de bar, el breve instante en el que los turistas hunden el pie en el agua helada de una cascada, y sonríen congelados ante lo que algún día será una foto imantada a una nevera, y cuando el invitado a casa la mire pueda pensar que, son tan tranquilas e idílicas las Azores que por eso el trío decidió aquí destruir el mundo.

enfant terrible *

6 de Agosto 2016

todos los dioses son el mismo;
el conjunto vacío del miedo.

enfant terrible *

31 de Julio 2016

influencers

Las antiguas estrellas de la vieja Internet desaparecieron, más o menos, al mismo tiempo que la anciana red. Que los sostenía. Eran los recomendadores, los gurús, los altavoces de las marcas, los entrenadores morales. Nacieron anglicismos para soportar todas esas actividades que existían previamente al humanito digital. Pero nacieron -y como casi todo- murieron. Las glorias de la vieja red no pueden alardear de lo que hicieron, porque nadie lo recuerda y su soporte se ha perdido. Aquella constelación de actos digitales desapareció tras la extinción digital. Nadie ideó una cápsula del tiempo lo suficientemente buena, como para albergar aquellas toneladas de ego codificadas en pequeños ceros y unos, que coloreaban la cara de millones de humanos atentos a una
pantalla, soñando con una vida mejor. Ajena, y proyectada. Cuando el trenzado de hilos de cobre ahorcó a la civilización digital, se inició una teoría de juegos que deshizo el cubito de hielo, que se creía iceberg, de los influencers de Internet. Ahora, miran sus tatuajes, incapaces de explicarles a sus nietos, quién y qué les encumbró. Ni siquiera, quién ideo las frases de autoayuda escritas en tinta en su piel envejecida y estriada.

enfant terrible *

30 de Julio 2016

puente de tenedores

No es una noche sudada de Agosto. Al menos no otra, o no especialmente. Ni siquiera es Agosto.
Ella está dormida, y pienso, nunca duermas con un escritor porque acabará escribiendo que boqueas, como un pescado en la orilla. Pese a la belleza y la juventud, somos peces boca arriba.
Los diodos que marcan la hora, en el horno de la cocina, parpadean como cualquier noche tras un corte de luz. Marcando los minutos posteriores a la interrupción del suministro.
Podría trazar, desde esta ventana, un puente de tenedores hasta cada uno de los hombres que duerme en los tejados para esquivar el calor, y arroparlos ahora que empieza a llover de forma suave. Y preguntarles, sin esperar respuesta, cuánto tiempo crees que te queda. Y tratar de intuir la sinceridad del párpado dormido.
Volver a casa, por el puente de tenedores, cada vez más resbaladizo. Y secarme los pies, en el alfeizar de la ventana, con un trapo de cocina. Y ante la proximidad de la idea de la muerte, otra vez la duda, ante el tiempo que se estrecha. Si dedicarlo a leer o a escribir. Los diodos del contador de mi tiempo, también parpadean, en sentido inverso.
Vuelvo a la cama, sudado, y la veo tranquila. Feliz en su pecera, donde los peces boquean, en la cima despreocupada de la noche.

enfant terrible *

24 de Julio 2016

13

13 años escribiendo. Trece escrito en letras. Impreso, y no esquivado, como en los aviones supersticiosos. Llevaba trece años escribiendo. Con algún tipo de persistencia, y con la pequeña fe de la abuela que guarda (y besa) una estampita arrugada. Como si mucho tiempo en el intento, significase algo.
Cuando mi padre se jubiló, se sentó junto a mí una tarde, y me preguntó. ¿Y ahora qué? Le dije -sin mirarle- escribe un libro sobre la mierda que es la vida del humano privilegiado. Sobre lo mal que lo has pasado, luchando, pese a tener la supervivencia asegurada. Eres un cínico, dijo. Tú eres el escritor, yo nunca he teclado un mail de más de dos frases. Se levantó y se fue. Un año después, publicó su primera novela. No era cínica. Ni dura. Un pequeño thriller de una pequeña ciudad.
Tu padre, el escritor. Me decía la gente. Gente que no sabía que yo había pasado 13 años escribiendo. Como si mucho tiempo en el intento, significase algo. Agarrado a esa pequeña estampita de fe, que supone la potencialidad de la escritura. No por el reconocimiento. Ni si quiera por la unicidad. Tan sólo por la irrealidad. Y la diminuta parcela de independencia. El jardín, pequeñito, donde uno decide cómo deben marchitarse las flores. A qué ritmo. En qué orden. Y con el egoísmo de las propias suelas, las únicas con jurisdicción para pisotear las plantas que uno mismo hubiera ideado. E incluso, en caso de necesidad, quemar la tierra. Y no volver a mirar -nunca más- aquel diminuto jardín de literatura.
Así que, empecé una novela. En la que un hijo que había pasado trece años escribiendo (y quizá sufriendo) mataba a un padre que, en apenas seis meses, había conseguido que todo el mundo le reconociese como escritor.

enfant terrible *

3 de Junio 2016

lugareño

El Rin está desbordándose. Los turistas se acercan a la orilla del puente y se fotografían unos a otros. Sonríen y agitan la mano, ante la cámara, en un gesto que intenta decir. Aquí hay mucha agua. Digo que son turistas porque mi falta de entusiasmo ante cualquier acto cotidiano en una ciudad ajena me convierte, prácticamente, en un lugareño. Un hombre que camina sin acento, con las manos en los bolsillos, sin prestar demasiada atención a prácticamente nada. Un lugareño con la piel quizá demasiado pigmentada para que la camarera, al acercarse a mi mesa, sonría e intente traducir en imágenes, el contenido de las cuatro primeras salchichas de la carta. Vielen Dank. En la cristalera del restaurante, las gotas de agua abomban la estación de por sí gris. Una manzana de trapo empapada. Roída por los gusanos de vagones, rojos y verdes, que descargan en la estación a las hormiguitas de la productividad. Circulan en un fractal de generaciones. Y esquivan, en la plaza, a los chicos que juegan a fútbol, a los que tocan la guitarra, a los que beben en el suelo. Y se suben el cuello del tres cuartos, cubren el maletín del portátil, y no miran al cielo. Pese a que, seguramente. Todos cabemos bajo la misma campana de Gauss. No importa a qué altura esté la curva de nuestras cabezas. Siempre que envejezco, intento que sea viajando. Hoy cumplo. 35 años, la mediatriz entre la guardería y el geriátrico. La edad y el extranjero son dos extrañezas. Quizá la doble negación lo convierta en una certeza.

enfant terrible *

10 de Abril 2012

el cuarto reich no me preocupa demasiado
porque intuyo que, de algún modo u otro,
el sol acabará derritiendo las esvásticas

enfant terrible *

30 de Marzo 2012

si el sistema, para respetarme, espera que me afeite, me corte el pelo, y me ponga un traje
entonces, la nuestra, no será una relación basada en el respeto

enfant terrible *

27 de Febrero 2011

tengo frío en los pies
el orín cae verdoso
como aceite sin filtrar
resbala en el suelo de la ducha
tengo mierda en las uñas
bolas de calcetines
he dormido dos horas
es martes
una liana de tu pelo
en mi escroto
han cortado el agua
no recuerdo mi nombre

enfant terrible *

6 de Noviembre 2010

algún día la iglesia hundirá la polla en vuestros hijos
mientras tanto podéis seguir agitando banderas vaticanas

enfant terrible *

28 de Mayo 2010

carpaccio de escroto

Tu cuerpo desnudo, bajo un kimono, siete husos horarios más allá. Pálido por muerte por espera. Y mi vida, junto a tu vida. Y mi cuerpo derrotado, como un caballo asustado, desamparado.
Y poner, por fin, los huevos sobre la mesa. Y preparar carpaccio de escroto. Mientras la pepita de limón oscila entre el miedo y la sal. La gota de sangre se abomba y parecemos reales, de nuevo, en el reflejo.

enfant terrible *

27 de Marzo 2010

ojalá hoy fuera ayer
y mañana no fuera nunca

enfant terrible *

13 de Marzo 2010

el ciervo que oscurece y espesa sus pestañas con rímel ante el espejo
es el mismo ciervo que vuelca y esparce con tiento medio gramo sobre el vidrio
el mismo que lo único que teme es la punta de sus propios cuernos ante el embiste

enfant terrible *

9 de Marzo 2010

embriones

Mi hermano murmuró que iba a ser padre, mientras meábamos borrachos, la noche de carnaval. La peluca nos cubría la cara. Y el maquillaje sudaba como lava grasienta.
Pensé en todas las veces que habíamos bebido juntos. En los puñetazos recibidos. En las madrugadas en el hospital. Pensé en todos los recuerdos asociados a lo extremo. En todo lo socialmente prohibido que, ridículamente, intentaríamos prohibir a nuestros hijos.
Miré el fondo del vaso, y repasé todas mis carencias. Fui incapaz de decirle lo mucho que le quería.
Nos subimos la bragueta y salimos de allí. El orín resbalaba calle abajo. Las pelucas quedaron, tras nosotros, en el suelo mojado.
Caminamos hacia el futuro. Sabíamos que era un desfiladero que llevábamos esquivando toda la vida.

enfant terrible *

7 de Marzo 2010

flores ajadas

quiero que seas la mujer que me entierre

enfant terrible *

9 de Noviembre 2009

domingo

y el dolor intentando escapar
como un preso
por las cornisas de una certeza

cuando te vayas a Chequia
lloraré como un Kafka expatriado

enfant terrible *

6 de Septiembre 2009

Noté morir algo bajo el pie del embrague. Podía ser un caracol, un conejo, o una certeza. Hay algo extrañamente mágico en el nombre de los cócteles. Estoy pensando en secuestrarte. Y escaparnos a algún sitio donde no exista nadie. Ni siquiera nosotros. Voy a prenderle fuego a todas las cosas que no significan nada. Empezaré por mí, y seguiré por el vacío. Ya no tengo edad para escribir títulos. El suicidio es la forma más elegante de despedirse a la francesa . Soy un soñador, no un imbécil. Prefiero la rabia a la pena.

enfant terrible *

2 de Septiembre 2009

la nieve sobre el puente

Con el principio del frío seremos, poco a poco, mejores. Mientras tanto, la arena se depositará bajo tu cuerpo como troncos bajo las piedras de las pirámides, ante la mirada de los esclavos.
El mundo va a seguir siendo el mismo, ahora que nos sentimos todos como en un campo de refugiados. Ahora que sabemos que sólo queda escribir o ahogarse. He soñado con la nieve sobre el puente en la portada del disco de Joy Division. Con el principio del frío seremos, poco a poco, mejores.

enfant terrible *

28 de Agosto 2009

cuando sepa que eres una mujer
que va a morir sola,
te abrazaré
como ahora abrazo a mi abuela

los galones
hay que ganárselos,
y las jerarquías
respetarlas

los ancianos
y los generales,
lo saben

enfant terrible *

21 de Julio 2009

Banderas dobladas

Nací víctima de mi madre, moriré víctima de mí mismo.
Todos los secuestrados, al sostener el periódico ante la cámara, intuyen la noticia de su muerte en la portada del día siguiente.
Las canciones alegres duran una noche de verano, las tristes, toda la vida.
Me siento como el piloto que se niega a encender los motores auxiliares, pese a llevar viendo el humo negro mucho tiempo. Alguien que se queda mirando, a través de las ventanillas, cómo el océano se acerca a sus pupilas.
No estoy esperando que alguien le entregue una bandera doblada a mi madre por mi cadáver.

enfant terrible *

5 de Julio 2009

Cuando Dios llegó, nosotros ya estábamos allí.

enfant terrible *

21 de Mayo 2009

No quiero ver morir a mi padre. No quiero ver morir a mi madre. No quiero ver morir a la mujer que duerme conmigo.
Soy un hombre cobarde, incapaz de enfrentarse a la forma del dolor.
Besaré mis zapatos antes de enterrarlos.

enfant terrible *

5 de Marzo 2009

El pánico ante la frialdad con la que te deshaces de las cartas de las mujeres a las que quisiste. Es el mismo pánico ante la frialdad con la que jodes con mujeres a las que nunca querrás.

enfant terrible *

27 de Febrero 2009

no creía en aquel amor de crash test dummies
pero, al menos, era una forma de amor.

después de cada colisión,
alguien nos recolocaba la cabeza
y devolvía a nuestra posición inicial

enfant terrible *

18 de Febrero 2009

la droga llega con las primeras decepciones
las corbatas con las primeras expectativas
la muerte con las primeras ansias de vida

enfant terrible *

29 de Diciembre 2008

Si vivir es aprender a renunciar, no me interesa la vida.

enfant terrible *

6 de Diciembre 2008

somos hombres
permanentemente predispuestos
a algo que aún desconocemos

somos órganos frescos
en la sala de espera
de un país extranjero

enfant terrible *

18 de Noviembre 2008

nobles y apátridas
así deberían ser los hombres

enfant terrible *

15 de Octubre 2008

así que la vida era eso
esperar a la muerte

enfant terrible *

19 de Junio 2008

agazapada

Había calles cortadas en el mapa de su cabeza. Tenía los tobillos tatuados, la espalda tatuada, las entrañas tatuadas. Era una mujer agazapada en esta ciudad que se mutila a si misma.
Había algo terriblemente visceral en cada uno de sus gestos. Y lo escondía tras ese enorme telón de pelo que le cubría los ojos. Si te acercabas lo suficiente, podías ver a Nerón en su mirada, cada vez que encendía un cigarrillo.
Quizás su único problema, es que era una mujer por la que nunca nadie hubiera muerto. Ni matado.

enfant terrible *

3 de Junio 2008

dormimos abrazados
a pequeños teléfonos móviles,
esperando que se iluminen
como bengalas en mitad de la noche

somos náufragos
embotellando mensajes
de ciento sesenta letras,

disparando poesía al aire
como mejicanos borrachos.

la tecnología ha acabado con el amor
alguien debería acabar con la tecnología

enfant terrible *

30 de Mayo 2008

escombros

Si fuera capaz de escribir con sinceridad, reconocería que he vuelto al juego y a la droga. Aunque claro, seguramente alguien se asustaría al leer eso. Me despierto con polvo en la cabeza. Bajo banderas de colores. Escuchando fados portugueses cantados en alemán. Algunas veces, cuando recuerdo el niño que fui, aparto la mirada del hombre en el que me he convertido. Tengo veintisiete años, y sufro demasiado. Miento tanto que mi vida ya no existe. El mundo no necesita amor. Necesita algo en lo que creer. Llevo dos años escapando del suicidio de la mujer a la que quise. Tengo la sangre triste y sucia. Como la mirada. A veces, en el espejo, sólo veo un edificio en llamas. Prométeme que barrerás mis escombros.

enfant terrible *

13 de Mayo 2008

soy incapaz
de respetar
mi sueldo
porque
soy incapaz
de respetar
mi trabajo,

así que bebo,
apuesto,
viajo,
y regalo el resto

y dar un billete
a un mendigo
no es un acto de
caridad,

es sólo
un agradecimiento
por tener cojones
a vivir
con sinceridad

enfant terrible *

24 de Marzo 2008

si no consigues que tu vida se convierta en una obra de arte
intenta, al menos, que tu muerte sí lo sea
quítate de en medio, con algo de estilo

enfant terrible *

2 de Enero 2008

cabezas de ciervo

somos una generación de hombres
maltratados por mujeres.

tipos duros,
encerrados en cuerpos fuertes,
escondiendo a niños débiles.

hombres agarrados
a cualquier adicción
que nos permita olvidar la sangre,
pero no la herida.

animales asustados
incapaces
de desprenderse del cepo.

somos una generación de hombres
padeciendo
el efecto rebote
de siglos de machismo.

enfant terrible *

28 de Noviembre 2007

matar a la ciudad

Necesitaba matar a la ciudad. No se trataba de acabar con las personas. Se trataba de aniquilar a la ciudad. De arrancarle las entrañas. De hundirle un brazo en el útero. De abortarla.
Esta ciudad manchada de bombillas rojas de navidad. Como el sarpullido incipiente en el cuerpo de un niño. Esta ciudad hostil y dura, capaz de morir matando. Esta Barcelona herida, mentirosa, y loca. Como cualquier mujer que en su día fue guapa. Esta ciudad que extermina a los mendigos sin mirarles a la cara. Esta ciudad sin agallas.
No estaba hablando de prenderle fuego, ni de dinamitarla. Estaba hablando de mellarle la boca, y obligarle a que se trague la lengua. De enterrarla viva. Y dejar que se asfixie bajo su propio nombre.

enfant terrible *

7 de Junio 2007

creo que podría
enamorarme
de cualquier mujer,
que encienda
los cigarros
con cerillas.

al menos, durante
sus dos
próximos cigarros.

después, el mundo
volvería a ser
un sitio horrible,
deprimente

donde
incluso las cosas
concebidas
para ser bellas
fracasan
en su intento

enfant terrible *

13 de Diciembre 2006

impulso

una vez pensé
matar a un hombre.
matarlo de una forma
sincera y cruel.

era un hombre
al que quería.
de hecho,
era un buen amigo.

lo cierto es que
el impulso,
poco a poco,
desapareció.
como el agua
que se escapa
por un sumidero.
cualquiera puede
ver el rastro.

y ahora,
cada vez que ese hombre
me mira.
lo ve.

enfant terrible *

28 de Noviembre 2006

el hombre recto (ilustrado por elena gallen)

El Hombre Recto miraba cómo sus hijos discutían por un juguete. Y los niños le miraban esperando algún tipo de privilegio frente al otro.
El Hombre Recto fumaba, y de vez en cuando, tragaba saliva.
Los Niños Torcidos estiraban cada vez más fuerte del osito de peluche, pero el oso no se quejaba. Sabía manejar ese tipo de situaciones.
Entonces, como todo el mundo esperaba, el Hombre Recto tomó una decisión salomónica. Apagó el cigarrillo y se levantó. Partió a cada uno de sus hijos por la mitad, y le dio dos mitades diferentes al Osito. Que se fue de allí sonriendo. Perdiendo pelusillas de peluche por la pierna izquierda. Y arrastrando a medio niño con cada mano.

recto.jpg
elena gallen


enfant terrible *

8 de Noviembre 2006

existen
mujeres
que no existen.

mujeres
con los ojos
rasgados
y la cara
verde.

con graciosos
gorros
acabados
en punta.

y cascabeles
que cuelgan
del borde
de sus botas.

