13 de Enero 2018

Gulliver

Hay tanta mierda en la calle que sólo brillan las ausencias. He encontrado junto a un árbol, en el suelo mojado, una edición preciosa e irlandesa de los viajes de Gulliver. Mi inglés, discreto como un actor mudo, me ha permitido entender que son los cuervos los que huelen la carroña. Releo la frase mientras camino y veo las miradas sucias de los hombres, llenas de barro y frustración. La meritocracia no os ha llevado a la eugenesia,
pienso, mientras grazno como un cuervo sobrevolando la carroña. Trajes encorvados hacia la punta de los zapatos, cerrando prácticamente el círculo del que se sabe engañado. Y preso. La decepción tiene forma de o, de trazo crispado, pero con exceso de tinta, como alguien firmando un error, y pese a ello tratando de reafirmarse.
Me gusta que la edición esté totalmente empapada, porque imagino que otro cuervo la ha traído hasta aquí, desde Irlanda, apresándola con el pico. Así que dedico el resto de la noche a planear sobre las cabezas de los gigantes de Paseo de Gracia, en busca del otro cuervo, para darle las gracias. Y compartir carroña.

enfant terrible,
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