26 de Julio 2018

lapislázuli

La resurrección la imaginaba de otro color, pero nunca lapislázuli. Después, entiendes que la diferencia entre el pesimismo y el optimismo, puede ser solamente un cambio de rasante. Quizá la única forma de sobrevivir es decidir a qué mundos no quieres pertenecer. Y mirar con escepticismo, por la ventanilla, pero siempre con el brazo dentro, nunca colgando por fuera, porque recuerdo aquellas horribles imágenes que a veces me enseñabas en libros de medicina, y tu voz, delicada e implacable, si sigues conduciendo con una mano, acabarás tecleando con una mano. Y sonrío, ahora que no estás, cuando veo la mano izquierda sobre el volante, y muevo los dedos, como si tecleara en el aire, y pienso que quizá sea un despropósito muy útil, poder seguir escribiendo sobre ti, con ambas manos, y tu total ausencia.
Cuando miro al horizonte, veo cómo amanece lapislázuli. Cuando miro por el retrovisor, veo el asfalto ondulado, y recuerdo el dolor, en cada cambio de rasante.
Está la luna tan bonita, que uno no sabe a qué mundo quiere pertenecer. Así que conduzco a una velocidad constante, con la idea más romántica que científica, de que si la aceleración es nula, tu recuerdo será siempre el mismo y no habrá mundos que descartar.

enfant terrible,
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