28 de Junio 2018

identidad

La pérdida de la identidad supongo que es algo parecido a mirar al trasluz el negativo de una foto en la que sabes que apareces tú, pero en la que eres incapaz de reconocerte. Independientemente de lo mucho que muevas la película fotográfica para que la luz incida de distintas formas y ángulos, cambiando los cianes y los magentas, con la esperanza de que eso mueva la boca e incluso dibuje una sonrisa, o achine los ojos dándole cierto optimismo a las facciones serias. Puedes seguir mirando el negativo al trasluz durante horas, mientras atardece, y poco a poco, desaparece la luz, hasta que te das cuenta que es en ausencia de ella, en la noche cerrada, cuando por fin, y más allá de la literatura que haya en cualquier luna llena, el negativo ya no permite que la luz pase a través de él, y la empieza a reflejar, y conforme más lo ondulas con pequeños movimientos de muñeca, empiezas por fin a verte reflejado en él. Y te asustas, como cualquier animal que bebe, con los ojos cerrados, de un río, hasta que los abre para tomar aire, y en ese lapso de tiempo se asusta ante su reflejo porque no entiende que pueda ser él.

enfant terrible,
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