23 de Agosto 2018

polinización

El zumbido del aire acondicionado está aplanando todas las conciencias, las calma, las riega. El frío, en las noches calurosas, se posa sobre las frentes, y concede la auto indulgencia. Te perdono, me perdono. Un beso en la frente. Todo ha pasado. Cierra los ojos.
El problema de la maldad, cuando la recibes, no es cómo te afecta, sino en quién te convierte. El hecho puede ser doloroso, pero la pregunta es quién serás tú después del hecho. Qué persona serás después de recibir el dolor e incorporarlo a tu torrente sanguíneo del día a día. Y, sobre todo, si serás capaz de expulsarlo, en algún momento, del organismo, y tendrás la fortaleza suficiente para no seguir propagando la cadena de maldad.
Es difícilmente aceptable la recepción del dolor, no por la punzada, sino por la incomprensión. Porque albergamos, supongo, el convencimiento, de no merecer el dolor. Nunca, en ningún caso, y bajo ninguna forma.
Después, el viento fresco, separará las paredes de los cráneos, proporcionando alivio en los ceños fruncidos, y las almas compungidas, y con el soplo repartirá pétalos de tulipanes que se posarán sobre las frentes de humanos, tanto despiertos como dormidos. Tranquilizándolos y proporcionándolos la energía necesaria, para cuando llegue el invierno. Y puedan seguir en su lucha, unos repartiendo maldad, y otros encajándola. En una diáspora continua de visceralidad y sumisión. La polinización del mal. Iniciada por el zumbido del aire acondicionado en una noche calurosa.

enfant terrible,
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