mujeres con cara
de hamster
que muerden pipas.
subidas a las
ruedas
de sus jaulas.

existen
mujeres
que no existen.
completamente
decididas a
arruinarte
la vida.

mujeres
a las que
resulta
imposible
no amar.

enfant terrible *

26 de Octubre 2006

nike

La gente no empieza a correr para adelgazar. La gente empieza a correr cuando su hijo se suicida. Cuando alguien atropella a su perro. Cuando alguien se folla a su mujer.
La gente no quiere perder barriga, quiere huir. Para llegar a algún sitio, que permita olvidar el perro abierto por la mitad, el hijo abierto por la mitad, tu mujer abierta por la mitad.
Cuando llevas cuarenta días en una clínica de desintoxicación, alguien te pide que recuerdes el siguiente slogan. Cada vez que te apetezca beber, sal a la calle a correr. Así que si miras bien. Verás hombres perseguidos por vasos largos de ginebra, resoplando en los semáforos.
Hombres que siguen corriendo, sin apenas resuello, porque saben que si miran atrás, verán a un hijo muerto.
Y seguramente, también verás, un millón de niños que se llaman Forrest Gump, perdiendo pedazos de prótesis, calle abajo.

enfant terrible *

17 de Octubre 2006

booket

helado de fresa

enfant terrible *

14 de Septiembre 2006

vueling

Los vuelos baratos han arruinado mi vida. Me despertaba a las dos de la mañana y cogía un avión a las seis. Ella siempre decía. No deberías irte tan pronto. Me quedo muy sola.
Cuando volvía, las sábanas olían a vuelos baratos, ya sabes. Olían a mi mejor amigo. Al ruso del segundo. A su mejor amiga.
Ella arqueaba las cejas y decía. Despegas siempre muy pronto y me quedo muy sola. Y bueno, con eso no tengo suficiente. Y señalaba la caja de los consoladores.
No era un gran argumento. Ni siquiera una gran excusa. Pero me tumbaba junto a ella. Y trataba de adivinar qué pelo púbico correspondería a quién.
Y esperaba al próximo vuelo.

enfant terrible *

7 de Septiembre 2006

banqueros

Julio es el presidente de un banco. Y Ramón, el vicepresidente. La elección de los cargos no fue demasiado justa, pero ya se sabe como funcionan estas cosas. Una tarde lanzaron una moneda al aire. Y bueno, Ramón agachó la cabeza, y felicitó a Julio. Sin demasiado entusiasmo, ni demasiado rencor.
Así que desde aquel día, cada uno puso un cartelito con su cargo, en el suelo, junto al banco en el que mendigaban.
Ramón trataba de usted al señor presidente del banco, y bueno, a Julio se le saltaban las lágrimas de la risa, y decía. Tutéame coño, ni que fueras un empleado.
Y así pasan las tardes. Mirando el cazo de las monedas. Esperando una buena opa hostil, dice Julio.
Y cada noche, mientras empujan el carrito, y se dirigen al cajero donde siempre duermen, la misma broma.
¿Otra noche en El Ritz?

enfant terrible *

estrellas fluorescentes

La locura ha vuelto. Y esta vez, parece que para quedarse. Ayer la vi, al encender la luz, a media noche.
Estaba sentada sobre la mesa. Con los pies colgando y la barba llena de migas. Mordía un trozo de pan y me dijo. Cuando duermes, incluso pareces cuerdo. Después se levantó, apagó la luz de la mesita, y susurró. Voy a estar aquí durante un tiempo. Como cuando eras niño. Y mirabas las estrellas fluorescentes pegadas en el techo. Y poco a poco, empezaste a notar que las cosas no eran del todo normales.
Buenas noches.

enfant terrible *

31 de Agosto 2006

el hombre recto

El Hombre Recto miraba cómo sus hijos discutían por un juguete. Y los niños le miraban esperando algún tipo de privilegio frente al otro.
El Hombre Recto fumaba, y de vez en cuando, tragaba saliva.
Los Niños Torcidos estiraban cada vez más fuerte del osito de peluche, pero el oso no se quejaba. Sabía manejar ese tipo de situaciones.
Entonces, como todo el mundo esperaba, el Hombre Recto tomó una decisión salomónica. Apagó el cigarrillo y se levantó. Partió a cada uno de sus hijos por la mitad, y le dio dos mitades diferentes al Osito. Que se fue de allí sonriendo. Perdiendo pelusillas de peluche por la pierna izquierda. Y arrastrando a medio niño con cada mano.

enfant terrible *

29 de Agosto 2006

Donut

Resulta imposible seguir creyendo en la raza humana después de un día en la playa. A veces, me quedo mirando el agua, y rezo. Y pido un tsunami redentor que nos extinga.
Resulta imposible no pensar en las palabras mutilación, asco, y rastrillo clavado en el cuello. Somos una raza torpe y celulítica. Somos una raza con las tetas caídas.
La publicidad es capaz de casi cualquier cosa, así que por un momento hemos estado a punto de creer que las chicas Dove son normales. Las chicas Dove son pelotitas de mayonesa sonriendo.
A veces, cuando veo que la gran ola no llega, sigo rezando. Y le pido al viento que arranque una sombrilla. Y sólo puedo pensar en una brocheta de ingleses.
Para esto es para lo que trabajas el resto del año. Para estos quince días. Para oler a algo que imita al aceite de coco. Para que un hooligan de cinco años se seque la colita con tu toalla. Se supone que esto es con lo que sueñas cuando miras el calendario en Enero.
Imagina una playa sin megafonía. Un sitio donde los niños se fuesen perdiendo lentamente y nadie los reclamase. Una playa con un gran agujero en medio por el que precipitarse.
Y extinguirse.
Una playa en forma de donut.

enfant terrible *

20 de Abril 2006

los franceses tienen cara de camembert

Después de tres explosiones parece que algo se ha inmolado dentro del microondas. Abro la portezuela y miro cómo se deshinchan las burbujas de patata.
La última vez que comí puré medía menos que una papelera.
Iba con corbata al colegio.
Soñaba con meterle un dedo por el culo a mi profesora de piano.
No era un niño feliz.
Mis amigos jugaban a fútbol mientras Dominique me obligaba a copiar cien veces. Los franceses no tienen cara de camembert.
Me aterraba la Carnicera Bizca. Le olían los sobacos a salsa barbacoa. Cuando levantaba la vista, su ojo izquierdo apuntaba a las costillas de cordero, y el derecho a los pinchos morunos. Tenía hebras de carne entre los dientes.
La última vez que comí puré era un niño con miedo.
Y ahora, lo sigo siendo.

enfant terrible *

16 de Marzo 2006

follarse un cerebro

Sería bonito poder follarse un cerebro.
Y saber qué es lo que realmente alberga ahí dentro.
Rozar las dendritas con el glande.
Y entender los miedos y las adicciones.
Atravesar las meninges con condón.
Y no contagiarse de los brotes psicóticos.
Poner cachondo al cortex.
Y ver como la serotonina resbala y cae por tu nariz.
Sería bonito poder curarte usando sólo la polla.

enfant terrible *

11 de Marzo 2006

la novia cadáver

Claro que no puedo hablar de tu sangre fría de poner treinta ansiolíticos en fila. Y tragártelos de dos en dos.
No puedo hablar de tus tobillos colgando en el extremo de una camilla. Ni de la cara del chico de la ambulancia cuando te cogió en brazos.
No voy a explicar que lo único que pedías en la nota de despedida era un traje de novia. Y rímel en las pestañas.
Claro que no puedo escribir una frase que diga. Me has destruido.
Pero prefiero ser un escritor mediocre.
Y haberte salvado la vida.

enfant terrible *

23 de Enero 2006

Taxidermia

Imagina un niño con un altavoz verde tachado en la frente. Imagina un niño con un botón de mute en la cabeza. Imagina poder silenciarlo como haces con tu televisor.
Imagina uno de esos niños que llora como los dibujos animados japoneses. Con la boca muy abierta, y los puños cerrados. Ver como le tiembla el labio. Y no oír nada. Ver sus asquerosos chorros de lágrimas horizontales. Y disfrutar del silencio.
Piensa en todos esos niños que se arrastran por el suelo de los aviones. Que berrean en restaurantes. Esos espermatozoides con mucha movilidad venidos a más. Esos monstruos tamaño souvenir con sus babas, sus mocos, y sus varicelas.
Esos niños que corren los cien metros pasillo sobre el techo de tu casa. Subidos a un pequeño camión de bomberos con cinco tipos diferentes de sirena. Los días impares son bomberos. Los pares policías. Y el fin de semana tarzán de la jungla.
Esos piojos hiperactivos que hunden la mano en la salsa de tomate y se acercan a ti con los brazos extendidos. Piensa en el olor de esas toallitas húmedas tratando de tapar el hedor de sus culos. En sus berridos cuando viajan en tren. En tus ganas de acariciarlos y lanzarlos a la vía. Piensa en la taxidermia y en la cabeza de todos esos pequeños animales colgando de tu salón.

enfant terrible *

7 de Enero 2006

Helado de fresa

Convierte las fresas en puré. Añade nata y leche condensada. Bate la crema hasta que forme grumos. Agrega azúcar. Incorpora lentamente la mezcla de fresas y la crema. Refrigera hasta que endurezca.
Imagina una bola de helado. Redonda y perfecta.
Con un poco de escarcha por encima.
Cuando veo a Laura. En un rectángulo de cristal. Abotargada y muerta. Pienso en helado de fresa.
Laura veintiséis años tumor cerebral. Velatorio numero trece, puedes dejar aquí tus mensajes de condolencia para Laura Cerebro de Fresa.
Pienso en helado de fresa cuando suena el Perfect Day de Lou Reed.
Y la madre llora.
Cuando una mujer carraspea una salve gitana.
Y el hermano se tapa la cara con las manos.
Cuando acaba el réquiem.
Y trescientas personas tienen la piel de gallina.
Pienso en la cara del neurocirujano diciendo. El tumor es una pequeña pelotita.
Lo extraeremos como si fuese una bola de helado. De fresa.
Imagina una bola de cáncer.
Redonda y letal.
Refrigera hasta que endurezca y sirve bolas en una copa de helado.
Imagina una cubeta de helado derritiéndose en Agosto. Resbalando por los bordes. Cayendo al suelo. Filtrándose entre las baldosas. Escurriéndose entre los pliegues del cerebro. Cáncer avanzando denso y pesado. Haciendo ruido. Aniquilando. Cubriéndolo todo. Regenerándose lentamente.
La misma impotencia que tienes cuando no puedes cerrar un grifo.
Y sigue goteando.
Cáncer de fresa.

enfant terrible *

5 de Enero 2006

Tres estrellas en el antebrazo izquierdo

Tengo tres estrellas en el antebrazo izquierdo. La polla en forma de gancho. No tengo amigos, sólo conocidos.
No hay nada que me haga especialmente feliz. No decoro mis habitaciones. No me gusta encariñarme de las cosas. Me fuerzo a estar siempre de paso.
No me gusta mi pinta. Me cambio de acera cuando me veo llegar.
Soy tan malo como parece. A veces, incluso cruzo en rojo.
Tengo los ojos pequeños. La nariz pequeña. Las ideas pequeñas. No me fío ni de mi sombra. Una noche, mientras dormía, la vi robándome algo que brillaba. Quizás fuese mi sonrisa de niño.
Soy tartamudo. Por eso tantos puntos, tanta frase corta. En el colegio lo pasaba mal con las frases largas. Yo me atascaba y los niños se reían de mí. Después de eso, estuve trece años sin hablar.
No pongas esa cara. Seguramente tú también tengas tus mi. Mi. Mi. Miedos.

enfant terrible *

2 de Noviembre 2005

Flota

Flota.
Desnuda y morena.
Seguramente más flaca que la última vez que la vi. Lánguida y elegante. Gira sobre si misma. Acariciando la pintura azul. Tranquila, sin sobresaltos. Mientras dos gotas de agua resbalan sobre ella.
Flota, y la huelo, la beso, la acaricio.
Y me araño el dedo con lo que seguramente sea la punta de una almendra mal digerida. Y distingo sobre ella la piel de un tomate y manchas de sangre. Y recuerdo una voz dándome hora para una sigmoidoscopia.
Flota.
Desnuda y morena.

enfant terrible *

25 de Septiembre 2005

Anfibios azules

La noche que se apagaron todas las luces de la ciudad había anfibios azules en la espalda de Susana Nuez Moscada.
Su encendió la linterna y vimos un mono chupando monedas doradas. Un mono que se presentó a si mismo diciendo hola, soy John Arcadas.
Con el culo en el borde de la ventana, John decía que la oscuridad es una lengua negra que nos lame a todos la cabeza. Decía eso mientras se pintaba las uñas de los pies de color cereza.
Su le tiró la linterna a la cabeza y el mono se tragó una de sus monedas. Le quitó el esmalte de color cereza y le escribió algo sobre las cejas.
Cómprate un zeppelín y desaparece es lo que puede leerse sobre los ojos de ese mequetrefe.
El mono empieza a llorar, se convierte en plátano, se come a si mismo, y desaparece.
Después de eso, vemos la calle iluminada, y los anfibios azules siguen tatuados en la espalda de Nuez Moscada.

enfant terrible *

10 de Agosto 2005

Escarcha

La luz de la nevera en mi cara. Tres huevos en un envase de seis. Tomate en una botella alargada. Bicarbonato en el fondo de un vaso.
Escarcha en el primer nivel.
Papel de aluminio sobre una taza blanca. Tres asteriscos de congelación. Una hélice junto a un diodo verde encendido. Zanahoria rallada envuelta en papel transparente.
Escarcha en el segundo nivel.
Una pegatina con las especificaciones del refrigerante. Un paquete de queso rallado cerrado con una pinza. Tres variedades de queso. Gouda, cheddar, y maasdam. Una lata de cerveza cogida de seis arandelas de plástico.
Escarcha sobre la cabeza del que era mi mejor amigo.
El mismo que decía que la venganza es un plato que se sirve congelado.
Tenía razón.

enfant terrible *

5 de Agosto 2005

Agua sucia

Piensa en toda la gente que te apetece matar.
Cinco.
Diez.
Cien personas.
Al resto del mundo.
Piensa en el asco. En las nauseas. En toda esa gente que no te da las gracias. Que no te mira a los ojos. Que te escupe al hablar. Que habla demasiado alto. Que leen libros de autoayuda. En los franceses que te pisan y dicen. Pardon. En las luces del coche de atrás. En el aliento del hombre que en el metro le dice a tu nuca. Bajas?. Piensa en la prepotencia. En la gente que se santigua. La gente que sorbe la sopa. Que hace ruido al tragar. En los concursantes del cielo. Del infierno. Del limbo. En Paulo Coehlo. En Zoé Valdés. En la gente que pregunta qué te llevarías a una isla desierta. En los presidentes. En los franceses que te pisan y no dicen. Pardon. En las negligencias médicas. En cualquiera que desprecie a una mujer. En los hombres que hunden su polla en niños. En toda esa gente que te produce el mismo asco que el sabor del agua sucia. Entre metálico y salado.

enfant terrible *

20 de Julio 2005

Cleptómana

Hoy, si me miras, verás una bicicleta, o un abuelo, o media farola. Verás un perro, una verja, una pared. Quizás el cartel de una actuación.
Las manos de un frutero bajando la persiana, o una barandilla oxidada. La marca de mis dientes en un pedazo de pan, o mi sangre en un espejo. Pero no verás la boca. Ni los nudillos sangrando.
Hoy, la báscula no me detecta al pisarla, y eso, salvo para una anoréxica, no son buenas noticias. Me acerco a las bombillas, y no aparece mi sombra en la pared. Miro los surcos que dejan mis pasos en la arena y un perro ladra asustado porque no encuentra mis pies.
Hoy, no soy el hombre invisible.
Soy alguien vacío. Saqueado. Por dentro. Y no queda nada.

enfant terrible *

11 de Julio 2005

36

A veces, el olor de tu coño a las tres de la mañana. Y después de eso, la nada.
Quizá tus venas mordiéndote las muñecas. Nueva Zelanda y la Virgen. Dos manchas de vino sobre la sábana. Tomad y bebed todos de él.
El ruido, la pausa, y el silencio mientras la aguja araña el vinilo avanzando hacia el siguiente anillo de música.
Y un hilo de Jacques Brel, suave y perfecto como un culo de mármol, posa el tren de aterrizaje sobre tus ingles. Gracias por volar con nosotros. La temperatura exterior es de treinta y seis grados.

enfant terrible *

6 de Julio 2005

Aspas

Dos niños andan persiguiéndonos por las calles de Tijuana. Nos lanzan bolas de billar a la cabeza con la estupenda puntería que sólo pueden tener dos críos con churretes en las orejas.
Una mujer de cien años, lista y bonita como un siglo mejicano me advierte que el amor asusta. Dice. Esta mujer por la que ahora matarías, algún día te dará asco.
Los niños siguen lanzando bolas, pero seguramente estemos demasiado lejos o los frijoles no den toda la fuerza que las madres prometen.
Ella me pregunta desde cuando hay toboganes en Tijuana que desembocan en Ciudad del Cabo mientras yo pago dos monedas por dos viajes. Deslizamos el culo por el plástico azul, sin demasiado miedo pero sin demasiada euforia. Supongo que esa es la mejor forma de hacer las cosas un miércoles nublado.
En diez minutos cambiamos de continente y desayunamos cerveza preguntándonos porqué quedará gente empeñada en inventar el teletransporte si existen estos estupendos toboganes azules.
Algunos toboganes tienen agujeros es lo que dice el camarero. Lo cierto es que no prestamos demasiada atención, seguramente porque no parece un tipo en quien confiar demasiado, o porque sólo un tonto anda preocupándose por las malas noticias en un sitio tan bonito como este.
Eruptamos hasta vaciar la jarra. Primero ella. Después yo. Ella siempre gana. Parece imposible que un ruido así salga de algo tan bonito.
Una bola de billar cae sobre la jarra, y un niño nos saluda divertido desde el otro lado del tobogán. Ella dice que existen pocas cosas tan elegantes como la bola negra. Y se la come. Salud.
La luz se cuela entre los barrotes de la barandilla y la persiana. Ella se levanta sudada y pone el ventilador en el número tres. Murmura tres. Murmura calor. Y nos volvemos a quedar dormidos con el suave traqueteo de las aspas.

