28 de Marzo 2018

brecha

Puedes seguir idealizando el amor hasta la hipoxia o asumir que es tan bonito que desquebraja las almas. Después, alguien llegará e intentará convencerte que existe una tradición japonesa consistente en rellenar las grietas, de un cuenco roto, con oro. Y eso, sella la ruptura, y la realza, y la pone en valor. La autoayuda, nipona o no, conduce al engaño, sólo tienes que echarle un ojo a la cotización del oro.
Quizá no sean estos los últimos tiempos, sino los últimos días. Y en una diminuta escala temporal de mil días asusta haber escrito un par de buenas frases. Si uno se fuerza en vivir de manera desesperada para escribir de forma visceral, seguramente no merezca la pena ni la vida ni la escritura. Así que, quizá haya llegado el momento de retirarse y envejecer escribiendo poemas sobre el olor de la lavanda, y el reflejo del sol en los rizos de los niños que juegan en el jardín de atrás. Y, justo ahí, enterrar al viejo Billie Joe junto a su fusil, su taza de latón, y su botella de bourbon.
El futuro es frágil pero necesario. Las reservas de oro se están vaciando. Quizá no todo deba ser reconstruido. Ni los cuencos que se rompen, ni el amor, ni la escritura.

enfant terrible,
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