17 de Octubre 2018

cerillas secas

No es hedonismo, es destrucción. En la noche, todo el mundo persigue su parcela de demolición sin ningún tipo de pudor, ni traba, ni estigma social. Las cabezas inflamables, arden, entran en combustión, iluminan los callejones en los que nadie se adentra, como cerillas secas que prevén una tormenta en cuanto amanezca.
Nos sentamos, ante barras de madera astillada, y poco a poco reconocemos nuestra alma, revelada, bajo bombillas rojas, en habitaciones oscuras, e impresa en papel fotográfico, y recortada en forma de posavasos.
La destrucción siempre es algo personal. Pero el cerco de alcohol, en torno a quien deberíamos ser, siempre endulza el recuerdo. Y las gotas de condensación
abomban las facciones de lo ya irreconocible. Las moscas, siempre carroñeras, se posan sobre la línea discontinua y dulzona de la pista de aterrizaje que parpadea en la noche. Y con una extraña condescendía decidimos no ahuyentarlas, convencidos que su esperanza de vida es inferior a la nuestra. Seguramente porque olvidamos que. El alcohol te convierte en inmortal hasta que te mata.

enfant terrible,
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