enfant terrible *

2 de Junio 2005

Ella

La chica de los pezones rajados sonríe bajo tres bombillas blancas.
Es verano ahí fuera, y otoño aquí dentro.
El maldito frío de sus ojos lo hiela todo.
Arranco un pedazo de hielo de la mesa y me lo como.
Busco entre sus piernas el principio de todas las cosas.
Y bueno, encuentro el final de algunas.
Ella sonríe mientras muerdo sus pezones y dice.
Con cuidado. Hace demasiado que no los muerdes.
Sonrío mientras pasa el otoño.
Y el verano de fuera es, de pronto, noche.
Y me corro.
Seguramente demasiado pronto.
(como siempre)
Y sin poder mirarla.
digo.
lo siento, mamá.

enfant terrible *

23 de Mayo 2005

butterflies

Chupo un muro de hormigón. Con las mismas ganas que una novia lame a su soldado la noche antes de la guerra. La noche antes del fin del mundo. O al menos de su mundo. Así que sigo lamiendo la pared, hasta que poco a poco se vuelve traslúcida. Como un papel con demasiada grasa. Como un cucurucho de churros una mañana de Domingo.
Después de quedarme con la nariz blanca y la lengua demasiado rasposa, empiezo a ver a través del muro. Y bueno, lo primero que veo es un tipo con la piel pintada de negro. Es negro acrílico, lo que supongo que son buenas noticias para su dermatólogo y seguramente malas para él.
Los pezones, los sobacos y los labios se los ha pintado de rojo. No sé si acrílico o no, esta vez soy incapaz de identificarlo, pero lo cierto es que el tipo se mueve con la misma gracia que un bailarín. Da saltos. Sube los brazos. Los baja. Se tapa los ojos. Da vueltas sobre si mismo. Aletea. Como una mariposa negra y roja. De casi dos metros.
Se acerca hacia mí. Estamos a dos palmos de distancia separados por un muro de hormigón traslúcido. Es, sin duda, una tarde curiosa, pero no creo que sea el momento de andar poniendo cara de sorpresa. El tipo echa el aliento sobre la pared, y aprovecha el vaho para escribir algo. etsixe on dadicilef al. Lo que leído desde el otro lado, viene a ser algo así como. la felicidad no existe. Después de eso, empieza a llorar. No como una niña o la madre de una niña violada. Llora hasta desteñir la pintura. Y el color de su piel. Y el de sus vísceras. Llora hasta desaparecer. Hasta dejar un enorme charco de pena en el suelo.
Me desplomo. Me desmayo. Y seguramente pasan dos horas. Dos días. Dos meses. Seguramente pasa demasiado tiempo hasta que me despierto y escucho. Yo cortaría por aquí. Y veo a un cirujano. Y veo a un bombero. A dos tipos discutiendo cuantos centímetros de lengua necesitan cortar para conseguir despegarme del muro. Así que cierro los ojos. Y después de un ruido muy parecido al de un cuchillo entrando en una mandarina. Después del dolor. Después de ver la mitad de mi lengua pegada en un muro blanco. Noto la primera arcada. Noto la segunda. Y después de la tercera, lo que veo es cómo un millón de pequeñas mariposas negras y rojas, salen volando de entre mis dientes.

enfant terrible *

5 de Abril 2005

Estocolmo

Me falta el meñique izquierdo. Por las mañanas hace calor y por las noches frío. La bombilla lleva un mes fundida. Hay cercos de humedad sobre el colchón. Alguien ha metido mi meñique en un sobre. El primer día que se fundió la bombilla hice una marca en la pared. El colchón ahora es gris. Antes era verde. Antes azul. Ahora hay treinta marcas arañadas en la pared. Cada siete días alguien se fotografía junto a mi. Recorro dos kilómetros cada mañana. La distancia entre paredes es de dos metros y medio. Repito ese recorrido ochocientas veces al día. En mi fotografía semanal alguien me obliga a posar sosteniendo un periódico. He perdido doce kilos. El periódico está en francés. Imagino a mi madre llorando al ver mi meñique en un sobre. Mi foto en un telediario. No llores mamá, no era mi dedo preferido. Es una foto realmente buena, no recuerdo quien la hizo. Seguramente tú.
No soy un secuestrado. Sólo soy alguien que se había enamorado. Alguien que arrastra un terrible síndrome de Estocolmo.

enfant terrible *

21 de Marzo 2005

Salud

Es una mujer alta, de unos quince o veinte metros. Se acerca con los hombros lánguidos, con un flequillo desigual, con una maravillosa voz ronca. Me coge por la cabeza con la curiosidad que un niño coge por primera vez una lagartija del rabo.
Vistas sus pestañas de cerca, uno empieza a entender porqué los huracanes siempre tienen nombre de mujer. Sonrío mientras imagino a un millón de niños rezando para que ella no parpadee.
Le pregunto la edad, y bueno, sonríe, me sopla, y noto su aliento en la cara, en las piernas, en los huevos, y por fín dice. Unos meses.
Después de eso dice. Escúpeme. Mójame. Vuelve a encogerme. Soy tu capacidad para amar. Déjame como antes. Como siempre. Enana.
Así que saco un pequeño vaso de tequila del bolsillo, que sólo Dios sabe porque esa estúpida manía de andar con vasos en los bolsillos, me acerco a la orilla y poco a poco. Vasito a vasito. Con ternura, con una terrible tristeza. La mojo, la encojo, y la cojo. Con dos dedos. La dejo caer en el fondo del vaso. Sirvo un tequila. Y me la bebo. Salud.

enfant terrible *

5 de Marzo 2005

Cáncer

Somos dos suicidas llorando por la vida de alguien. Dos cuerpos rotos sentados en un muelle. Dos alcohólicos con olor a salitre. Nos sangra el hígado. El miedo. Lloramos sin mirarnos, sin hablarnos. Como dos madres compartiendo una misma desgracia. Mientras Dios nos deja un mensaje en el buzón de voz, y parece preocupado porque dos de sus ángeles se desangran en una cuneta sobre sus plumas azules. Mientras el Papa escribe hijoputa sobre un mantel cuando alguien le sirve un plato de espaguetis la noche de su traqueotomía. Mientras se hace el vacío entre las piernas de una monja y una botella de cocacola. Mientras los supuestos escritores de milagros parecen demasiado ocupados. Mientras busco las palabras, los gestos, los ojos para decirte que el cáncer no va a extenderse dentro del cuerpo de tu hermano. Empieza a llover. Y nos deshacemos. De pena.

enfant terrible *

4 de Febrero 2005

Vuelve

El chico del tabique partido me mira y dice. No te asusta el amor, te asustan las dependencias. El chico de los brazos como tenazas dice. Necesitas volver a disfrutar del sexo. El chico de la polla flácida dice. Estoy dejando de confiar en ti. Estás haciendo cosas demasiado extrañas. El chico despeinado dice. Escápate. Lo único que necesitas es estar solo. El chico de la botella me coge del brazo y dice. Espera a los treinta para ahorcarte. Prometiste no hacerlo antes. El chico del cuerpo afilado dice. Es una mujer maravillosa. No dejes que se vaya.
El chico del tabique partido, el de los brazos como tenazas, el de la polla flácida, el despeinado, el alcohólico, el afilado, me miran desde el espejo y dicen. No te estás volviendo loco. Sólo eres alguien que lleva demasiado sin dormir.

enfant terrible *

6 de Enero 2005

Lunática

Tú, que te miras en el espejo con la misma tristeza con la que un gemelo ve morir a su hermano. Con la pena en las pupilas de quien, en el fondo, está presenciando su propia muerte.
He visto la sangre de tus encías en esos pinceles. He visto tus lágrimas resbalando sobre un lienzo. He visto a una mujer desnuda temblando en un rincón. Te he visto a ti, con las piernas muy abiertas, desangrándote. Pariendo. Un cuadro.
Ven, déjame esas tijeras. Tengo yeso bajo las uñas. He pasado la noche arañando la pared. Dibujando tu maravillosa arquitectura vaginal. Gótica, elegante. Como una gárgola bulímica. Con las pestañas muy negras y los ojos azules.
Esquivo tu frente sudada. Tu barbilla salada. Tu precioso nombre de mujer suicidada. Tus adicciones. Tus miedos. Tan injustos como una niña de cinco años violada. Tú, en todos los frentes y siempre desarmada.

enfant terrible *

8 de Diciembre 2004

Veinte

Podría decirte que huele a sardinas. Podría decirte eso y también que me acarician unos fabulosos guantes de piel de murciélago. Podría darte un millón de detalles sobre esos guantes, pero por un momento pierdo de vista esos inquietantes diez dedos de cuero y me fijo en algunas cabezas de pescado que reposan boquiabiertas sobre bloques de hielo. Y la verdad es que hay pocas cosas más estéticas que la sangre sobre el hielo, pero de eso, ya hablaremos luego. Me topo con una mujer de unos cien kilos y un enorme cuchillo en cada mano. Me sonríe, y bueno, me cuesta reaccionar. No suelo sonreír a nadie que vaya armado.
Después de eso, no hay mucho más que contar. Supongo que lo siento por ti, y especialmente por mí, porque la historia se vuelve un tanto aburrida durante un par de horas. Una sensación muy parecida a estar dentro de un ataúd con los ojos abiertos esperando a que algo pase. El silencio es capaz de volverte loco, aunque imagino que dos horas no son suficientes. La gorda de los cuchillos deja de sonreírme y Ana se interpone entre nosotros. Cosa que agradezco, porque esta preciosa rubia es un millón de veces mejor que cualquier pescadera de cien kilos. La chica es joven y bonita como sólo puede serlo alguien con unas pupilas tan frías como los cojones de un esquimal. Pero no protesto, porque sin ningún tipo de duda el cambio ha sido bueno. Esta vez paso apenas media hora a oscuras. El silencio es más llevadero y apenas consigo contar hasta dos mil. Después de eso, polvo blanco para Ana, y unos restos para mí. Supongo que es un reparto justo, porque nadie anda hoy en día compartiendo cocaína con un desconocido. Así que me doy por contento. Por cierto, la sangre cuando gotea de la nariz de una mujer es jodidamente más elegante que sobre el hielo. Ana echa la cabeza hacia atrás, mira hacia el techo y después de eso, hunde la boca en la ridícula polla de un indio. Es un indio ciertamente guapo, pero créeme, no es una gran polla. El tipo parece educado, y le da las gracias, y le acaricia el pelo, y sí, es guapo, aunque le pesen tanto los párpados como saber que no tiene nada que enamore bajo los pantalones. Salimos los dos de la habitación de Ana, y en cierto modo me fastidia haber dejado a esa preciosa rubia sobre la cama, pero este tipo parece que también necesita compañía. Paseamos un par de horas por las calles de Oporto, que es una de las ciudades más feas por las que uno pueda pasear, aunque tal y como están las cosas dudo que alguien se decida a llevarme a Londres. Así que dejamos el puerto y dos calles más allá este indio amigo mío abre una puerta y le escucho decir algo así como. Cariño ya estoy en casa. Te dejo el cambio en la mesita.
Abre la cartera, y noto como la luz llega primero a mi parte blanca y luego a mi parte azul. Te aseguro que no es fácil ser un billete de veinte euros. Y menos aún, dormir arrugado junto a estos guantes de piel de murciélago. Es una pena que esta pobre chica pase la noche friendo sardinas para un indio que no la quiere.

enfant terrible *

2 de Diciembre 2004

Again

Vacío un bote. Doscientos siete cacahuetes. Te he dibujado. La sonrisa no es perfecta, y bueno, las orejas son un tanto absurdas, pero créeme, no es fácil hacer un retrato con cacahuetes.
Fritos con miel y ligeramente salados es lo que puede leerse en el envase. Son unos cacahuetes deliciosos, así que me como tus orejas y parte de tu pelo. Estás horrible, triste como un judío dentro de uno de esos campos. Ya no eres tú.
He visto pasar una noche y dos días a través de la ventana. La gente sube y baja las persianas con una puntualidad inquietante. Supongo que en el fondo es cierto eso de que somos animales. De costumbres.
Barba de tres días. Bebo vino y no como. Estoy perdiendo peso. Dejo caer algunos cacahuetes dentro del vaso. Flotan con la misma melancolía que los marineros del Kursk. Pobres chicos, pobres madres. Que imagen tan triste la de una mujer abrazada a un portarretratos en un telediario.
Cuarenta cacahuetes. Dos filas de seis para las paredes. Doce para el tejado. El resto da para una ventana y una puerta. Odio esa frase que desaconseja empezar la casa por el tejado, así que los últimos cacahuetes que coloco son los que forman la base. A la mierda los cimientos.
Sexto día. La barba empieza a llegar a las mejillas. Sigo sentado a la mesa. No me estoy volviendo loco. Sólo estoy haciendo tiempo. Acaricio una flecha de mocos pegados sobre el mantel. La punta es más oscura que el otro extremo. No ha sido fácil conseguir un buen gradiente. Alguien por la radio asegura que los jóvenes se drogan cada vez más. No he sacado ningún moco con restos blanquecinos, esta vez no. Lo cierto es que la flecha apunta a un bote de Eagle Peanuts. Llevo mirándolo una semana. He envasado dentro toda tu tristeza al vacío. Sólo estoy esperando ver como caduca. Y vuelves a sonreír. De nuevo.

enfant terrible *

29 de Noviembre 2004

Payaso

Felicidades terrible. Antes sólo acumulabas odio bajo las uñas. Un año después te has convertido en un ser despreciable. Empezar a escribir no ha servido para mucho más. Espero que no estés orgulloso de este circo. Eres ficción. Un tipo pretencioso escupiendo sobre la sintaxis. No te tomes demasiado en serio.
Supongo que si no te costó demasiado fingir una muerte, simular una diabetes será puro trámite. Así que cuando se acerque esa preciosa rubia con una tarta, niégate con educación. No puedo tomar azúcar, muchas gracias señorita. Tan sencillo como eso, sonríe, que no se te note. Y sí, que se coma ella la vela. Con lascivia, si quiere. Así será todo mucho más divertido.

enfant terrible *

21 de Noviembre 2004

Absurdo

Como esperar que una puta te abrace y te diga que ha sido el polvo de su vida. Como si alguien fuese a hablar de ti una vez muerto. Como darle importancia a cualquier cosa heredada. Como si todos los kilómetros de polla que has desayunado te hiciesen más bonita. Como creer que con lágrimas vas a conseguir que el cura se calle y el féretro se abra. Como asegurar que el suicidio es algo cobarde. Como tratar de envejecer con dignidad. Como creer en el amor. Como si algo realmente importase.

enfant terrible *

13 de Noviembre 2004

Ellos

A Nabokov se le ha subido un gemelo así que Cravan me pide que salga a calentar. Miro a Vladimir desde la banda, y bueno, no se queja demasiado. Supongo que no hay nada como llevar treinta años muerto para que las lesiones musculares no afecten demasiado.
Alguien me tiende un peto rojo y Mishima me recuerda que en un partido de degolla al otro se sale a morir. Después de eso, me da una palmada en el culo y se aleja corriendo. Por lo general, los samuráis resultan jodidamente previsibles.
Miller lleva también un peto rojo, y por lo que parece es el capitán del equipo. Él solito se ha hecho con cuatro cabezas. Pérez Reverte, Dan Brown, Lucía Etxebarría y Paulo Coelho. Un botín maravilloso, sin duda. Loriga propone una cena con los cien millones de Lucía, y la idea, evidentemente, tiene gran aceptación.
Rimbaud discute con Burroughs la elección del restaurante, y el maldito Gala aprovecha el despiste para cortarle el cuello al francés. Una baja importante. Chéjov se acerca a Rimbaud y llora sobre él. Carver grita algo así como ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?
El partido acaba, y Palahniuk, que ante todo es un cachondo, continúa chutando algunas de las cabezas que quedan sobre el césped.
Una vez en el restaurante alguien pregunta si cien millones no son muchos millones para una sola cena. Lucía se apresura a decir que la mitad son impuestos. Y alguien le recuerda que las cabezas de las malas escritoras degolladas no hablan. Conseguimos que se calle, pero no conseguimos entender por qué Henry se ha traído sus cuatro cabezas a la cena. Boris Vian aparece con un surtidor de Guinness y llena las cuatro bocas muertas de cerveza. Dice que la cerveza, mejor con poca espuma, que suficiente tienen ya los días. No es un gran chiste, pero a Boris, por respeto, hay que reírle las gracias.
Bebo de los labios morados de Pérez Reverte mientras Burgess arranca las pestañas de Coelho y las coloca junto a media naranja que reposa sobre el mantel. Brindamos, y el postre, y la cuenta, y sí, cuarenta millones de propina, no se preocupe señorita, ha sido un placer, muy buenas.

enfant terrible *

23 de Octubre 2004

!

El pecho y las piernas. El pecho y las piernas. Mis ojos están dentro de una lavadora. Centrifugan. Me veo el pecho y luego las piernas. Paro el tambor con una mano. Con la otra cojo los ojos. Me los pongo de forma que los capilares quedan hacia afuera y las pupilas hacia adentro. Bebo sosa cáustica y bailo. Perforación del esófago es mi nueva forma de ver el mundo exterior. La sosa hace que la faringe brille. La luz rebota en las paredes del tubo, atraviesa el esófago, y llega a mis pupilas. Tengo la visión de un tipo de metro sesenta. Un enano en el cuerpo de un cabezudo. Un periscopio en mitad del cuello.
Mamá acerca la cabeza al ventilador y las aspas cortan su oreja izquierda. Mamá grita: soy Van Gogh. Mamá es joven, bonita, y pinta girasoles de sangre en la pared.

enfant terrible *

22 de Octubre 2004

muse

Pelotas naranjas de ping-pong. Un tipo con sombrero sentado a una barra esperando como sólo sabe esperar alguien con un sombrero de piel de serpiente. Dice que las buenas preguntas nunca tienen buenas respuestas, y aunque estoy totalmente de acuerdo con él no se lo hago saber, así que seguimos bebiendo en silencio.
Una maravillosa chica baila descalza sobre el capó mojado de un coche. Grita time is running out y araña su muslo en el lugar en el que imagina las cuatro cuerdas de un bajo. Resbala y veo a una morena de metro ochenta y uno sobre el asfalto. Llora y no canta. La acompaño al hospital porque según dicen es mi amiga y allí escucho a una chica vestida de blanco decir que es una fractura. No me parece mal que le acaricie la pierna a mi amiga porque tampoco tengo muy claro que sea mi amiga y porque bueno, sólo es una radiografía. Escuchamos el diagnóstico con la indiferencia de quien ve las desgracias ajenas en un telediario y salimos de allí cantando algo que trata de ser sing for absolution. Ella cojea y yo la beso, lo que enseguida me parece un buen trato.
Alguien me pide dinero y alguien dice que se alegra de verme. Supongo que no en este orden. Sonrío y enseño una cartera vacía. Salgo de un baño y una portuguesa con los ojos tan tristes como el entierro de tu mejor amigo me pregunta por qué no la beso. Las buenas preguntas no suelen tener buenas respuestas. Encojo los hombros y no la beso. Una chica sonríe a una cámara y su novio mea tras ella. No es una gran foto pero sin duda parece una gran pareja.
Y eso es todo lo que recuerdo. El resto son dos chinos apretando los dientes como carniceros cabrerados. Dos chinos diminutos con palas diminutas golpeando enormes pelotas naranjas de ping-pong dentro de mi cabeza. Resaca.

enfant terrible *

Inmoral

En una descripción bien hecha, aunque sea obscena, hay algo moral: la voluntad de decir la verdad. Cuando se usa el lenguaje para simplemente obtener un efecto, para no ir más allá de lo que nos está permitido, se incurre paradójicamente en un acto inmoral.

