12 de Julio 2018

cerebros_hackeables

Desde que los cerebros son hackeables, la única forma de preservar los secretos y las mentiras, es que los hechos que tratan de ocultar no hayan tenido lugar. Porque cualquier partícula de información es extraíble. No importa lo recóndita que crea el humano medio que esa información reposa, enterrada en un descampado de su cabeza, porque alguien será capaz de encontrarla. Es una mera cuestión de tiempo y el principal problema es que aún no somos capaces de borrar recuerdos a voluntad del sector del disco duro en el que sabemos que hemos enterrado esa información. Y el simple hecho de que el recuerdo en sí exista, lo convierte en un objetivo, y por lo tanto, nos hace vulnerables, a cualquiera capaz de hackear nuestro cerebro. Así que la única forma que no se sepa algo, no es ni siquiera que no haya sucedido, sino que ni siquiera lo hayamos imaginado. Porque si es así, quedarán restos en la parte más volátil de nuestra memoria, la que recuerda simplemente por haber proyectado. Así que sí, eso en lo que estás pensando ahora mismo, que creías que no sabía nadie, eso que estás recordando y proyectando en este preciso instante en el lóbulo frontal, como si fuera la pantalla de un cine de verano, acaba de indexarse y almacenarse, gracias a las arañitas invisibles que recorren todos los subconscientes robando recuerdos y secretos. Hoy, la mentira no existe, ni siquiera por omisión.

enfant terrible,
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