2 de Mayo 2018

tom & jerry

Me desperté, feliz y sosegado, por primera vez en el último medio año, y al subir la persiana, noté cómo el sol me atravesaba el cerebro, accionando el rotor de la gramola de mi cabeza, y escogiendo una simpática melodía de principios de los cincuenta, que cuadraría perfectamente con la falsa y escurridiza tregua en cualquier escena de Tom y Jerry, previa a la guerra, en la que el ratón y el gato se sonríen a la espera de palabras mayores, y rastrillos en la cara, y colas quemadas en la tostadora.
Así que ahí andaba, dando sorbitos al café, viendo cómo el mar, a los lejos, se convertía en papel de plata, gracias al sol y la miopía, y el entusiasmo, por algún extraño motivo, no hacía más que crecer, y el ratón (nunca he sabido quién es Tom y quién Jerry) se enfundó unos relucientes zapatitos de claqué, y empezó a bailar en la pista de baile de mi hipotálamo, y la serotonina lo inundó todo, boicoteando los intentos del gato de estirar de la alfombra y acabar con aquel baile optimista y desbocado.
Me desperté, feliz y sosegado, por primera vez en el último medio año, con el extraño convencimiento que faltaba poco para recibir tu llamada. En seguida tuve muy claro qué melodía asociaría a tu número. Una en la que un ratón persigue a un gato. Y al final, la escena se funde en negro en un circulito que sella la paz en la ratonera.

enfant terrible,
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