(Enrique Vila-Matas, Bartleby y compañía)

enfant terrible *

12 de Octubre 2004

Retina

He visto como te acercas a un armario y estudias las vetas de la madera. Dices que la veta estrecha es un torero muerto mientras acaricias al gondolero que lo tiene en sus brazos.
No ha sido fácil verte llorar con el suicidio de tu padre. De todas formas, hay que reconocer que tu padre es un tipo imaginativo. Nunca se me hubiera ocurrido hacer eso con un abrelatas.
Tú no lo sabes, pero la noche que bailaste desnuda en una iglesia también lo vi. No estuvo mal lo que hiciste, pero deberías saber que la gente suele meter la mano ahí dentro.
Te he visto arrancarte un ojo y metérmelo en un bolsillo. Dijiste que querías que tuviese algo tuyo. No te preocupes, lo guardo dentro de una caja.
Te he escuchado rezarle al futuro, y créeme, fue precioso lo que escuché. Lástima que el futuro no parezca un dios de fiar.
Sí, también vi el polvo que echaste con mi hermano. No os guardo rencor, sois las dos únicas personas a las que quiero. Quizás la próxima vez podamos disfrutar los tres. Deberíais avisarme.
Supongo que no es justo, pero llevo mucho tiempo viendo lo que sueñas.

enfant terrible *

9 de Octubre 2004

RF

Cartílagos en pequeños sacos de plástico. Bolsitas numeradas en neveras de hospitales. Cámaras frigoríficas con orejas a cuarenta grados bajo cero.
Adiós análisis chartristas. Brokers con las venas rajadas. Adiós fondos de pensiones. Cuerpos sin vida en bañeras vacías. Adiós inversiones. Suicidios. La bolsa hundida. Hombres saltando desde cincuenta metros. Gente arruinada.
Nada que ver con la viruela. La sífilis. El sida. El cáncer. No es fácil contar diez pasos sin contar tres muertos. Cuerpos duros con el codo en alto.
Algunos siguen vivos. Talan antenas blancas y rojas. Tienen sierras eléctricas. Quemaduras en las ingles. Orejas amputadas.
Auriculares manchados de sangre. Estudios epidemiológicos falseados. Radio Frecuencia penetrando en los tejidos hasta un centímetro. Cáncer cerebral. Esperma sin flagelo. Orejas mutiladas. Leucemia. Un muerto cada dos segundos. Los teléfonos móviles funcionan por Radio Frecuencia. RF.
Salas de parto vacías. Recién nacidos con cianosis. Falta de oxígeno en la sangre.
Adiós primer mundo. El ochenta por ciento de la población tiene un teléfono móvil. Mil millones de muertos. Esperanza media de vida para dos mil millones de personas: seis años. Hola al resto.
Una preciosa niña de Madagascar se acerca a mí y dice: estáis todos muertos. Sonríe y da vueltas sobre sí misma. Lleva un abrigo beige. Me desangro pero sonrío. Trato de acariciarla y no llego a su mejilla. Paso la mano sobre su abrigo y veo algunas pecas. Montones de lóbulos. Pabellones auditivos. Algún pendiente. Miles de orejas humanas cosidas. Es una piel maravillosa.

enfant terrible *

25 de Septiembre 2004

Meñique

Leonor Watling tiene unas alas preciosas. Dios le arranca algunas plumas y las deja caer al suelo. Es un tipo histriónico. Como Jack Nicholson enfundado en una bata rosa.
Ray Charles se niega a comer entrecot. Dice ser incapaz de ver como sangra una vaca y engullirla. Kasparov aparece con treinta y dos piezas y las deja sobre el mantel. Dieciséis bemoles negros y dieciséis teclas blancas. Leonor llora mientras mira su piano mellado. Kasparov organiza las piezas por colores sobre el mantel. Ray pide más canónigo para su ensalada mientras Dios se pinta las uñas de los pies con esmalte negro.
Txh2. Cd4 Txh1. Jake a Dios. Kasparov sonríe y Dios da un puñetazo sobre la mesa. Dios se levanta y dice Mate. Le dispara. Tenemos un ruso muriéndose sobre una lasaña. Ray se cabrea y repite que no soporta ver la sangre. Leonor sonríe y recompone su piano. Dios pide el postre y aparece Audrey Hepburn empujando el carrito de la tarta. Leonor apura su plato. Hunde un pinchito en un caracol. Se le resbala. Sale volando. Y grita mecagüendios. Ray se calla. Audrey se calla. Kasparov lleva, por supuesto, cinco minutos callado. Los trozos de Hitler, en tres platitos de postre se callan. Y Dios la mira y dice: Ray, ya que eres un jodido ciego mentiroso. Un vegetariano sugestivo que no ve la sangre de la carne. Cómete los meñiques de Leonor.

enfant terrible *

11 de Septiembre 2004

Tímido

Ella se tumba sobre la cama y dice que no hay nada como correrse a las seis de la mañana. Él, a tres metros de ella, apoyado en la pared. Ella hunde su mano derecha en su entrepierna, flexiona su pierna izquierda, se masturba. Él ve una flaca de pelo negro sobre una cama. Ella arquea la espalda, marca los huesos de la pelvis. Él ve un ombligo, una mano, dos párpados. Ella jadea. Él no se mueve. Ella le llama. Él no se acerca. Ella se corre. Él ve un cerco en las sábanas, junto a sus piernas. Ella dice que no hay nada como correrse a las seis y cuarto de la mañana. Él no sonríe. Ella le insulta. Él, hierático, inmóvil. Ella dice: no se por qué te robé. Él de bronce. Desaparecido del Louvre en el 84. Apolo del Piombino, 520 aC. Tímido.

enfant terrible *

31 de Agosto 2004

3,7

Cubertería de 240 piezas FÖRNUFTT. Acero inoxidable 17-0. Apto para lavavajillas. En el hinduismo, la vida es una cadena de continuas reencarnaciones.
Una trapecista bielorrusa. Graciosa y pequeña. Ojos azules. Función dos veces por semana. Según el folclore británico los espíritus de los marineros muertos habitan en los cuerpos de las gaviotas blancas.
Larva Coco. Repugnante gusano escurridizo. Cebo de pesca ideal para ríos con abundante caudal. Las antiguas baladas inglesas y escocesas cuentan como las almas de los hombres y mujeres pasan a los animales, aves o plantas.
En un comedor escolar de Oslo substituyeron la cubertería FÖRNUFFT por cubiertos de plástico. Dos niños se amputaron siete dedos en una disputa por un cordon bleu. Acabé en una fundición de metales. Me reencarné. Caí desde quince metros en un circo de Minsk. Doble salto mortal planchado. En Europa del Este no hay presupuesto para redes de seguridad. Aparecí en una caja de cartón, húmeda y escurridiza, junto con otras cuarenta y nueve larvas. La vida de un cebo de pesca es efímera.
Pasé del interior de una trucha fría a llamarme Raúl. Trabajé veinte años como taxista en Marsella. El 13 de Agosto de 1980 fallecí en un accidente de tráfico. Lo peor de Marsella es la niebla. Lo peor de los ochenta, que no existía el airbag. Mi hermana Helena publicó una nota sobre mi muerte. Poco después se suicidó. Las ciudades con mal clima tienen mayor índice de suicidios. Mi hermana no superó que el gremio de taxistas no enviase flores a mi entierro.
Los betsileo de Madagascar sostienen que los nobles renacen en forma de boas constrictores, los plebeyos de buena posición como cocodrilos, y los miembros inferiores de la tribu como anguilas.
19 de Mayo de 1981. Tengo la frente ensangrentada. El líquido amniótico sabe a endivias podridas. Aprieto los puños de forma que los dedos se recogen sobre si mismos y los nudillos aparecen tímidamente. Las articulaciones apenas se distinguen y los brazos no son más que una masa asquerosa de piel morada. Ojos de gallina degollada y párpados abotargados. El cuello es sólo una parte más del pecho. Acerco las rodillas a la boca y atravieso pliegues de sangre y mucosa.
Una Virgen María de piel sonrosada colgada en la pared. Un tipo sujetando mi cabeza con guantes de látex. Una mujer cortando una cuerda que pende de mi ombligo. Latidos que suenan a tambor destensado. El tipo de los guantes de látex es el encargado de pesarme. Tiene unos preciosos ojos verdes iguales que los que tenía mi hermana. Rueda de migraciones es la forma que tienen los chinos de referirse a la reencarnación. El médico, Helena, el tipo de los guantes de látex, la que fuera mi hermana dice: Tres kilos setecientos gramos.

enfant terrible *

23 de Agosto 2004

Raúl

Soy Helena, la hermana de Raúl (enfant terrible). Mi hermano falleció el pasado 13 de Agosto en un accidente de tráfico. Gracias a todos los que visitabais esta página.

enfant terrible *

27 de Julio 2004

Gol

Morfina. Midazolam. Metoclopramida. Haloperidol. Hioscina. Dexametasona. Ketorolaco. Quitarse de en medio es tan fácil como dar con una tabla de incompatibilidades. Elijo un 1+5+6 y entro en la bañera. Arquímedes no mentía. Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del fluido desalojado. Peso setentaycinco kilos y el agua se desborda. Cierro los ojos y espero. Con lo que acabo de tomar, un elefante hiperactivo no tardaría más de veinte minutos en morir y donar sus colmillos a una tienda de souvenirs. Pasan dos horas y el agua se ha enfriado. Me incorporo. Me seco. La imagen de un suicida en albornoz resulta absurda. Tacho de la lista 1+5+6. Quizá sea la dexametasona. Esta combinación tampoco funciona.
Una farola y un toldo consiguen que veinte metros no sean suficientes. Traumatismo craneoencefálico y extirpación del bazo no es nada que no te pueda proporcionar un camión que se salte un stop. Eso supone mi tercer nulo en caída libre en poco más de un año. Mi pie izquierdo ha resbalado con la humedad de la barandilla. No ha sido un salto limpio. Efecto Doppler es la sirena de la ambulancia haciéndose más aguda. Variación de la frecuencia en función de la distancia. Jacklima es el aliento de la camillera mientras acaricia mis pómulos. Cricri es fractura de huesos de la cara. Como pequeñas láminas de chocolate flotando en nata.
Un paso a nivel en un sitio turístico no parece mal sitio. Cincuenta holandeses expectantes. Sandalias y factor de protección solar sesenta. Euromed a cientocincuenta por hora. Freno de emergencia. Copas del vagón restaurante precipitándose al suelo. Espero sentado en el raíl hasta que puedo ver los ojos del tipo de la locomotora. Mirada de perro muerto. Perro frío. Me aparto de los raíles. No sería justo quedarme aquí. Mi cabeza se convertiría en un proyectil de unos diez kilos. Los niños disfrazados con camisetas de portero de fútbol no parecen capaces de parar un tiro así.

enfant terrible *

22 de Julio 2004

h2so4

Sólo personal autorizado resulta, la mayoría de la veces, una frase inofensiva. Empujar la puerta me acaba de convertir en personal autorizado.
Un cuartito blanco. Cloro y humedad. Nada sorprendente teniendo en cuenta que estoy en el almacén de mantenimiento de una piscina. Una garrafa blanca. De unos ocho litros. Un círculo naranja con una cruz negra en la pegatina. Producto irritante. En caso de accidente consultar al Servicio Médico de Información Toxicológica. 915620420.
Si un niño de cuatro años bebe de esta garrafa de cloro, seguramente lo primero que hará será coger su móvil y marcar el noventayunocincoseisdos mientras nota como parte de su esófago implosiona.
Vierto la garrafa. Dejo que el cloro se escape por la cañería del suelo. Relleno de nuevo el recipiente con un embudo. Hachedoseseocuatro. La formulación química resulta jodidamente cacofónica, pero estética. Como un tartamudo en llamas.
Ácido sulfúrico en lugar de cloro. Me tumbo en la toalla. Faltan dos horas para que el conserje compruebe el peache del agua. Leo a Mishima para matar la espera. Aunque supongo que después de lo que acabo de hacer no necesito lecciones de cinismo.
Once trentaysiete. Mono azul. Un tipo de unos cincuenta años se arrodilla ante la piscina. Hunde la mano derecha en el agua. La saca. Mira sus uñas. Resuelve que, efectivamente, la piscina necesita cloro. No parece un método excesivamente serio para la que se supone su labor de mayor responsabilidad. La que le precede es cortar los setos rectos. En quince años, no lo ha conseguido.
Entra en la caseta y sale con la garrafa en los brazos. Vierte el líquido sin estrategia alguna y devuelve la garrafa al almacén. Seca un par de gotas de sudor con un pañuelo y desaparece del recinto. Once cuarentayseis. A dormir. Su jornada laboral ha acabado.
Falta una media hora para que aparezcan. Uno de los ex capos de un importante banco. Una mujer de unos cincuenta que insiste en ofrecer un billete marrón por un polvo. Un tipo cuya conversación se reduce a Susana, su yate. Cincuenta metros de eslora. Si la felicidad son cincuenta metros estoy convencido que no le importará tener un barquito de cuarentaydos. Me apetece meterle parte de Susana en sus ocho metros de intestino. Luego está la rubia de veinticinco. Pasea su título de derecho. Aprobado con las rodillas más raspadas que los codos. Cuarentonas con suficiente colágeno como para convertir el Amazonas en un souvenir plastificado. Una modelo de la talla treintaydos que no acaba de tener muy claro si quien le da sentido a su vida es Dolce. O Gabbana. Una pareja del opus con una inquietante excursión de ocho cesáreas. Ocho irritantes renacuajos modelo Flanders.
No os vendrá mal un chapuzón. Carne a tiras. Como los kebabs que sirven esos paquistaníes que tanto odiáis. Lagrimales desprendidos. Asfixia. Fogonazos en los pulmones. Flotadores humeantes. Liposucción de bajo coste. Adiós a la grasa. Chapotead y sonreíd.

enfant terrible *

11 de Julio 2004

Nana

Los torres de Nueva York se hunden por aluminosis. Los pilotos no suelen ser tan miopes como los de aquel día. Un tipo de Israel construye una gran muro para hacer felices a los chicos de los graffitis. Derecho internacional no es sólo una asignatura de segundo. Cáncer es el nombre de una sopa de sobre. Las mujeres no lloran, las gotas de su cara son siempre de lluvia. Argentina sonríe. Los niños nunca mueren, se reencarnan en pelotas de tenis.
Trata de dormir.

enfant terrible *

6 de Julio 2004

Sean

Número privado. Descuelgo y escucho. A las cinco donde siempre. No entiendo la maldita costumbre que tiene Sean Penn de llamar de forma anónima. Supongo que es el tipo de cosas que hace una estrella de cine. Donde siempre es una taberna irlandesa del centro de Barcelona.
Cuando llego, un tipo con la camiseta de la selección inglesa cree haber reconocido en Sean a su dentista. Trata de abrazarle y yo temo que Sean se meta demasiado en el papel y le salte un par de muelas.
Me acerco a la barra y pido un par de pintas. El camarero, un noruego con los párpados caídos, tiene una conversación tan absurda como un entierro sin muerto, así que desaparezco con una Guinness en cada mano. Sean me sigue y nos sentamos sobre la
mesa de billar. Él habla de del Toro y yo atajo, sin demasiado éxito, hacía Naomi Watts. Cuéntame más cosas de Bukowski, le digo. Niñato, siempre me preguntas lo mismo. No me interesáis demasiado los actores, sois casi tan falsos como los gatos. Esa frase no es tuya. Si lo es, yo la escribí antes que Amenábar la utilizase en esa ingeniosa película. Esa que luego destripó Tom Cruise. Los bajitos, por lo general, resultan estúpidos. Supongo que tienes razón. Joder, todos los dictadores han sido enanos. Maldito Hitler, voy a mear.
Sean se levanta y bueno, tampoco parece demasiado alto. Pasa un cuarto de hora y Sean no ha vuelto. Decido buscar la puerta del baño. La entreabro y veo como Sean saca un bote de enjuague bucal de su americana y se lo tiende al tipo que vomita sobre la taza del váter. Le recomienda que no beba tanto. El alcohol amarillea los dientes. Y cepíllese tres veces al día tratando de no dañar las encías.
Joder. Un maldito ortodoncista de Manchester. Tres años pensando que este tipo era Sean Penn.

enfant terrible *

2 de Julio 2004

Marciana

La endolinfa colándose en el canal vestibular, el conducto coclear, el canal timpánico. Tres pequeños conductos del oído que captan la aceleración angular. El sáculo y el utrículo se ocupan de la aceleración lineal y vertical.
Una vietnamita tragándose una tubería. Un niño de cinco años aplastando un portaviones. Un porsche del sesentaydos ardiendo conmigo dentro.
Antes de recordar la explicación de porqué el sentido del equilibrio está relacionado con el oído. Antes de las alucinaciones. Antes de irme al suelo. Antes del golpe contra la farola. Giro el cuello durante más de diez segundos para ver a una rubia en la otra acera. Preciosa. Descomunal. Marciana.

