5 de Agosto 2018

restauración

Mi último punto de restauración se sitúa 12 años, 4 meses, y 21 días atrás. A las 18h24 de un Viernes de Marzo de 2006. En el segundo vagón de un Regional Express. Ese es el último punto de restauración al que el sistema operativo de mi cerebro me permite volver atrás. Después de eso no hay nada, porque aquella fue la interrupción definitiva que lo cambió todo.
Estaba leyendo Lunar Park de Bret Easton Ellis, en el espacio que queda entre dos vagones, porque como casi siempre el pasaje estaba completo, y me gustaba aislarme, en cierto modo, en aquel hueco. Estaba sentado en el suelo cuando recibí la llamada. En ese momento, mientras escuchaba tu voz apagarse, aún no lo sabía, pero se estaba creando un punto de restauración en mi cabeza.
No me di cuenta hasta ayer, creo, o al menos no lo quise asumir así, pero estaba empaquetando cajas, recogiendo todos los libros que rodean la cama, para esta que va a ser la mudanza definitiva, y encontré dos ejemplares de Lunar Park. Eran ediciones idénticas, de tapa dura. Una con las esquinas de algunas páginas dobladas y algún arañazo en la portada, y la otra perfectamente nueva e inmaculada.
Era incapaz de entender por qué había un segundo libro. Yo no lo había comprado y tampoco era tuyo. Me senté en el suelo, como aquella tarde en el espacio que separaba los dos vagones, y pensé que, quizá, ese segundo libro era una forma de saber qué hubiera ocurrido si aquella tarde yo no hubiera sido capaz de evitar tu suicidio.
Se habían desdoblado los caminos en mi cabeza y sólo existía un punto de restauración muy lejano, al que era evidente mejor no volver, pero que lo cambió todo. Bajé de aquel tren y supe que tenía que dar la vuelta. Lo que no sabía es hasta donde me iba a llevar. Y ahora me estoy empezando a dar cuenta.

enfant terrible,
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