22 de Marzo 2018

palomas enrutadas

Únicamente derrotado, expuesto, y desnudo, como un cuadro de Schiele, eres verdaderamente libre. Libre para evidenciar el fracaso y gritárselo al mundo. Aunque anden todos dormidos o borrachos. Pero el router de tu conciencia, ya lo esté filtrando bit a bit, tras la pared de la cabecera, en un goteo lento y silencioso, que no impide escuchar a las palomas que aterrizan y despegan al pie de la ventana. Y levantan el vuelo con algo que parece más que un aleteo, quizá porque si cierras los ojos lo suficiente, puedes escuchar Venecia, y es que está subiendo tanto el nivel del mar, que al girar el cuello y mirarte, puedo ver cómo poco a poco zozobran las góndolas, decisiones abajo. Y ni siquiera ser capaz de intuir en qué sentido giran las aguas, aunque sí calibrar el tamaño de hombros del gondolero. Hay tanto basalto en tus ojos que es imposible saber lo que sientes. Capas y capas, que llevarían años de extracción. Así que, ante la imposibilidad de intuirte y conciliar el sueño, he decidido dibujar en el techo, mentalmente, el mapa de las palomas que aterrizan bajo la ventana, en esta Venecia inventada, que es el aeropuerto de los aleteos, mientras amanece. Escucho como, poco a poco, el ruido de los bits atravesando el router se está sincronizando con el arrullo de las palomas. Y entiendo que la filtración está pasando del secreto digital al plano animal, e imagino a las palomas, divertidas, sonriendo con sus ojos parpadeantes como leds de router, sabiendo que estoy derrotado, expuesto, y desnudo como un cuadro de Schiele. Aunque si te digo la verdad, no voy a mover un dedo hasta que todas las apuestas estén en mi contra, no sólo unas pocas. Gracias por no temerle a las traqueotomías del futuro.

enfant terrible,
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