10 de Julio 2018

julián

Han caído un par de gotas cuando atardecía, hoy que alguien había anunciado muy preocupado que una ola de calor cubriría las cabezas de la ciudad. La acera bajo la cornisas está seca y el resto de la calle moteado de agua, como cuando un niño hace un dibujo puntillista para acabar rápido. Han sido pocas gotas pero gordas, así que quien haya dibujado la lluvia de esta tarde, ha acabado rápido la tarea.
He vuelto a mirar a la zona seca, porque en un portal de esta calle empinada, como en los últimos cinco años, se resguarda Julián, que nunca pide, pero siempre mira con hambre cuando pasas junto a él, y sonríe tímidamente, porque una vez me explicó que no se atrevía a pedir, pero si alguien tenía a bien ayudarle, iba a ser muy bienvenido, claro. Y sorprende la expresión tener a bien, que suena a castellano antiguo, ahora que ya nada suena a nada. Ni el lenguaje, ni el dinero, ni la bondad.
Así que me he acercado a él, como la mayoría de tardes, al salir de tomar café, para darle una moneda. Y esta vez, antes de que me diera tiempo a meterme la mano en el bolsillo del pantalón, ha puesto su mano sobre la mía, me ha parado y me ha dicho, te debo dinero, de aquella tarde que me fue francamente mal y te pedí que me ayudaras porque estaba siendo una época muy dura, y recuerdo que lo hiciste sin rechistar, así que me gustaría que saldáramos la deuda.
Le he dicho que no tenía sentido, que todo el mundo sabía que las deudas nunca se saldan, y se ha reído. Después me ha explicado que lo último que recuerda de su hijo es una tarde de verano, de esas en las que llueve poco, pero con gotas gordas, el niño, me ha dicho, fue hasta el quiosco del camping para comprar un helado, y nunca más lo vimos. Mi mujer me abandonó después de aquello. Y los dos nos hemos quedado muy tristes, mirando al suelo, la acera seca y la acera mojada, sin saber qué decir, con los ojos algo rojos. Y el dolor que le imaginaba debía ser tan grande que egoístamente he sentido cierto alivio por mí, he podido respirar al fin, y mis problemas se han disipado, como la burbuja de aire, que se escapa del cuerpo de un pez, que boquea y no sabe por qué.

enfant terrible,
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