14 de Agosto 2018

mariscal

Se están empezando a derretir los tejados como cera roja de velas de iglesia. Las gotas de ladrillo caen hirviendo sobre la chaqueta azul de alguien que debió ser un hombre hace un tiempo. El mariscal está en el suelo y sabe que en el algún momento se levantará, pero también sabe que la única misión de un mariscal es no caerse jamás, aunque a él nunca le hayan gustado las jerarquías militares, ni tampoco entienda quién le metió en esta guerra. Lleva meses en el suelo, con la chaqueta roída y sucia, para alegría de muchos, que le miran con el desprecio de quien se sabe ganador o, al menos, del que se cree a salvo. Obviando la vulnerabilidad propia, y escupiendo muy cerca de todas las heridas del derrotado. Pero cuando por fin vuelve la lluvia y el frío, el mariscal se levanta, y cuando todos corren a resguardarse bajo los soportales, se pregunta si realmente creían que sólo con el desprecio, iban a ser capaces de enterrarle. La lluvia se ha llevado el polvo de la chaqueta, ha solidificado las gotas de cera, y empapado las manos de un hombre que antes fue bueno. Al hombre que nunca fue un mariscal de guerra, le da miedo haberse convertido en un verdadero mariscal. Hay mil formas de truncar un alma buena, y convertirla en todo lo que le aterra.

enfant terrible,
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