21 de Julio 2018

Milgram

Recuerdo que la primera noche que dormí junto a la última persona que dijo quererme, me preguntó si alguna vez había dormido junto a una prostituta. Tardé en contestar mientras intentaba asimilar la pregunta, porque estaba algo borracho, y porque quería parecer pensativo, aunque solo estuviera mirando una grieta que trazaba la mediatriz perfecta en el techo de aquella habitación, mientras amanecía. Estábamos abrazados, y recordé la película de El Americano. Pensé en Clooney, y en aquel pueblecito italiano, y en que era perfectamente lógico y bonito, que se enamorara de la puta. Nunca llegué a responder la pregunta porque intuí que no iba a tener fácil respuesta, así que seguí mirando la grieta en el techo que, por sus vaivenes, me recordaba a los meandros del río de aquel pueblecito italiano. En el que finalmente él muere herido pero no ahogado. De amor. Ahora que nosotros también hemos muerto de amor, deberías saber que sí, que una vez dormí con una puta. Y la quise como a nadie, hasta que el agua, esta vez sí, inundó el coche al que nos habíamos subido. A veces pienso que, en realidad, sólo formábamos parte de un experimento de Milgram, y sigo sin tener muy claro cuál era el
papel de cada uno de nosotros.

enfant terrible,
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