enfant terrible *

Sol

Chicos en la contraportada de las revistas. En paradas de autobuses. En esas telas de tamaño imposible que cubren algunos edificios en obras.
Codos ingrávidos y costillas de menos. Duda permanente en las pupilas. Como si hubieran desayunado un litro de horchata sin tener muy claro el sabor de la chufa. Pulseritas y tacones. Caras blandas. Ojos mortecinos. Flequillos lánguidos. Tipos que no rellenarían más de dos palabras de un crucigrama. Nota musical, tres letras.

enfant terrible *

30 de Junio 2004

Herencia

Todo lo que se escribió sobre aquello no es del todo cierto. Pero la subjetividad es un espectador con demasiadas dioptrías. Se habló mucho en los colegios, en las calles, en las iglesias. Incluso se le dedicó un capítulo en un best-seller.
Mis padres eran unos hippies y mi hermano un consentido recalcitrante. Imagino que no soportaba su éxito con las mujeres. Sus buenas maneras impostadas. Su sonrisa niño bien. Seguramente no me apetecía matarlo, pero le acabé disparando a quemarropa. No es agradable salpicarte con la sangre de tu hermano. Pero Abel no era un buen tipo. Te lo aseguro.
A nadie le apetece llamarse Caín. A mí menos. Pero en el registro se niegan a cambiarlo. Herencia histórica. Eso dicen.

enfant terrible *

26 de Junio 2004

En off

Cuando muerdo tus pestañas y jadeas a quemarropa. Despresurización en la cabina y espasmos sin espuma por la boca. Cinética en los tendones y clavículas de un sólo filo. Azul cocaína en los ojos de la contorsionista china. Cuando mi boca entre tus piernas y tú me subtitulas, sexo en off.

enfant terrible *

25 de Junio 2004

Seis

No es el trapo negro atado al mástil. Ni los doblones. Ni el olor a tierra mojada de la cubierta. Prometo que tampoco es el ron, el parche del ojo o las argollas.
Lo verdaderamente increíble es el olor a pólvora. El retroceso del cañón. Hundir la daga hasta notar como se desgarra el pulmón. Dejar que la sangre salpique mi barba. Despedazar cuerpos. Dejarlos caer por la borda.
No debería haber abierto el cajón que se quedó con mis seis años. Maldito barco pirata. De playmobil.

enfant terrible *

24 de Junio 2004

Curva

Me siento junto a la taza del váter. Vomito. Hilos de bilis cuelgan de los labios. Trozos de carne resbalando como motoristas en un circuito mojado.
Me mareo. Me tumbo. Tres mensajes nuevos en el móvil. Nicole. Verónica. Álex. Cientosesenta consonantes. Vocales fusiladas. Todos dicen más o menos lo mismo. Me felicitan. Parecen contentos. Apago a Nancy Sinatra de una patada. Hundo la cuchara en el helado. Chocolate y nueces pijas. Antes de eso, fajita de foie y ternera. Trufas. Parmesano. Calamares. Bloody mary.
No debería beber. Estoy embarazada. Y no sé quien es la madre.

enfant terrible *

20 de Junio 2004

Bugs Bunny

Imagino que todos tenemos la misma cara de conejo. Seguramente por eso alguien nos suelta en el mismo laberinto. Ganar es simplemente darse cuenta que vas a perder. La zanahoria siempre está demasiado lejos.
Tienes setenta, ochenta años de coscorrones contra todas las paredes. No importa tu sentido de la orientación. Ni lo dura que tengas la cabeza. Nisiquiera tu dinero. Aquí dentro no hay nadie a quien sobornar.
No apagues las luces. De poco sirve buscar ese letrero verde con un tipo blanco corriendo hacia la puerta. No hay nada más estúpido que un laberinto con salidas de emergencia.
Tu zanahoria se pudre. Y tú no eres más que un personaje de la Warner. Eso es todo. Eso es todo amigos.


enfant terrible *

19 de Junio 2004

Saturno

Apoyo la espalda en la pared. Dos hombros que resbalan contra el hormigón. Como el culo de un leproso en los toboganes de un parque acuático. Me dejo caer. Me quito el cinturón. Lo ato en mi antebrazo. Una vena azul. Una aguja. Y sólo gotas de odio. Nada de sangre. Ni pus. Sólo odio.
Las buenas intenciones, los consejos. Asquerosas frases azules. Elegantes e inútiles. Como la llama de una caldera. Cuando la mezcla no es lo suficientemente buena.
La vida es un libro de astronomía en las manos de un niño de cinco años. Estéticamente perfecto. Insultantemente incomprensible.


enfant terrible *

6 de Junio 2004

Chuloplaya

Ni diez. Ni cien. Ni mil. Menos lobas caperucito. Dime de lo que presumes y te diré donde no la metes. Los cromos se coleccionan. Las mujeres no. Nunca encontrarás un sobre con una repetida.
No sé cuantas muescas necesitas en la culata. De tu pistola de agua. Seguramente tengas la boca más grande que las manos. Esas con las que abres la puerta de la farmacia. Seguido de la Virgen María. Para que en un predictor. Mee cada día.

enfant terrible *

5 de Junio 2004

Mierda

Somos amarillos. Personajes de Lego. Piezas perfectamente reemplazables. La misma sonrisa. Dos puntos negros para los ojos. Manos en forma de u. Peatones anestesiados. Muertos de plástico.
Somos moscas que estallan en un cristal. Sangre que resbala. Un chasquido en una carretera.Y un limpiaparabrisas que da el amén.
Somos peleles de plastilina. Cualquiera puede arrugarnos la cabeza con el pulgar. Amasarnos. Redondearnos. Devolvernos a la gran pelota inicial. De mierda.

enfant terrible *

29 de Mayo 2004

Guernica

Dios es mujer. Y la tiene pequeña. Es un impertinente con gafas. De los que se sienta en primera fila. A Dios no le han bautizado. Le tiene miedo al agua. Quizás por eso le huelen los sobacos. Dios no sabe leer ni escribir. La Biblia, cosa de un negro. El mismo tipo con el que estuvo relajándose el séptimo día. Dios es un imbécil de los que subraya las buenas frases de los libros. Y eso es algo tan estúpido como pintarle pestañas rojas a los ojos más tristes del Guernica.

enfant terrible *

26 de Mayo 2004

Liquid room

Acaricio la pared con la punta de los dedos. Como una madre buscando el nombre de su hijo en una lista de soldados muertos. Me revuelvo. Aparto las sábanas. Abro los ojos. Me río de las rendijas de la persiana proyectadas en el techo. La luz de algún coche las pone en movimiento. Se escapan. Comprendo que son ellas las que se ríen de mí. Desisto.
Cuatro dígitos verdes. Borrosos. 03:49. No es fácil saber si es tarde cuando no tienes muy claro donde estás. Negocio minutos de tres segundos. Y pierdo. Aquí todo el mundo parece tener muy claro como ganarme. Incluso un jodido despertador.
Las paredes se vuelven líquidas. Y se separan como dos gotas de mercurio. Se me abultan los ojos. Hago óes con la boca. Olvido los tres últimos segundos escritos. Desde fuera, una mano arranca la persiana. De pronto llueve algo. Empiezo a notar sobre las escamas los golpecitos de la asquerosa comida de peces.

enfant terrible *

Miércoles

Los días todos de la mano. Como parvulitos en la puerta de un museo. Los Lunes. Los Martes. Dos niños iguales con los mismos mocos verdes y distinto nombre en la bata.
Y yo, un hamster. Hastiado de dar vueltas en un tambor de lavadora. Me mareo. Con la cara de imbécil de un astronauta suplicando biodramina. Agua y detergente que se cuelan por la nariz. Y no hay polvo blanco que acabe con estos cercos de pena. Centrifugo un millón de veces hasta encoger. Escapo por uno de esos agujeros del tambor. Sumidero. Cañería. Verdín. No sé si en ese orden. Pero al final, alcantarilla y calle. Y todo sigue oliendo tan a mierda. Como cualquier otro Miércoles.

enfant terrible *

23 de Mayo 2004

Sondeo

Aprovecho que la chica de ojos azules se levanta y va al baño. Estoy a cuatro mesas de la suya. Voy hasta allí. Empiezo a escribir una frase en cada página de su código civil. Relleno unas treinta hojas. Sí, las chicas de ojos azules siempre tienen mucho que mear. Vuelvo a mi sitio. A los tres minutos llega ella. Se sienta. No tarda demasiado en darse cuenta de mi gamberrada. Empieza a leer. Sonríe. Pasa las hojas sin levantar la vista. Me gusta que no trate de averiguar quien ha podido ser. Se centra en la historia. Noto que se acerca al final. Ya no sonríe. Noto como reprime una lágrima. Efecto deseado. Me levanto contento. Y me voy.
Otras noches. Escribo frases. Las mando a móviles desconocidos. María ha tenido un accidente, está en coma. Me sigues queriendo? tres noches sin que nada huela a ti, son demasiadas. O tengo mis trescientos euros mañana, o te corto el cuello. Tecleo un número. Y espero las reacciones.

enfant terrible *

22 de Mayo 2004

Telepizza

Me asusta la gente que cree en sí misma. Con fe. Con ganas. La gente de paja ante el espejo. Esos que no dudan. Que parecen caminar con bronce en los zapatos. Y ya nadie esculpe estatuas tan absurdas.
Señores con tarjetas de visita en el bolsillo. Abogado. Broker. Negrita. Subrayado. Tarjetitas de cartón. Estúpidas como las postales en el buzón de un muerto.
Me río del charco de sangre de ese gordo sobre el asfalto. De su corbata. De su colesterol. Del Viña Ardanza en la comida. De su firma en el contrato.
Y aplaudo al pizzero express. Ese que se lo ha llevado por delante. Admiro a los kamikazes. A los que acaban con esos que no son nadie pese a lo que digan sus nóminas
Y Laura. Hija del gordo muerto. En casa. Acaricia sus piernas. Recién depiladas. Y sopla el esmalte de sus uñas. Impaciente. Porque su pizza no llega. No por un padre muerto. Por una cuatro estaciones. Sin champiñones.
Y Luis, pizzero express. Se agacha. Y no llora. Y recoge del suelo ese fajo de tarjetas. Y decide que ya no reparte pizzas en una derbi. Ahora Luis es abogado. De los importantes. Con una corbata blanca. Sobre su impermeable rojo telepizza.

enfant terrible *

21 de Mayo 2004

Hot

No puedo escribir con calor. Ni enamorado. Necesito frío en los pies. Miedo. Un hígado que crepite. Que arañe. Vertigo en el culo y en la nuca. No puedo masticar lo que escupo. Y notar. Que las frases saben a donut mareado en el microondas.
No sé escribir. Pero sé mirar. Y tengo mala leche. En los nervios que le chivan a los dedos lo que ven las pupilas. Y el calor sólo sirve para espejismos sin reflejo. Para que las letras se espachurren. Como los helados de los niños. Que se suicidan. Para que tú los pises.

enfant terrible *

Cerillas

Las sorpresas son menos sorpresa cuando toda la sala sabe como acaba la película. Me gusta que tu tos no suene a anuncio de jarabe. Suena triste. Como un gitano tocando la trompeta. En un descampado. Cerca de su caravana. En esa hora en la que nadie sabe si es de día o de noche.
No me gusta cuando estas lejos. Te veo enana. Pareces un souvenir. Te metería en una burbuja de cristal. Y al darte la vuelta. Nevaría. No sé que ciudad podrías ser. Un sitio donde morir, seguramente.
Así que acércate. Quita esa cara de sorpresa. No tosas. Y sopla las velas. Celebramos que estamos tristes. Muy tristes. Como una caja de cerillas. En un túnel de lavado.

enfant terrible *

15 de Mayo 2004

Naipes

Me apetece una princesa muerta y un príncipe que llora. Día de fiesta para los chicos de azul y sus subfusiles. Nada que defender. Nada que proteger. Niños con hambre comiendo joyas, flores. El dinero nunca está en los hígados que lo necesitan. Hadas que saltan desde sus castillos. Dragones con mocos. Carrozas diesel. Rubias de telediario creyendo en las segundas oportunidades. Tetas de portada. Y reyes muertos. Ahorcados con la cola de un vestido. Blanco. Coronas en el suelo. Las de una baraja rota.

enfant terrible *

14 de Mayo 2004

Talco

Creo que empecé a los ocho años. Esnifaba pegamento de un calcetín. Tenía un chándal rojo. Unos zapatos negros. Un primo. Y poco más.
La calle es un colegio cruel. Se limita a enseñarte lo que nunca tendrás. Entrábamos en bares. Con churretes en la frente. Pedíamos. Robábamos lo que podíamos.
El pegamento ayudaba a no pensar. Como aquella vez. Cuando un tipo me violó. Me partió un diente en una de las embestidas. Después me dio diez euros. No fue un mal cambio. Con ese billete mi primo y yo nos tomamos tres hamburguesas y un bidón de cocacola. Yo por mi parte, estuve una semana durmiendo de lado.
La diferencia entre mi culo rajado y tu culo sentado es mínima. Yo no escogí nacer de un coño en Rumania. Tú tampoco escogiste crecer no violado. La probabilidad separó nuestras placentas tres mil kilómetros. Y esa, creo, es la distancia entre la sangre y los polvos de talco.

enfant terrible *

9 de Mayo 2004

Ellas

Me enamoro de la misma mujer. En distintas ciudades. Con diferentes acentos. Tacones. Labios.
Si fuera Millás o Kundera seguramente sabría explicartelo. Tendría palabras. Facilidad para hablar de las dualidades. Pero no, sólo tengo un puñado de malas frases. Y chicas que escupen el humo de sus cigarrillos con elegancia. Con pena.
Son chicas, mujeres, niñas. Siempre imagino sus cuatro años. Y en el fondo, todas llevaban las mismas coletas. Y su plastilina siempre suena un poco triste.
Distintos tangas y distintos sabores. Las mismas lágrimas. Las madrugadas nunca son noches cerradas. Os escribo algunas frases. Entre polvos. Y vosotras no lo sabéis. Escribo desnudo. Y odio que me desnudéis al leerme.
En el fondo, todas sois ella. Y yo, el que cambia en cada par de ojos.

enfant terrible *

8 de Mayo 2004

Breakfast

No tengo vértigo. Salto al vacío de tu ombligo. Sin cuerdas, sin permiso, sin pinzas en la nariz. Me gusta que no huela a anuncio.
Antes del vértigo, de las sábanas, de tu coche. Me encanta haberme limpiado el culo, con las hojas de tu libro. Ese que leías ayer. Educación gestual. Cómo sentarse. Cómo mirar. Cómo coger el vaso. Cómo acariciarse el pelo. Menuda gilipollez. Sólo he necesitado un brazo en tu cintura. Y caradura en tu cuello.
He desmontado un libro. He juntado vértebras con caderas. Me encanta follar. Contigo y sin mí. El sexo es maravilloso. Y un asunto insultantemente sobrevalorado. Si la gente follase más, no se hablaría tanto de ello. La gente desayuna todo los días, y nadie parece darle demasiada importancia. Nadie alardea, entre cervezas, lo cojonudo de su desayuno. Menos los ingleses, que desayunan demasiado, y siempre son un tanto absurdos.

enfant terrible *

7 de Mayo 2004

Dentro

Soy el niño que empuña la navaja y se acerca al columpio. Tengo barro en las suelas y una mariposa con un filo de siete dedos. Sólo quiero una moneda. Dos metros más allá soy también el niño con miedo en el culo. Dejo de columpiarme. Tenso los hombros. Caigo al suelo. Me desangro con dos euros ocultos en un puño cerrado.
Soy la hoja de metal y la arteria que cede. Clavo tablones cada vez más altos en una barrera que sólo yo veo. No importa, la acabo saltando siempre. Parte de mis rodillas se queda en cada salto.
Cierro todas las puertas. Me trago sus llaves. Me prohíbo ir a más. Me niego a mí mismo. Me desuello. Me abro en canal. Meto la mano. Cojo todas esas llaves. Abro lo que me da la gana. Yo y yo. Yo en mayúsculas y yo sin miedo. A nada.

enfant terrible *

2 de Mayo 2004

Nadie

Me llama la editora. Me pide una pequeña biografía. Cinco o seis líneas. No te explayes. Dice al otro lado del auricular.
Cuelgo. Me siento. Tecleo. Tengo un nombre. Dos apellidos. Un año. Una ciudad. Me siguen sobrando cinco o seis líneas. No soy nadie. Y me encanta.

enfant terrible *

Plan renove

Prometo dejar de rechinar. De sonar pretendidamente sentencioso. Pretencioso. Prometo quitarme esta estúpida visera de telegrafista. Prometo que habrá más palabras que puntos. Que compraré una caja de comas. Que dejaré las patadas. A los diccionarios. A las bocas.
Prometo escribir con menos odio. Beber menos. Enamorarme. Dejar los tacos, al escribir. No quiero que esto siga pareciendo un rap leído por tartamudos.
Empezaré a contar alguna verdad. Y te daré detalles. Sobre mis polvos. Sobre intimidades. De las que venden. Pondré mi foto. Para perder, definitivamente, lectoras. Lectores. Pondré un diseño apañado. Para tener un montón de imbéciles más. De los que se enamoran de la carrocería. Y no del motor.
Y una mierda.

enfant terrible *

1 de Mayo 2004

Terrible

Soy dos capas de impostura. Nunca voy a reconocer que lloro. Sólo te contaré que leo a Bukowski, Miller, Loriga. Pero Los sonetos a Orfeo, de Rilke, no es un título que asuste a nadie. No es un libro que voy a dejar que sepas que leo.
Seguramente yo también tenga un puñado de sueños. No los vas a escuchar nunca. Seguiré haciendo ver que todo da igual. Que nada importa demasiado. Que morir hasta las cejas no es tan mala idea. Seguiré mirando desafiante. Sonando rotundo.
Te convenceré. La felicidad está al final de cada vaso de tubo. Te mentiré. Te diré que nunca me he enamorado. Y en el fondo, sólo es miedo. Odio. Un o pisas, o te pisan.
Ganarse el respeto por andar de la mano con la más bonita. Es absurdo. Como aquellos calcetines blancos de Michael Jackson. Los besos de noche son como las mentiras de los niños pequeños. Graciosas, pero mejor no creer en ellas. No te dejes engañar. Por los zapatos. Por las pintas. En el fondo, todo es mentira. Es sólo un disfraz. Y yo, un imbécil.

enfant terrible *

F355

Ponte esto. Vamos a robar. Un descapotable. Un coche que nos merezcamos. Uno que nunca podríamos pagar.
Pestañéale a todo el que pase. Yo me ocupo de la electrónica. Hay un montón de viejos repasándote el escote. Y un montón de cablecitos verdes cerca del sistema de arranque. Verdes. Como tus tacones. Mejor puenteo el azul. Cualquiera se fía de esos zapatos.
No me mires así. Ya sé que dos horas para robar un coche no es un récord. Mi intención no era ocupar las páginas de ese estúpido libro de hazañas inverosímiles.
No tenemos demasiado dinero. Ni para la gasolina del coche. Ni para la nuestra. Pero como cantaba aquel grupo de melenudos. Life’s a journey, not a destination.
Bailamos. Sobre el capó. Todas las canciones. Todas las que te hacen sonreír. Quítate los tacones. No le rayes el coche al dueño. Somos malos buenos. Acuérdate.
Y cuando empiece a llover. Y sólo se escuchen sirenas. Y no tu voz. Quítate el cinturón. Acelero. Y morimos. Jóvenes. Felices. Bonitos. Como este descapotable italiano.

enfant terrible *

25 de Abril 2004

Nh3

No os vi por aquí. Ni en Diciembre. Ni en Enero. Yo estaba entre esas rocas. Con frío. Con un libro.
Ombligos que se comen elásticos. Tangas con celulitis. Transistores. Sombrillas. Niñas bonitas. Fuman light. Leen best sellers.
Podría mataros a todos. Con las diez armas blancas. De mis pies. Pero no sería demasiado justo. Huele demasiado a crema. Y nadie parece muy feliz.
Podría comerme toda la arena a bocados. Y mearme en el agua. Amarillo y azul. Verde. Aunque dudo que tenga suficiente amoníaco en las venas. Como para cambiar el color del cielo.

enfant terrible *

9 mm.

