22 de Enero 2018

subasta inversa

La noche es una subasta inversa de almas. En la que el mejor postor gana con el precio más bajo. Conforme el tiempo avanza el activo se devalúa, y el precio se desploma.
Cada acto desesperado podría cubrirse bajo una cúpula de vidrio, y pasar a formar parte del museo de lo absurdo de la experiencia vital de cada uno. Y es ahí, donde quizá sí que podría subastarse cualquier acto visceral como un rasgo único de genialidad que, en un futuro (seguramente asintótico) podría alcanzar un precio astronómico (en el caso que alguien pueda ponerle precio a las estrellas).
El contraargumento de que el tiempo ponga las cosas en su lugar es que la vida es finita. Y es la premura del tiempo, la que lleva a la previsibilidad. Se podría dibujar una campana de Gauss sobre cada comportamiento en masa. Un techo abombado y protector ante las decisiones actuales y las futuras inclemencias, aunque todos sabemos que. Cuando la lluvia empiece a caer, las cabezas de los extremos serán las más vulnerables, las más expuestas, las menos guarecidas. Y conforme se empiecen a empapar, sus convicciones enmohecerán. Los idealistas envejecen muy mal. La masa siempre está a salvo.

enfant terrible,
comentarios
comentarios