15 de Enero 2019

pétalos

Donde todo da igual. No florece rabia, ni aspavientos, ni pétalos que dejen imaginar otro mundo. Ni siquiera luz a través de los párpados y los ríos de arterias que tiemblan en cada movimiento ocular dormido, como una crecida de un río que nunca llega. Después la linterna se aleja de la retina como un plano secuencia en una película de acción. Y recobrar el sentido tras el fondo de ojo y las pulsaciones del índice y anular contra la sábana. Deditos contra el piano invisible del tiento, cada vez más hondos, hasta recuperar la noción del pulso. Notar el latido de nuevo, en la sien, los bocados contra el cráneo.
Y la extraña mueca, contra ti mismo, de recuerdo esta sensación; no sé cuántas veces he resucitado ya, ni cuántas más pueden quedar. Conozco esta veta, sé perfectamente cómo acariciarla sin dejar que me engulla. En la oscuridad, la única forma de notar la tierra mojada es hundiendo los pies desnudos en ella. El olor es indescriptible, como cualquiera que no enturbia la mirada.
Ya no disparo bengalas. Soy la bengala. Y en tu mirada, cada vez que la creas extinguida, y estéril, y vacua en un cielo mudo, y en un mar drenado, voy a esperar a que sonrías para recordarte. Que hacía falta mucho más para enterrarme.

enfant terrible,
comentarios
comentarios