Egipcia, la genialidad pasa de puntillas, y tú te has quedado con todos sus pisotones. Jodida tramposa.
Sonríe. Y me mudo a tus pirámides. Follaremos en sarcófagos. Como perros. Egipcios.
Soy un imbécil. De los que aún piensa. Que se puede enamorar con palabras. Y sin coches caros. Llevo diez buenas frases en el bolsillo. Las arrugo. Las tiro al suelo. Para dártelas, cuando amanece, a quemarropa.
Y tú, de ese amarillo Brasil, que tanto me gusta. Si la vida fuera justa, nos dejarían seguir bailando. Cuando encienden las luces. Y quitan la música.
Tú seguirías silbando. Como las balas. Esas que no disparas. Que son las que matan.

enfant terrible *

23 de Abril 2004

Capullos

Me apetece. Ver a un hombre. LLevando un ramo de flores con dignidad.
Me apetece. Ver a una mujer. Rechazando rosas. Sugiriendo orquídeas.

enfant terrible *

22 de Abril 2004

Profident

Las dentaduras perfectas resultan irritantes. Fichas blancas de dominó. Alineadas escrupulosamente.
A veces apetece volver. A los seis años. A mellar las fotos del periódico. Con un lápiz negro.
Manchas amarillentas. Café. Tabaco. Dientes que se amontonan. Como cadáveres en fosas comunes. Colmillos ácratas. Todo mucho más natural. Con la sinceridad de quien no quiere pagar.
Sonrisas de televisión. Cada incisivo, una factura. Doscientos euros la sesión. Le blanqueamos el bolsillo. Y después, la boca.
Garfios y limas. Verdugos de simetrías absurdas. Hierros góticos bajo las encías. Mucho dolor. Demasiados espejos.
Sobran cepillos. Y billetes. Faltan puñetazos.

enfant terrible *

Triciclo

Los locos siempre caemos bien. Parecemos simpáticos inofensivos. Hasta que sacamos una pistola. Un montón de rehenes. Y un director de banco. Con un culo que huele a miedo.
El otro día, en Alicante. Ese chico sólo quería curarse el resfriado con un gramo blanco. Tenía la voz de malo que tienen los buenos. La voz de alguien que nunca dispara.
En América te visten de naranja. Simulan un juicio. Y te broncean. Gratis. Si, como a un pollo. Al menos guardan las apariencias. Aquí alguien se aburrió de esperar. Doce horas son muchas. Así que acelera y mátalo.
Chicos de azul. Os voy a esperar. En cada cruce. Con un trailer. Con las luces apagadas. Y cuando paséis. Pedaleando. En vuestro tricilo. Con esa estúpida sirena azul. Os pienso cortar el paso. Cerrar comillas.

enfant terrible *

20 de Abril 2004

Cohen

Me gusta cuando suenas rota. Los buenos días se vuelven amenazas sicilianas. Te falta un sombrero. Y te sobra el resto.
No hay nada más elegante que una mujer bonita, ronca. Te vendo como remedio, tragar espinas del pez más cabrón. Rasgar cuerdas vocales. Ahorcar agudos. No te cures. Quédate Cohen.

enfant terrible *

18 de Abril 2004

Sesión numerada

Oigo como las neuronas se fusilan unas a otras. Nadie parece querer vivir ahí dentro. Hacen bien. Las escucho caer hasta los pies. Debía tener más de las que creía. Me pesan los pies.
Soy consciente de que me estoy dejando ir. Un suicidio consentido. Ambas partes de acuerdo. Y todos tan contentos.
Flores sobre la mesita de noche. Las flores son siempre sentimientos de culpabilidad con pétalos más o menos horteras. Unos cuernos, rosas. Saber que te mueres, tulipanes. Muerto, coronas con una banda lila.
Cocodrilos que visitan con lágrimas de familiar. Susurros. Besos sólo en la frente. Los que se merece alguien que empieza a estar frío. Lejos de los treintayséis grados.
Un corazón que ya no late. Por mucho que se empeñe ese osciloscopio. Esto ya no se mueve. Así que esas 62 pulsaciones mienten más que hablan.
No estoy viendo pasar mi vida ante mí. La leyenda urbana prometía un último pase. Alguien se está quedando con mis cinco euros veinte.

enfant terrible *

17 de Abril 2004

Hit me

A veces, cuando te veo coser frases con tan poco hilo, te odio. Podría disimular. No soy mal actor. Pero la envidia siempre tiene un punto de cinismo que la humaniza. La indiferencia es la peor forma de abstinencia emocional.
Piensas blanco. Y digo negro. El gris es un color entre dos certezas. Y las medias tintas, a la larga, se acaban borrando.
La melancolía sabe a lágrimas de álbum de fotos. Y la demagogia es la bajeza más ortopédica. Como la forma de caminar del peatón verde en los semáforos.
Me chuleas. Y me gusta. Pero se te olvida. Que con dos dados, si hace falta, saco un trece. Y las ruletas rusas, de siete balas, inofensivas.
Así que no trates de ganar. Al menos, no esta partida.


enfant terrible *

13 de Abril 2004

Vinagre

La gente ya no llora. Ya no piensa. Somos manecillas del reloj más imbécil. Los libros son más baratos que las casas. Las hipotecas no enseñan nada. Pero muchos salen de los bancos. Y pocos entran en las librerías.
Los sueños ya no duran una vez despiertos. No más de diez minutos. El tiempo entre que terminas la tostada y entras en el metro. Después todo son automatismos. Un trabajo. Un puñado de euros. Y vinagre en el alma.
Ayer vi un beso. Uno de verdad. De los que ya no se ven. Tenían todo el tiempo del mundo para besarse. Quizás ella se esté muriendo. O él se marche a Méjico mañana. Pero se querían. Como esa mujer de noventa años que habla con sus gatos. Y ellos la escuchan. Las dos partes saben que es lo único que tienen.
A veces, el amor más estúpido, es el de verdad. El resto, no importa demasiado.

enfant terrible *

12 de Abril 2004

Fíate

Podría convencerte de que soy piloto. De un avión de papel. Podría venderte lo inverosímil. Alquilarte lo surrealista. Mentir no es tener mala leche. Es darle salida a la creatividad.
Puedo convencerte por las buenas. Sonreírte por las malas. Esquivar tus preguntas haciendo eses. Entre tus interrogantes.
Podría podrías. Pero contigo no puedo. No, si me miras a los ojos. Eres la única capaz de desarmarme. Y nunca es bueno quedarse sin balas. Creo.

enfant terrible *

Marioneta

Quiero volver a tener cuatro años. Me voy a comprar un calidoscopio. Imágenes hipnóticas. Fragmentadas. Simetrías absurdas. Sólo necesitar eso para olvidar. Pasarme horas con el ojo pegado al tubo. Y no con un tubo dentro de la nariz.
A los cuatro, las lágrimas no saben a amigos muertos. A sexo sin amor. Sólo saben a chichones y mercromina.
La plastilina maleable de antes. Ahora mi carácter. Y los hilos de mi marioneta. O los zurzo. O me ahorco con ellos.
Regálame un calidoscopio. No nos pongamos trágicos.

enfant terrible *

11 de Abril 2004

Hugo

Niñato de ridículo apellido italiano. Que papá tenga todos los hoteles, bares y restaurantes de la costa, no vale nada. No te da derecho a nada. Cero euros de nada.
El respeto se gana con buenas frases. Y las tuyas, suenan a tartamudo con neuronas divorciadas. Sigo convencido de que te sobran tantos cromosomas como billetes violetas.
Que esa camarera esté pasando más frío que un esquimal tomándose un calipo invita a que mis nudillos intimen con tus caries. Eres incapaz de darte cuenta que es la más lista de la clase. Que algún día publicarán su libro. Que arqueando una ceja se come el mundo y todo tu dinero.
Seguramente sea culpa de esa melena pretendidamente descuidada. No te está dejando ver nada. Imbécil.

enfant terrible *

10 de Abril 2004

Sueño y guepardos

Me iba a echar la siesta. Sí, a las nueve. Cada uno tiene sus horarios. Y no, no mintáis. Nadie ve los documentales de la 2. Yo tuve mi época. Lo hacía para quedarme frito. Hasta que descubrí el snooker de Eurosport. Es narcótico. Más incluso que ver correr a los guepardos.
Dos señores. Con sus respectivos chalecos rococós. Con la cara inquietantemente blanca. Hepatíticos. Con zapatos en los que me veía reflejado. Joder como brillaban.
Con tacos largos. Y narices enanas. Ridículas. Como su puntería. Han empezado a fallar bolas. Una tras otra. Bolas que yo metería. Que tú meterías. Que un manco metería. Con el taco en la boca. Con las manos atadas. Bueno no. Que no tiene.
Players champ. 1/2 Final. Eso deben ser las semis. Soy un tío con idiomas. Letrerito azul para Doherty. Rojo para Hunter. Seguían fallando bolas. Un señor con guantes de mayordomo ha cogido la blanca. La ha secado. Hay que joderse. Pretenden hacerme creer que la culpa es de la bola. Cómo coño se moja una bola de billar si no estás en un bar.
Abucheos entre el público. Y no se que público resulta más inquietante. Si este. El de ajedrez. O el de salto de trampolín. Total, las diez. Otra vez sin siesta.

enfant terrible *

Dos copias

Mierda. Me ha vuelto a pasar. La última vez fue en la estación. Era fácil. Acercarse a la ventanilla y pedir el billete. A Barcelona. Con carné joven.
Hoy la frase tampoco era difícil. Dos copias de esta llave. He entrado en la ferretería. Y me he sentado en un taburetillo hortera. Quizás porque la pose invitaba a ello. O porque los días se vuelven fragmentos sobrios de cuarto de hora. He pedido un Ballantines cola.
Estupefacción del dependiente. Y para arreglarlo. Bueno, pues da igual, un cortado.

enfant terrible *

9 de Abril 2004

No

No me digas que no conduzca descalzo. No me preguntes si alguien nos persigue. Me gusta correr. A este coche le sobran tres asientos. Especialmente el tuyo. Por ciudad se puede ir a cientocuarenta. Sólo hace falta que no se den cuenta. Las calles son el circuito para los listos. Así que disimula.
No me reproches que desayune aspirinas y bloodie marys. No me escupas la mala cara que traigo hoy. Tampoco tu eres demasiado guapa. Al menos ayer fui el más simpático de la noche.
No me digas que follo como los ángeles y que soy más listo que el demonio. Te creía con más literatura. Tus metáforas son estúpidas. Como cobrarle un tatuaje a un leproso.
No me digas que aquí no. No me apartes las manos. No te abroches la falda.

enfant terrible *

7 de Abril 2004

Zoo

Trapecios con veintiséis. Bíceps con dieciséis. Pocas repeticiones. Tres series. Es un músculo pequeño. No necesita más.
Espejos que adelgazan. Pechos depilados. Mancuernas y alaridos. Envidias y egos sin cabeza.
Hay señoras sudando calorías sobre la cinta. Con el mismo entusiasmo que un mudo narrando la final del mundial.
Chicas de veintialgunos con manicura a precio de anguila. Tangas y culos once. Se pasean. Y no sudan. Sólo se pasean. Y captan todas las estúpidas miradas.
Niños de diecisiete que pretenden levantar lo mismo que ese. Que lleva diecisiete años levantando.
Vigorexia. Pastillas. Batidos de proteínas. Cartílago de tiburón. Geles. Reductores de abdomen. Mentiras a precio de mentira.
Recepcionistas de ojos azules. Consiguen que pague un año por adelantado. Sonría. Y joder, llevo dos años lesionado.

enfant terrible *

6 de Abril 2004

Fotofinish

Te acercas a la cinta. Das el último golpe de riñones. Agachas el cuello tratando de ganar por los pelos. Expresión acertada. No pierdes el tiempo en mirar a la derecha. La noche se decide en décimas.
Después de los gritos y el sudor. Las palmadas en la espalda. Para ti no hay ramo ni fotos. Sólo plata. Y nada más triste que la plata. Lo importante es participar. Pero esa frase no se le ocurrió a un ganador. Y ese sabor amargo. El de la derrota. Casi tan amargo como el que deja la coca. Aunque más sincero.
Suena su himno. Y baja su bandera. Le escupirías. Pero le miras con admiración y respeto. El mismo que se merece quien se lleva a la más bonita de la noche.
Y ella, descalza, se sube a su zeta tres. Él arranca. Y se van. Has perdido.

enfant terrible *

Super glue

Arena gruesa. Algún camión la descargó aquí hace un par de meses. La marea había dejado anoréxica la orilla.
Una niña en cuclillas. Con unas chancletas verde caja madrid. Rellena un pequeño cubo con cuatro almenas en su base. Chilla ilusionada. ¡Es un castillo mami!. Mamá decide no apartar la mirada de su libro.
La cría gira el cubo cien veces. Dando antes tres golpes en el lateral con una pala. Dos segundos que se hacen eternos. Los que tarda en ver aparecer un castillo. Efímero. Se desmorona. Como aquellos edificios en Nueva York. Con la misma facilidad. Pero con menos cámaras alrededor.
La niña llora. Sorbe lágrimas. Mocos de impotencia. Muerde esas uñas rojas acharoladas. Necesita celo. O pegamento. O los brazos de su madre. O el hueco de su hombro. Para llorar su fracaso. Pero jódete niña. Mamá sigue leyendo 'Tu hijo y tú. Como educarlo'. Jódete.

enfant terrible *

5 de Abril 2004

Síncopa

Nos esquivamos. A salto de caballo. En un damero de tres por tres. Y eso no deja demasiado margen. Tú con la elegancia del alfil. Y la mala leche de la reina. Y yo, peón que se arrastra haciendo eses.
El ajedrez, el deporte más violento. Tensión y silencio. Prohibido tocarse. Y nosotros, por mucho vodka que soplemos, no somos campeones rusos.
No pienso en las tablas. Nada más absurdo que empatar. Pienso enrocarte. En tu ascensor. En mi casa. En la calle, si hace falta.
Y esa sonrisa tuya. Me está matando.

enfant terrible *

Ese eme ese

Si hacerte sonreir cuesta quince céntimos, la vida es una ganga.

enfant terrible *

4 de Abril 2004

Tambores

Capirotes. Y túnicas. Negras, moradas. La luz de las farolas sobre las aceras mojadas. En Abril siempre llueve.
Pies descalzos. Uñas sucias. Y cirios, que no velas. En Abril se llaman cirios. Que suena más serio. Y la cera resbala con la lascivia propia de lo estúpido. Y chica ponte tu collar nuevo, que nos ponemos en este rinconcito y seguro que salimos por la tele.
Alguien escribió una metáfora con barba y anorexia para explicar una reacción química. Un big bang. Pero con agujeritos en las manos. Y alguien lo alquiló por doce monedas. Las mismas doce monedas de mil euros que vale ese collar. Y nuestro dios es el más alto. El más bueno. El más guapo.
Espaldas que sangran. Rodillas lijadas. Pero los fanáticos son los otros. Nosotros no. Y no se podía esperar demasiado de alguien que se jubiló el sexto día. Y como suenan los tambores.

enfant terrible *

28 de Marzo 2004

Muito obrigado

En el coche más feo, pero los más felices. En algún sitio, entre Barcelona y Lisboa. Con tus pies colgando por la ventanilla. Con tu cara de yonqui, esa que tan de moda se ha puesto. Cantabas. Con la boca muy abierta. En el inglés que no sabes. Con esa sonrisa de obrigado. Esnifabas. Y sangrabas el papelito. El de la autopista. El que le dabas al chico del peaje. Luciendo ese escote tan pobre. Pero que tanto vende.
Follando en las gasolineras. Entre los carteles de recién fregado. Y el miedo de los abuelos. A que tus ojeras les robase la cartera. Y faltaban cactus para que aquello fuera tu road movie. Y ahora, sobran espinas.
Portuguesa, guárdame un hueco en el cielo. No tardaré. Te lo prometo.

enfant terrible *

27 de Marzo 2004

Nueve

Alguien decidió que diez dedos en dos manos eran demasiados. Y cerró la puerta. Con mi mano entre las bisagras.
Tengo un dedo con tornillos tatuados. Y una uña esmaltada. Yo, que ya no me pinto las uñas como cuando era pequeñita.
Y las manualidades de entrepierna se han vuelto más cuidadosas. Más cariñosas. Soy mejor amante desde que tengo un dedo Puleva. Papilla. Puleva.

