12 de Agosto 2022

klapparstigur

Un frío de los que te abre la cabeza como una radial a una sandía. Un corte limpio y dentro no queda nada. Sólo frío. Y el viento que cepilla el interior del cerebro, como un rastrillito a un jardín zen. En las miradas sólo hay alcohol. Y nada más. Ni deseo, ni pena, ni visceralidad, ni euforia. Nada. Sólo alcohol. Como si se hubiera cortado el cable submarino que une el ojo al cerebro. O simplemente que hace tanto frío en el jardín rastrillado que las imágenes se procesan sin ningún tipo de interés.He pagado dos mil coronas por una mala cerveza. Pero el casco vikingo tallado en el vaso me devuelve el buen humor. En la calle nunca es de noche, pero tampoco de día. Llevo lunas sin ver la luna. A través de esta persiana tableteada veo que al otro lado de la calle la única luz es la de una bicicleta mal aparcada. El repartidor ha aparcado rápido, bajo el letrero azul de la calle Klapparstigur. Trece letras, me ha costado contarlas. He tenido que guiñar un ojo. Primero el izquierdo y después el derecho. El repartidor no aparece y la luz de la bicicleta es cada vez más tenue. La cerveza está por debajo del casco de vikingo. Ahí fuera, el frío te abre la cabeza como una radial. No sé por qué, pero no estoy demasiado preocupado. No anochece, ni siquiera en mi cabeza.

enfant terrible,
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