16 de Agosto 2018

Heineken

He conocido a una mujer que deambulaba perdida en una rotonda. Una octogenaria holandesa que se ha alegrado mucho cuando le he respondido que sabía algo de inglés. Me ha explicado que tiene Alzheimer y por eso no es capaz de recordar el camino de vuelta a su hotel. A lo que en seguida he pensado que alguien con Alzheimer no suele decir que tiene Alzheimer, pero he intuido que únicamente quería justificar su desorientación que sí parecía totalmente cierta. Y más cuando me ha tendido la tarjeta de su hotel, y me he dado cuenta que estábamos a unos cuatro kilómetros de la recepción en sentido opuesto. Le he dado el brazo y en seguida lo ha cogido risueña y cariñosa. Hemos andado como alguien a quien le falta una abuela y como alguien a quien le falta un nieto. Me ha preguntado por la situación económica en España, por la tasa de paro, muy preocupada, y me ha dicho que si necesito algo, puedo ir a trabajar a Holanda, que allí las cosas están bien, y que alguien fuerte como yo encontraría trabajo en la construcción, me ha dicho, mientras me cogía fuerte del brazo. Me he reído pensando en lo agradable que es esta buena mujer y por un momento me he imaginado, subido a un andamio, en un pueblecito cerca de Rotterdam. Yo, que sería incapaz de poner un ladrillo recto y tengo miedo a las alturas. Después, Mary, que así es como se llama, me ha dicho que su novia la estaba esperando en el hotel. Ha insistido un par de veces en dejar claro que era novia y no novio, my girlfriend, not boyfriend. Y se reía coqueta y traviesa, cuando me ha explicado que su novia se había roto una pierna, y sus muletas y ella estarían tomándose una pinta de Heineken en un barecito junto al hotel. Esa es la explicación de por qué no puede venir a buscarme, yo estoy perdida y ella borracha. Como casi todos, he pensado. Cuando hemos llegado tras cuatro kilómetros de confidencias, hemos visto unas muletas en una silla verde de plástico. En la mesa, una pinta vacía en un vaso de Heineken. Mary me ha dicho que la espuma de la cerveza holandesa es casi tan breve como la vida. Siéntate con nosotras, que apenas me has explicado nada de ti.

enfant terrible,
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