6 de Junio 2018

sincronía

En realidad es un problema de sincronía. Siete mil quinientos millones de cabezas orbitando, unas alrededor de otras. Con el convencimiento que debe buscarse la probabilidad de detenerse junto a una única cabeza en concreto. En el momento preciso en algún punto de la malla invisible que nos une. Y todas las pequeñas colisiones, que no son, sino interrupciones eléctricas, borrones en el mapa de la gran ruta, pequeños puentes rotos, hacia la orilla definitiva. Como observador, no voy a intentar, en ningún caso, manipular tu espín individual. Simplemente, me voy a sentar en este campo de hierba recién cortada que no existe, a observar el momento angular de tu melena, de tu sonrisa, viendo cómo te columpias, divertida, mientras la música del aspersor que riega el jardín, te salpica los pies, y sigue sonando, hasta que cada cabeza escoja su silla. Y, ante los altibajos, los latigazos, los movimientos de serpiente de la malla invisible, que repta, y se agita, me protegeré de la cinética y los vaivenes. Con la apuesta callada, encerrada en un puño, de uno contra siete mil quinientos millones. Y, cuando la hierba recién cortada huela a decoherencia cuántica, cerraré los ojos, con el convencimiento de que la probabilidad de que sea tu cabeza la que busco, sea uno.

enfant terrible,
comentarios
comentarios