enfant terrible *

20 de Marzo 2004

money to burn

El dinero es tan estúpido como el señor con chistera dibujado en los tableros de monopoly. Hoteles rojos y casas verdes. Malas noticias para los daltónicos.
No importa que midas tres o cuatro metros. Alguien con dinero te mirará dos palmos por encima de donde llegue tu hombro.
Ahorrar es casi tan divertido como morir con un puñado de billetes en el bolsillo. Con una colección de ceros en una tarjeta de banda magnética. Las matemáticas y la economía, pequeños fascistas. Sólo cuentan los ceros que están a la derecha. Planes de pensiones que compran anestesia a largo plazo. Consumirse en un autobús camino de Benidorm.
Uno, dos, tres, cuatro. Gasta esos cuatro billetes. No importa de que color sean. Cuatro billetes no compran demasiada felicidad. Quémalos esta noche. Mañana podrías estar muerto.


enfant terrible *

19 de Marzo 2004

Publicidad

Follar no es el sexo de salón que proponen los anuncios de colonia. Once ocho ochentayocho. Sí, yo también fusilaría a los pelochos. Y no, no me preguntes que haría si me viniese hoy la regla. Seguramente llamaría a Mulder. Y también a Scully. El macahorro de macdonalds me quita las mismas horas de sueño que las patatas que engulle Banderas. Y sí, los besos saben igual con watershine de maybelline o con tus labios cortados. A vodka y tabaco.

enfant terrible *

14 de Marzo 2004

Rebeca

Poca gente es capaz de hacerlo. Ver sin mirar. Desconozco cómo lo hace. Pero lo consigue. Te ve con el cuello, con las cejas, con la nuca.
Deja caer dos hielos con indolencia y aparta la vista del tubo. A medio metro de la barra y tan lejos de ella. Ajena a los estúpidos que mascullan alcoholes imposibles. De noche todo es mentira. Y ella, lo sabe. Lleva demasiado tiempo siendo la más lista de la clase. No necesita mudanzas ni ridículos catálogos de Ikea. Su cabeza, perfectamente amueblada. Allá los sofás, aquí la tortuga.
Le sugiero a Kundera. A ella, que anochece cuando su despertador insiste en verla amanecer. Necesita días de cuarenta horas. Cinco trabajos y una carrera no caben en veinticuatro.
Escribe un libro. No quiere que yo lo lea. Hace bien. Se desnuda antes a alguien leyéndole que quitándole la ropa.


enfant terrible *

11 de Marzo 2004

Entrevista a una rata

Pasa. Son sólo unas preguntas. No tardaré mucho. No más de lo que tú has tardado en decidir en qué papelera dejabas el explosivo.
¿Cuál ha sido la última cara que has visto antes de salir del vagón? ¿Te has fijado en la niña de coletas? Ella y su madre han muerto. El resto de pasajeros no está mucho mejor. Te lo aseguro.
¿Tienes pensado que cenarás esta noche? Seguro que sigues teniendo apetito. ¿Sabes lo que significa mercenario? No tienes cara de ser muy listo. ¿No estudiaste demasiado, verdad?
Miedo en las aceras. Raíles teñidos de odio. Vagones destripados. ¿Orgulloso de las estampas dantescas? ¿Eres capaz de verlo por televisión? No me creo que no te hundas. Espero que no duermas demasiado esta noche.


enfant terrible *

7 de Marzo 2004

Le soleil du cirque

Los domingos son tristes. Como un mapa de Hungría en blanco y negro. Las lágrimas son funambulistas kamikazes. Caen al suelo. Los circos más divertidos son los que no tienen redes. Ponerle redes a la vida parece poco inteligente. Como enguajarse la boca con mercromina. El alcohol es la mujer más mentirosa. Y tú, eres la mujer más bonita. Verte llorar no es justo. Pero tampoco son justos los muñones y las minas antipersonales. Utilizar depresivos como euforizantes no es demasiado útil. Como una tartamuda cantando los números del bingo.
Te he querido. Hay microondas que no sirven para gratinar. Yo no sirvo para querer. Mátame. Tienes mi permiso. Medio beso.


enfant terrible *

6 de Marzo 2004

Placer visual

El amarillo. La máscara de pestañas. Un cubito de hielo. Las pupilas dilatadas. Un bebé lactando. Los tulipanes negros. Una espalda arqueada. Las botas de piel de serpiente. El asfalto mojado. Los billetes arrugados. Una mujer poniéndose las medias. Encender una cerilla. Los ojos negros. Una botella vacía.

enfant terrible *

5 de Marzo 2004

Pan

La noche de ayer. Divertida. Como dejar que un ciego acerque un tenedor a un enchufe. Y estúpida. Como un bizco con lentillas de colores.
Y a falta de pan, buenas son tortas. Y no hay que tomarse los refranes tan al pie de la letra. No hace especial ilusión que ciertas señoritas le crucen a uno la cara. Y menos por sugerir un polvo. Falta sentido del humor. Sobran ganas. Falta pan. Sobran tortas. Por si acaso, nunca pongo la otra mejilla. Cualquier idea sacada de ese libro con capítulos y versículos no puede ser demasiado buena.

enfant terrible *

4 de Marzo 2004

Juego

Lo de las máquinas del tiempo ya está muy visto. En lugar de viajar en el tiempo, podríamos jugar a viajar de persona en persona.
Poner la rajita del culo y ser puta. Pánico al virus. Coleccionar enanos de señores borrachos que nunca vuelven. Y morir, desangrada. En cualquier descampado.
O servir copas de noche. Dejar que alguien se deje llevar por la euforia y nos convierta en una cicatriz de diez centímetros. Porque un vaso de tubo da de beber. Y raja caras también.
O repartir publicidad a la salida del metro. Gente ofendida. Quién serás tú para tenderle el brazo a ese señor. Tú ganas dos céntimos por hoja repartida. Ellos se limitan a escupir. Los más educados le mandan recuerdos a tu señora madre.
O ser uno de esos señores que huelen mal porque quieren. Duermen junto a un cajero automático porque quieren. Y mueren, evidentemente porque quieren, a modo de falla. Llegan cuatro niñatos. Lo rocían con gasolina y ese señor deja de pasar frío.
Como juego estaría bien. Pero sólo un día en la vida de ciertas personas. Que sino, escuece.

enfant terrible *

29 de Febrero 2004

Fotocopia en color

Los señores de azul tienen pistola y te piden que pares a la derecha. No tienen cara de ser demasiado simpáticos.
Se acerca uno de ellos. Tiene un pirulo amarillo que ríete tú del de darveider. No entiendo muy bien quién se cree este señor para colarse en mi noche. Su gorra me resulta tan absurda como un faquir tragando pelotas de goma.
Me pregunta si he soplado antes. Le cuento que hace bastante que no cumplo años y no parece entenderlo. Las velas en las tartas de cumpleaños y los policías son definitivamente estúpidos. Está claro.
Mira su aparatito de tres dígitos como quien ojea los titulares a primera hora del Lunes. Desaparece en dirección a su coche patrulla. A mis cuatro años yo también tenía un coche patrulla. Azul y blanco. Aunque no andaba molestando a nadie a las cinco de la mañana.
Vuelve con un papelito. No tiene pinta de ser una receta. Las recetas ya son de por si horteras como para encima escribirse en papel de calco. Amarillo y Rosa.
Seiscientosun euro coma un céntimo. Me resulta gracioso ese céntimo. No sabía que se dejase propina en las multas. O quizás sea el sueldo de este amable señor. Quien sabe.
Antes de que suba la ventanilla me cuenta que si pago pronto, la receta sale por la mitad. Mira tú que bien, no sabía que estuviésemos de rebajas.
Añade con tono grave que un juez se encargará de quitarme el permiso de circulación. Que barroco suena eso de permiso de circulación. Tampoco le doy demasiada importancia. Las fotocopias en color no son tan caras hoy en día.


enfant terrible *

28 de Febrero 2004

Agua y chinos

Los paraguas son inútiles. Confesarse también es intuil pero no todo el mundo lo hace. Sin embargo, cuando llueve todo el mundo coge el paraguas. Lo de menos es mojarte. Sonríe si eres capaz de llegar a casa con dos ojos. Las ancianas cobran comisión de oculistas y cirujanos. Sacan ojos con la precisión de una anciana. No fallan. Nunca.
Los paraguas sólo sirven un día al año. La noche de reyes. Los reyes son los padres. En las cabalgatas, ni siquiera. Son un cartero, y un profesor, y alguien con betún en la cara. Salgo a la calle provisto de paraguas. Lo abro. Le doy la vuelta. Llueven caramelos y todos se quedan en mi paraguas. Los niños lloran y yo tengo caramelos. No parece demasiado ético aunque tampoco creo que deba confesarme por ello. Dicen que quitarle caramelos a un niño es fácil. De momento he necesitado un paraguas y un poco de mala leche. No debe ser tan fácil.
Tengo muchísimos paraguas. Mi madre se encargó de que nunca me faltase de nada. Especialmente paraguas. Podría ser la competencia directa del mercado ambulante de paraguas en cualquiera de las grandes ciudades de España. Prefiero no hacerlo porque las mafias chinas me asustan. Las otras también, pero menos. Los chinos siempre saben artes marciales. Una de cada cuatro personas en el mundo es china. Hay unos mil quinientos millones de personas que te pueden dejar seco de una patada. Seguramente no merezca la pena morir por un paraguas. Y menos un Sábado.

enfant terrible *

26 de Febrero 2004

No eres nadie

Eres las nueve cifras de tu teléfono móvil. Un deneí. Tu número de la Seguridad Social. Una nómina a final de mes. El cuarentaisiete en la cola de la carnicería. Date por jodido, el turno está en el veintiocho. Eres el número de ceros de tu cuenta corriente. Y también un número de identificación fiscal. Tres palabras absurdas que nadie tiene muy claro que significan.
Hay gente que no colecciona esos números. Nunca los ha visto. Y hace demasiado que no comen carne. Esas cifras determinan si existes. O no.

enfant terrible *

22 de Febrero 2004

píopío

Me gustan los pájaros. No los de jaula y píopío. Los que tengo en la cabeza. Los otros sólo se dan coscorrones contra la jaula y esnifan alpiste. O se lo comen. No sé.
Creo sus mentiras. Les cuento las mías. Me dejo guiar por su instinto. Me despistan. Consiguen que sea yo quien se dé coscorrones en las esquinas. Cantan y me silban. Yo muevo los labios y ellos ponen las palabras. Menudos guionistas cabrones están hechos. Importan ideas de otros gremios. Casi siempre del de bomberos.
La gente pierde neuronas. Mis pájaros simplemente se mueren. No quieren entierro ni grandes coronas de flores. Que sencillos ellos.

enfant terrible *

21 de Febrero 2004

Tedio

Me aburro. Como se aburre una bala sin un muerto. Como los guantes de un manco. Como la Nochebuena en Agosto. Como la carta de ajuste. La carta de ajuste bosteza. Mírenla fijamente. Me aburro como un orgasmo en un gatillazo. Como las dietas en Austwichz. Como el sexo se aburre del amor.

enfant terrible *

20 de Febrero 2004

Amor en oferta

Los polvos que salen más caros son los que no pagas.

enfant terrible *

caca, pipi

No dede ser agradable que practiquen contigo la coprofagia. La lluvia dorada tampoco parece mucho mejor. No pienso reencarnarme en taza del váter.

enfant terrible *

18 de Febrero 2004

Yamaha Warrior

Mide un metro y medio. La genética no se ha portado bien con ella. Podría ser un pitufo. Dudo que esos enanos azules lleguen a cumplir los veintisiete. Ni siquiera papá pitufo. Escribe Helena con hache. Es mi hermana.
Los dibujantes japoneses utilizaron su imagen años atrás. No es de dominio público, pero ella inspiró el personaje de Arare. Parece inofensiva, pero se come el mundo. Para perfilar su imagen de hormiga atómica ha decidido comprarse un quad. Casi nada. Arare tenía un triciclo. Ella le ha pintado una rueda más.
Se ha comprado un traje de astronauta. Y un casco. Y una mochila de McGyver. En el concesionario le dijeron que era la primera mujer de la provincia en comprar uno. Salió orgullosa. La miré con miedo. Me perdonó la vida.
Entre semana interpreta a una jefa de compras. Llega el Sábado y se convierte en Babe el cerdito valiente. Chapotea entre el barro a más de cien por hora. Disfruta y sonríe. Me asusta comprobar que le tiene menos apego a la vida que yo. No es poco.
Pese a todo, es muy femenina. No comparte con Loquillo el sueño de comprarse un camión (aún). Y apenas erupta (en público). Un encanto.

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enfant terrible *

17 de Febrero 2004

Redbull

Dudo que las autoridades sanitarias estén de acuerdo conmigo. Desayuno crispis con red bull. Espero no llegar a leer nunca una de esas tétricas pegatinas en mis adoradas latas de taurina. De bastante mala leche me levanto ya.
Seguramente sería más rápido hacer una lista de las cosas a las que no soy adicto. Acabaría antes. Les confieso que mi último descubrimiento es el red bull. No me llevo ningún tipo de comisión por escribir esto. Lo prometo.
Repaso las latas de sucedáneos en el supermercado. Todas y cada una. Hago tablas comparativas mentales. Cafeína. Taurina. Guaraná. Escojo la mejor relación calidad precio. Que rata soy. Las marujas comprueban asustadas que en mi carro sólo hay latas plateadas. Con una mirada escrutan mis ojeras. Seguro que es un tosicómano de esos (con ese y pronunciado con muy mala idea).
Acudo a mis citas post-sobremesa con una sonrisa en la boca. Mis amigos me saludan y con un ligero toque en su fosa nasal, se interesan por mi estado de salud. A mi no me parece de acuse de recibo andar de coca a la hora que salen los niños del colegio. A menos que te la pasen ellos. Nunca se sabe.
Por eso les cuento que he encontrado lo último de lo último en felicidad energética. Powerking. Misma composición. Mismo sabor. Mitad de precio. Me crecen las mismas alas. Y es que no hay que dejarse engañar por la publicidad. Te puede hacer desear cosas que realmente no necesitas.
O quizás las necesites. Pero no a ese precio joder. Lo dicho. Powerking.

enfant terrible *

Ni fu, ni fa

No me gustan las señoritas de tacones afilados que nada tienen que contar. No me gusta perder amigos. No me gusta la prepotencia de los ingenieros que me rodean. Yo no debería haber estudiado esta carrera. No me gusta supeditar mi felicidad a las seis cruces de la primitiva. Por si fuera poco, ahora me piden siete aciertos a nivel europeo. No me gusta amanecer solo y borracho. Debería dejar de beber. Colecciono deberías. No los cumplo. Nunca. No me gusta la gente sin sentido del humor. No me gusta mi cinismo. Soy un ser despreciable. Yo no me escogería como amigo. No me gusta ver llorar a una mujer. A un hombre sí.

enfant terrible *

16 de Febrero 2004

Huella

Se sedimenta, la noche en tus suelas. Cristales hundidos. Una colilla. Sangre. Bílis.
Acerca la nariz. Más. Hedor. Pasa la lengua. Si tu hígado fuera reversible sabría así. No es agradable. Tampoco lo es una foto de comunión sobre un nicho. Un traje de marinero y morir a los diez. Puedes apartar la vista. No por eso va a desaparecer.
El único testigo de lo que no quisiste ver anoche habita bajo tus pies. De poco sirven los cabezazos contra los baldosines. Eso no borra tu memoria. Colorea tu frente. Imbécil.
Tu nariz, cada vez más Sinatra. Tu voz, no.
Quemar tus botas no serviría de nada. Conseguirías otras. Te sobran dos pies y ganas de morir. Habrá que amputar. O comprarte botas nuevas.

enfant terrible *

13 de Febrero 2004

Vale por un viaje

Lo nuestro, una relación de coches de choque. El amor y yo llevamos una vida esquivándonos. Le miro con indiferencia. Me adelanta por la derecha. Me grita al pasar. En la feria y en la guerra todo vale. Menudo cabrón. Me tiene ganas.
Evito chocar frontalmente con él. Estas latas no tienen airbag. Yo no puedo costearme una rinoplastia. Su único objetivo, conseguir que la nariz sea lo que menos me duela. Las operaciones a corazón abierto nunca acaban bien.
Abandonaré esta feria. Quizás me esté oxidando con ella. Dejaré de comprar fichas. Ya encontraré la mujer a quien robárselas.
Mañana celebraré San Ballantines. La botella, mi fiel compañera.

enfant terrible *

12 de Febrero 2004

Esporas

Parejas que apenas se miran. Cenan y no se hablan. Él juguetea con su tenedor. Ella mira distraída su reloj cada tres minutos.
No están peleados. No vienen de un entierro. Simplemente no tienen nada que decirse. Cada uno busca un tema de conversación que evidentemente no propone. Quizás sea esa su forma de sentir el amor, en silencio, como las almorranas. Que escatológico. Parece poco romántico.
Me asalta la duda de sus actitudes sobre el colchón. A lo mejor tampoco se tocan. Seguramente carecen de sexo. Si fueran alados, se podría pensar que son ángeles. Me temo que son demasiado feos para serlo. Quizás se reproduzcan por esporas. Les voy a regar.

enfant terrible *

Perdedor

Entrar en el Planeta es como ir al bingo. Te miran con mala cara. Te preguntan si es la primera vez que estás allí. Te piden el deneí. Teclean el deneí. Deletrean tu apellido. Desconfían de tu foto.
La mujer de recepción sabe que mi relato no va a ganar. Yo también lo sé. La diferencia es que ella no lo ha leído. Le basta con ver mi cara. Supongo.
Sé que mi relato es infame. Aunque tampoco creo que pueda ser considerado como una amenaza terrorista, ni siquiera cultural. Por si acaso, me hacen pasar bajo un arco de seguridad, un detector de metales. No pita. Algo es algo.
Seis ascensores. Cualquiera de ellos es más grande que mi habitación. En las películas siempre follan en estos ascensores. Hay que ser muy precoz o entrar muy encendido, sino dudo que dé tiempo. Suben más rápido de lo que caían los cuerpos desde las torres gemelas. Además hacen menos ruido.
Planta sexta, aquí nadie va en silla de ruedas, eso debe ser en la cuarta. O quizás eso sólo pase en las películas del Bola. Vete tú a saber.
Otra recepcionista. Más redonda. Más simpática. Me mira con lástima. Todo el mundo parece saber que no voy a ganar ese premio. Que egoístas sois. Dejadme cantar aunque sea línea.

enfant terrible *

11 de Febrero 2004

Sin invitación

Si uno cuenta con los dedos los meses que preceden a Mayo, se da cuenta que soy un hijo no deseado. Nací de un error. De un calentón. De un polvo en la playa. Del alcohol y el todo vale. De un Agosto de imprevistos. Me he colado en la fiesta más divertida.

