22 de Mayo 2018

malware

Tu recuerdo es malware en mi cerebro. Sé perfectamente cómo llegó a mí, y sé perfectamente que no sé cómo deshacerme de él. En realidad tampoco quiero, porque cualquier adicto necesita algo entre las manos para que no se le seque la boca. Ahora que hemos disociado las vidas, y existe una física y otra digital. Y esta última es el cortafuegos que impide llegar a la piel, y a la pupila, y al olor. Ahora que ya no estás, todo lo que te escribo son bits de amor que reposan en el spam, y que únicamente lee, con tristeza, la inteligencia artificial de Gmail. Y mira al techo, sin saber si ser compasiva o cruel. Y repasa nuestras fotos del pasado. Y calibra el tamaño de tu sonrisa y la longitud de mis patillas. Decía Salinger que estaba convencido que existía una conspiración, de la gente que le rodeaba, para hacerle secretamente feliz. Algunas veces, entre mi centeno, me aferro a eso y pienso que la inteligencia artificial, conspirará también, para devolverme algo de brillo. Y, poco a poco, empezará a escribir, en tu nombre, los mensajes que tú ya no respondes. Y yo los iré contestando, con el entusiasmo de un niño, creyendo que eres tú, a punto de volver. Y tú, que eres más inteligente que yo, y que la futura inteligencia artificial, nos seguirás el juego, divertida. Y quizá, un día, vuelvas a llamar a la puerta. Por compasión, o por cumplir con una profecía auto cumplida. Y cuando yo pregunte quién es, tú contestarás entre risas. Soy yo, tu malware. Y abriré, de nuevo, la puerta y el cerebro, a ti, mi infección de vida.

enfant terrible,
comentarios
comentarios