21 de Septiembre 2017

Beirut

En el sueño todos los perros ladran a la vez. Y lo que es peor, te ladran a ti. En realidad, no se ve tu cara, pero sé que eres tú, porque me veo a mí teniendo miedo a los ladridos. Y te veo a ti, aquí, en el espacio cóncavo de la imaginación.
Cuando despierto, en seguida sé que es una escena que ya he visto, en una película de animación sobre la guerra en el Líbano. Me despierto con frío porque los perros ladraban de noche, cerca del muelle, bajo la lluvia. Era un viento racheado, imposible escapar a la llovizna en la cara.
Tergiverso tanto la realidad que, a veces, pienso que tú eres un fotograma y los perros, reales, aunque duerman aquí, en tu lado de la cama, en el espacio convexo de la soledad, y no ladren.
En la película, la real, la que se emitió, no la que enmaraña mi cabeza, los perros no ladraban junto al muelle, corrían, persiguiendo a alguien, pero no llovía. La escena del muelle, corresponde a un sueño, al de un hombre con barba, que flota en la orilla de una playa de Beirut. Puedes ver, en sus pupilas, misiles de miedo. Después, se levanta desnudo, en el agua, y camina hacia su despedida. En la orilla, los tonos son negros y amarillos. Nunca cazaremos un océano.

enfant terrible,
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