15 de Marzo 2018

tóner

Ha pasado ya tanto tiempo, y con el extraño convencimiento de las aseveraciones que, muchas veces se nos escapan, el tiempo es relativo, el tiempo es circular, que casi creo estar otra vez, en aquella puerta de embarque, con las manos sudadas, manoseando el billete de avión mal imprimido, al salir de casa, y recordar a la altura de la floristería de la esquina, que no tenía billete, y volví corriendo a casa y encendí la impresora de un golpe, y pude casi escuchar como la vieja máquina tosía tóner y polvo, control pe, imprimir tarjeta de embarque, y mirar la esquina inferior derecha de la pantalla, y calcular mentalmente, con la lentitud de una resaca mal curada, faltan 67 minutos para que salga el vuelo, y yo sólo quiero verte, y no me puedo perdonar perder otro avión, ni otra mujer, ni seguramente otra vida, pese a que el tiempo sea relativo, y sea circular, y todas esas cosas que le gusta decir a la gente para que te puedas abrazar a algo que no sea ellos, como pequeños ladrillitos de flotabilidad desperdigados en la superficie de un mar negro, de noche, iluminado únicamente por la luces de emergencia del avión que ameriza en mitad de un océano, cuando las cosas se complican y las cabezas se despresurizan, pero no nos pongamos tristes todavía, y supongamos que es una amable mañana de junio, con los reflejos del sol en el brillante suelo de un aeropuerto, fotografiado por modernos convertidos a fotógrafos, así que aquí estoy, en la puerta de embarque, con un billete de avión de una compañía que ya no existe, con destino a una ciudad en la que tú ya no vives, persiguiendo un amor del que ya nadie escribe, ni siquiera yo, al menos los días buenos, y me siguen sudando las manos, que guardo dentro del bolsillo, como la primera vez, y al sacar el billete, me he dado cuenta que el sudor ha borrado la tinta, y por un momento he sido incapaz de recordar qué me llevó a intentar volar tan alto, como un Ícaro despistado, al que el sol le ha secado el tóner de la memoria.

enfant terrible,
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