enfant terrible *

9 de Febrero 2004

Finjamos

Podemos mentir y afirmar que jamás hemos levantado la báscula del supermercado. Nuestra bolsa de tomates pesa un kilo menos, pegamos la pegatina con picardía y algunos céntimos de ahorro suben nuestra adrenalina.
Podemos ejercer de niños bien y asegurar que nunca hemos mingido en una piscina. Todos respetamos esa leyenda urbana del líquido que reacciona con la urea y colorea el agua. Mentimos. Meamos. Lo desmentimos. Seguimos meando. Silencio. Flotamos. Sonreímos satisfechos.
Aquella madrugada de Agosto, la felicidad pasó por escanciar lo etílico de la noche en la piscina. El ruido del chorrito cayendo desde el borde de la piscina sobre la quietud del agua. El silencio de las seis de la mañana y la mirada de aquella vecina madrugadora.
Que importa desde dentro o desde fuera si el cloro acaba con todo. Devuélvame el saludo amable vecina, seguramente sea usted mucho más discreta que yo, pero deposita su sangría don simón, en el mismo continente que yo.


enfant terrible *

5 de Febrero 2004

Acelera

Un desaprensivo trazó una línea continua en la carretera de tu vida. Tú decides si te la saltas.

enfant terrible *

Pánico

Expresión hierática tras un mostrador azul. Me da miedo, es gélida. Siempre me dice que le dé el deuvedé a ella, alega que el buzón de devolución no funciona. Y me asalta la duda de cómo se puede estropear un buzón, pero como me considero un tío educado obedezco, aunque no sin miedo.
Me acerco a ella, y esa ridicula gorra amarilla que forma parte de su uniforme de mujer-videoclub me descoloca, me desconcierta enormemente, en cualquier otra situación me daría lástima, vergüenza ajena, o cualquier otro de esos sentimientos que no enseñan en un colegio de pago.
Los seis pasos que me separan de ella los camino con la cabeza agachada, vestido de naranja chillón, con grilletes en pies y manos, con un número de identificación en el pecho, maldito corredor de la muerte. Visión de tunel, y al final ella, y no, para nada ella es mi última voluntad.
Le entrego la dichosa cajita exquisitamente cerrada, y el deuvedé rebobinado, se lo prometo. Ella roza levemente la punta de mis dedos, y en ese preciso instante, cual niño del sexto sentido, sabe exactamente acompañado de quien vi la película, es más, sabe que títulos soy incapaz de acabar, y algunos días incluso intuye mi menú.
He decidido que voy a acabar con este sinvivir, creo que a los veintidos aún no me merezco un marcapasos. Me he acercado a un pequeño videoclub que está a media hora de mi casa, de acuerdo, cerca no está, pero selecciono la cinta en una pantalla táctil mientras una amable voz metálica me informa del precio. Además cuando la devuelvo, tengo la certeza que ese video-cajero no hace uso de su bola de cristal. Vamos, eso espero.


enfant terrible *

3 de Febrero 2004

cero cuatro

Me da igual que seas bisiesto. No me impresiona que me concedas un día de ventaja, un veintinueve del dos. Yo ya te he regalado este primer mes, a estas alturas sería absurdo elaborar una lista de buenos propósitos, prometer que dejaré de beber mientras apuro un bloody mary.
Me tienes ganas y sé que cuentas con información privilegiada, lees los periódicos de mañana y ya has hecho un pequeño hueco para mi esquela. Enfant terrible lo quiero en negrita, pero no antes de cumplir los treinta.

enfant terrible *

31 de Enero 2004

dos pares tres euros

Debería deshacerme de estos calcetines modelo radiografia, no dejan lugar a la imaginación. Me gustaría amanecer y tener la incertidumbre de haber perdido dos dedos bajo la colcha, pero no, con estos calcetines es imposible jugar a la duda.


enfant terrible *

30 de Enero 2004

Perjudicado

Estoy orgulloso de mi mañana, no lo voy a negar. He sido capaz de despegar las vértebras del colchón después de haber dormido un par de horas. He llegado a la ducha tras atravesar un pasillo barnizado con los excesos de la noche anterior.
Con más agua y menos legañas, he osado dirigirme al banco con la inconsciencia propia de la resaca. Veinte minutos en una cola de pensionistas, ladridos propios de los sententaypico con dentadura postiza, y una pobre mujer que a juzgar por su aspecto, debería llevar unos doce o trece meses embarazada, una barbaridad.
¿Es usted el siguiente? Miro tras de mi, porque uno nunca se acaba de hacer a la idea de que lo traten con la misma educación que a su padre pese a ejercer de hijo poco solvente.
Me siento en una silla decorada con el logotipo del banco, y me parapeto tras mis gafas de sol ojerosas. Esté usted tranquila, doña Alicia, no me voy a poner una careta de presidente americano, no pienso atracarla, no, hoy no.
Me tiende mi nueva visa con carnet joven y me recomienda divertida que lo aproveche bien, que sólo me quedan cuatro años de juventud.
Me incorporo y la estudio, calculo que a ella le deben quedar unos menos veinte años de juventud, pero decido no parecer maleducado y no se lo hago saber. Me levanto, y para mi sorpresa soy capaz de pronunciar alguna muchisílaba (término que hace referencia a las palabras de más de dos sílabas pronunciadas con más esfuerzo que acierto los días de resaca). Perfecto (tres sílabas), muchísimas (cuatro, menudo alarde) gracias.

enfant terrible *

28 de Enero 2004

Papiroflexia

A mis ocho años, el sentido de la vida radicaba en entender como las dependientas de Zara eran capaces de doblar en sólo tres movimientos una camiseta. Podía pasar horas tratando de descubrir cómo lo hacían mientras mi hermana se probaba todas y cada una de las prendas de la tienda, todas las tallas, todos los colores.
Ahora que no son ocho, sino algunos más, mi estupefacción por ellas alcanza las mismas cuotas. Aunque la última vez que me enamore de una de ellas, de su máscara de pestañas, de su sonrisa profesional, de su firme aquí, acabé comprando toda la sección masculina, bueno, y la mitad de la femenina también. Quizás fue eso, lo que le indujo a pensar que un poquito travelo si que era. Y yo, sólo quería su firme aquí. Gracias.

enfant terrible *

27 de Enero 2004

Abierto toda la noche

Ayer mientras leía 'Abierto toda la noche' de David Trueba me encontré con lo siguiente: "..no olvides que las relaciones sentimentales son, en realidad, una afirmación del egocentrismo..".
Es algo que he defendido siempre, y que muchos se han empeñado en rebatir, seguramente con razón y argumentos muy válidos. De todas formas, me complace comprobar como mi supuesto cinismo es compartido por alguien más.

enfant terrible *

25 de Enero 2004

traidor

Sé que estás ahí, detrás del espejo. Eres tú quien pinta las imágenes reflejadas con la precisión de un trilero y las malas artes de un cirujano. Eres un voyeur que lee en braile, pareja de cartas del tiempo. Agudizas mis entradas, amarilleas mis dientes, me añades tiramisús que yo no he probado.
Cínico y pluriempleado. Publicista de cremas antiarrugas, escritor de dietas en dominicales, empresario de las liposucciones. Desde hoy estás en paro. Desafío a tus siete años de amenazas veladas.

enfant terrible *

23 de Enero 2004

Martina

No estaba previsto, pero ayer cené con Martina Klein. Llegué al restaurante poco después de las diez. Me recibieron con miradas reprobatorias, no había reservado mesa, pero de algo debe servir eso de ser cliente habitual. Un hueco me podréis hacer, acierto a decir con más cara de hambre que de pena, a los dos minutos vuelven a por mi. Has tenido suerte, pero no nos lo vuelvas a hacer. A sus órdenes mi capitán!. Se girá y me gruñe. Debería tener cuidado con esa camarera, da con el perfil exacto de psicópata de peli de sobremesa.
Todo lleno, una mesita de dos en la esquina, mucho humo, demasiado ruido y como siempre, pocas nueces.
Un par de mesas de guiris, unos rusos y otros alemanes, les delata esa nariz en carne viva. Más allá una cena de empresa, informáticos seguramente, calvos y rechonchos, chistes sobre windows, menudo lince estoy hecho. En otra mesa, un enano le clava el tenedor a su hermana en el culo, ella llora y él disfruta, menudo cabrón.
Y entre toda esa vorágine está ella, suéter blanco y vaqueros, apenas maquillada, el pelo recogido, sencilla, natural, belleza en estado puro. Está colgada en la pared, en un cuadrito, el marco de apenas dos euros le desmerece, sobre la fotografía agradece al personal del restaurante lo bien que se portaron con ella, firma como Martina, letra regordeta y ligeramente inclinada hacia la izquierda.
Es un encanto, nos pasamos la cena hablando, picotea de vez en cuando de mi plato y hay que joderse lo que le gusta el vino a la argentina. No toma postre. Le invito y me lo agradece, le sonrío y me voy.
Tendría que dejar de cenar sólo, es ciertamente deprimente. Aunque mucho me temo que no tardaré en volver a ese restaurante, esta vez prometo reservar, pediré la mesa de Martina.

enfant terrible *

31 de Diciembre 2003

cabrón

El viernes murieron cincuenta mil iraníes en un terremoto. No somos más que marionetas. Si existe un Dios, tiene parkinson.

enfant terrible *

30 de Diciembre 2003

déjà vu

La nochevieja de mañana ya la hemos vivido, os lo digo yo. Conversaciones repetidas y decálogo de lo escatológico con un racimo de uvas. Presentadores con capa y tapones de champán que aniquilan bombillas. Corbatas horteras y humoristas que invitan al suicidio. Recibiremos saludo de quien habitualmente nos lo niega, besos pegajosos, y capas de maquillaje. Nos beberemos hasta el agua de los floreros, y los canapés se convertirán en proyectiles de una guerra etílica.
Me aburre lo previsible y más esa falsa felicidad de la que parece contagiarse todo el mundo. Para mi cada noche es fin de año, San Juan, tu cumpleaños, el mío, tu despedida de soltero, la firma de tu contrato vitalicio, tu divorcio.

enfant terrible *

28 de Diciembre 2003

reincidente

La noche es esa mentira por la que me dejo seducir, pero a la que soy incapaz de escapar.

enfant terrible *

27 de Diciembre 2003

fuck me, i´m famous

¿Saben ustedes que sucede cuando una persona de a pie decide compartir sudores una noche con un famoso que se precie? Pues algo tan romántico, como que le hagan firmar un contrato de confidencialidad en la recepción de un hotel. Inaudito. Alguien que acompaña al famoso (imagino que algo así como su representate legal para asuntos del precalentamiento) saca de su maletín una pluma y un contrato, que evidentemente la otra parte no lee, pero personalmente mataría por saber que tipo de cláusulas se le ponen a los arrebatos.
Espero no haber metido en un lío a la adorable petite femme fatale, porque intuyo que yo no debería saber nada de todo esto.

enfant terrible *

25 de Diciembre 2003

semidesnatada

No apilar más de seis cajas. Contiene 12 unidades de un litro. Acostumbran a usar los cartones de las cajas de bricks de leche. El cartón es mucho más resistente que el que empaqueta botellas de aceite o frutos secos. El bolígrafo no resbala sobre su superfície y así no se agujerea al escribir sobre él. 'Tengo una familia y dos hijos, pido una ayuda para comer'. Miles de variantes para un mismo mensaje, faltas de ortografía pretendidas o no, frío en los pies, hambre de ayer.
La boca del metro, un semáforo, el gris de la acera, y ellos. Parecen parte del mobiliario urbano, figurantes de una mala escuela de teatro, se vuelven invisibles a nuestros ojos.
¿Por qué gastarán tanto dinero esos señores de Hollywood en retoque por ordenador? En aceras y bancos si afilan la vista los encontrarán, son sus óscars a los mejores efectos especiales, personas invisibles en forma de indigentes que esta noche tampoco cenarán.
¿Lo más curioso? Madres de familia que por arte de magia recuperan la visión, la pócima no pasa por una visita a Multiópticas, mucho más sencillo que eso, basta con colocar entre la manta y el cazo de las monedas un perro o un gato, preferiblemente modelo pasarela, es decir, marcando costilla. Con esa sencilla campaña de márqueting verá usted señor vagabundo cómo recupera su corporeidad así como sus ingresos se ven incrementados de forma notable, quizás tenga algo que llevarse a la boca antes de acostarse entre cartones, en esta ocasión de los que embalan neveras, que tienen la dimensión idónea para taparse por completo.
Triste, muy triste.

enfant terrible *

20 de Diciembre 2003

Total a pagar:

Estoy pagando las clases de violín a los hijos de Schumaker, patrocinando los injertos de pelo de Barrichelo, su novia me está enormemente agradecida, ahora lo encuentra mucho más atractivo. He decidido dar vacaciones a todo el equipo Ferrari, no os preocupéis, ya me encargo yo de pintar todos los chasis de rojo.
Financio también la casa desde la que Beckham vacila del clima español a sus amigos los guiris con cara de nube. No negaré que un detallito con Victoria también he tenido, soy un chico educado y de buena familia.
Esos anuncios y promociones que copan vallas publicitarias, segundos de televisión, y minutos de radio.. evidentemente son cortesía de enfant terrible.
Los programas de puntos, llamadas a un céntimo, y demás ofertas capciosas, son mi ultimo detallito con la compañía en cuestión, y es que estoy dilapidando la herencia de mis futuros hijos en Vodafone.
La factura no pasa por ser un sobre más en el buzón del debe, sino que un repartidor se encarga de llamar a mi puerta con un paquete bajo el brazo. Treintaycuatro hojas de factura no caben en un sobre medio. Siempre le doy propina, total, invita Vodafone.

enfant terrible *

juana

Paredes desconchadas, ventana de palmo por palmo, tres barrotes tras
ella. Una Silla, una mesa, y una cama, todas ancladas al suelo.
Humedad en los huesos, mirada huidiza y parpadeos convulsivos.
Tobillos y muñecas amoratados; cada noche la atan en la cama, forcejea
y se revuelve, pero bastan dos celadores para que las correas asfixien
su circulación, sus músculos han perdido toda la fuerza, su voluntad
se diluye con calmantes.
Araña frenéticamente la silla, ojalá fuese de madera y pudiera
clavarse las astillas bajo las uñas, ha olvidado lo que es el dolor,
ansía autolesionarse, pero todo está estudiado al milimetro, nada
con lo que rajarse las venas, cualquier intento de golpearse contra la
pared es en vano.
Llagas en el abdomen, vertebras que se quebrantan, y lágrimas que deshacen su piel, alucinaciones provocadas por sedantes, ansiolíticos, y el maldito carbonato de litio.
Su vida es una anestesia local, una privación sensorial.
Nadie merece enloquecer, y menos por amor.

enfant terrible *

13 de Diciembre 2003

asfalto

A tí, conductor aburguesado de taytantos, propietario de un Mercedes modelo Lady Di, fumador baboso de puros, y déspota por naturaleza, te pido, te ruego, y en parte exijo que no me mires por encima de esas ridículas gafas, y si puede ser, tampoco por encima del hombro cuando lleguemos a un semáforo.
A tí, que con desprecio opusionao humillas a vendedores de farolas y demás profesionales del paso de cebra, que deslumbras con faros de xenon a señoritas que tu dinero no puede comprar, te aconsejo que no trates de adelantarme, que no te fíes de tu curva de par ni de tu tecnología alemana, que olvides las palabras del vendedor dinámico y elegante del concesionario porque en ciudad todos los motores optan a la pole.
Adoro perderte por el retrovisor.

enfant terrible *

10 de Diciembre 2003

feliz navidad

Cientos de esquirlas hundiéndose bajo tu piel, proyectiles de cristal que desgarran tejidos y cercenan una vida. Sangre y sudor, pupilas inertes, una melena sobre el volante. Treintaysiete años que se deshilachan en un Lexus.
Resignada contemplas el constante goteo de muerte sobre el salpicadero (por fin entiendes el verdadero significado de la palabra, quizás no merecía la pena morir por ello). Reconoces enseguida ese sonido, es el grifo de tu casa, siempre goteaba, lo escuchabas hipnotizada cuando eras una niña de coletas y uniforme. Recuerdos de una infancia. Un colegio de pago, y una cartulina blanca con purpurina roja espolvoreada por encima. Ahora es tu sangre la que con violencia decora la tapicería. Gotas caprichosas y cínicas que dibujan la costa Azul. Ya no habrá navidades con tu hija en Francia, le acabas de regalar demasiadas preguntas a una niña de cuatro años.


enfant terrible *

6 de Diciembre 2003

en deuda contigo

Los dos sabíamos que aquello era una quiniela de uno fijo, no habría sobresaltos ni lágrimas inesperadas, contábamos las noches planeando como suicidar una relación que nació muerta.
Esta vez se llamaba Claudia, vestía de Dolce & Gabbana, y se reía de forma infantil. Pura dulzura. Rubia y 'con los morros retocados', como tanto le gustaba decir, aunque siempre pensé que la boca no era la única parte de su cuerpo que intimó con el bisturí.
Desde su metro setenta y sus cincuenta quilos tan políticamente incorrectos se comía el mundo, sin contemplaciones pero con mucho desparpajo.
Fumaba compulsivamente, eso sí, Marlboro light, que el otro mata. Se engañaba a base de potingues caros, y falsos amigos; ellos ansiaban sexo, y ella moría por dosis de cariño.
He vuelto a ejercer de kamikaze sentimental, de adicto a las rupturas, he preferido no leer entre líneas, me he limitado a pasar página y dejar un beso en el anverso. Pura cobardía.
Quizá debería perderle el miedo al abismo que me produce la gente que ama sin concesiones, que hipoteca una vida al amor.. Yo, que soy incapaz de pagar ni siquiera la primera letra.

enfant terrible *

29 de Noviembre 2003

inflexión (punto de)

la soledad es esa mujer de ojos verdes, que llega ahora, cuando ya no la esperas.. la soledad es esa vida que tanto asusta, esa mentira a la que aferrarse.. la soledad es un flotador que termina hundiéndote, miradas compasivas desde una orilla de irrealidad..
lágrimas reprimidas y vasos de whisky, puñetazos en un espejo y sangre
que no brota, un corazón que ya no sangra.
la soledad es tu numero de teléfono en el dorso de un posavasos

enfant terrible *

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