13 de Septiembre 2018

cause

La voz que escuchaba provenía de la radio pero estaba dormido, y eso no lo sabía, claro, e incorporé aquella voz al sueño. Hasta que me he ido despertando, poco a poco, junto a la voz, y he pensado en ti de un modo impreciso, quizá porque la voz se daba un aire gangoso e, incluso, podía notarse en las pausas, una forma similar de tragar saliva. Son las siete y media y llego tarde, como siempre. He pensado en la dimensión de tus dientes, y después ha empezado a sonar Cause de Sixto Rodríguez, y aunque en el fondo todo el mundo parezca estar buscando a su propio Sugar Man, cause my heart´s become a crooked hotel full of rumours, es tan incierto el futuro que todo el mundo parece querer agarrarse al pasado como un clavo ardiendo, y no sólo agarrarse, sino clavárselo en la mano de apoyo, como un Cristo alpinista, con un extraño complejo mesiánico para salvarnos a (y de) nosotros mismos.
Ha llovido esta noche, lluvia amarilla, como en la historia de Julio Llamazares. Y es que últimamente todos los días nublados se cromatizan. Y si, en realidad, somos sólo las sombras arrojadas, de las almas que pendulan, cogidas con dos deditos, de todas las cornisas de la incertidumbre, habrá que aprender a valorar cada rayo de luz que llegue al diafragma, aunque sea amarillenta e incierta. Sólo es liturgia.
Prefiero echarte de menos de noche, aunque la alarma siempre suene a las siete y media de la mañana.

enfant terrible,
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