25 de Julio 2018

scroll

Está buscando un cerebro de segunda mano en una de esas plataformas de intercambio de objetos que ya nadie quiere. Por la forma en la que hace scroll, con el dedo índice barriendo la pantalla de abajo a arriba, parece no tener prisa, lo que nos llevaría a pensar que es una decisión muy meditada, y eso, a su vez, quizá a plantearnos para quién es el cerebro, porque parece que el suyo funciona relativamente bien.
O quizá no sea un problema de funcionamiento, sino de recuerdos, y esté pensando en la sustitución, porque al coche no le falla el motor, pero sí necesita un nuevo olor, porque la tapicería apesta a pasado, y ya se sabe, que el olor es el sentido más evocativo.
Así que, al alzar la vista de la pantalla negra, al enfocar al mundo real, ha visto que las ramas del pino están quemadas, debido seguramente a estas mañanas terriblemente calurosas, y ha cerrado los ojos para tratar de evocar el olor de un Febrero nublado, hostil, y muy lluvioso, diríase que escocés, y al abrir los ojos he intentado recordar el olor de la lluvia sobre la tierra mojada, con el único recurso de la imaginación y una regadera oxidada.
Qué extraña la vida, por sencilla, cuando cualquier sensación es intercambiable, y sustituible, en una de esas plataformas de segunda mano, donde no importa si vendes un cerebro o buscas una pituitaria porque, en el fondo, todo el mundo busca el olvido, y el permanente reseteo, porque considera que las ramas de su pino se merecen no estar quemadas, y la tapicería de su cabeza, perfectamente ventilada.
He enterrado el teléfono, después de escarbar mucha tierra, lo más hondo que he podido, justo al empezar a notar las raíces del pino con la punta de los dedos. Aquí nadie podrá deslizar el dedo sobre la pantalla de mis recuerdos. Poco después, ha empezado a llover.

enfant terrible,
comentarios
comentarios