15 de Agosto 2018

voz

Algún día te explicaré que guardo nuestra última conversación en un archivo de audio como oro digital en paño. Que la mayoría de veces la utilizo como un bálsamo mental para cuando las cosas se ponen complicadas. Que si me dieran un lápiz y un papel podría reproducirla entera. Poniendo un guion al inicio de cada tramo de conversación. Podría dibujar incluso los silencios. Tengo pensado qué símbolo utilizaría para representar tus silencios y cuál para los míos. Tus elipsis requieren más grafito que las mías. Son más elaboradas, más precisas, menos dubitativas. Y eso gasta mucha punta de lápiz. Algún día nos tumbaremos juntos mirando al techo de la vía Láctea y te explicaré que. Esta es nuestra última conversación; la he escuchado prácticamente cada día desde la última vez que nos vimos. Después, buscaré la nota de audio, la reproduciré, y tú la escucharás, con los ojos muy abiertos, como cuando te concentras en una hecho pasado, asintiendo a tramos. Sé qué apenas recordarás nada. Mientras tus ojos se ríen con mis tonterías, para disimular el olvido. Seguramente yo vocalizaré en silencio cada parte del diálogo que acabé aprendiendo de memoria, como un niño su papel en la obra de teatro de fin de curso. Como un mantra. Que me mantuviera vivo hasta llegar aquí. A nuestro mirador de la vía Láctea. Aunque vayamos a llegar tarde, como estrellas extinguidas, mirando hacia la tierra, a dos idealistas tumbados, contemplando su destrucción en una última nota de voz.

enfant terrible,
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