29 de Diciembre 2017

Stasi

Hay una mujer, en el futuro, escuchando nuestras notas de audio. Asintiendo con la cabeza, ante nuestras conversaciones que creemos secretas y encriptadas. Es una interceptadora de historias de amor no contadas. Una versión digital de la Stasi. Recuerdo aquella película sobre las escuchas de la Stasi. Recuerdo al escritor, a las montañas libros que nacían en el suelo de su apartamento, y su posterior suicidio. Hoy, por primera vez tras treinta y seis años, mientras caminábamos junto al muelle, papá me ha preguntado por mi infelicidad. Le he pedido que fuera una conversación breve porque ambos sabemos cómo acaba la conversación y cómo acaba la infelicidad. Después hemos seguido un rato en silencio junto al mar. Pensando los dos, seguramente, que debe ser horrible enterrar a un hijo. No hacía excesivo frío, pero caminábamos con las manos en los bolsillos porque es la posición más cómoda para encorvarse un poco y mirar al suelo los días tristes. La mujer del futuro me ha explicado que, ahora que yo ya no estoy, escucha los pasos de papá al otro lado de las nota de audio. Dice que sus pasos son mopas sobre la madera del parqué, que a veces cruje y otras no. La versión digital de la Stasi dice que tu voz sigue siendo alegre y jovial, y que tu sonrisa podría colorear prácticamente cualquier espectro de frecuencias. Recuerdo la cara de papá la primera vez que te vio sonreír. Yo sentí algo muy parecido, creo. Cuando pienso en nosotros, pienso que. Cada humano es un mal necesario.

enfant terrible,
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