23 de Julio 2017

Triángulo de las Bermudas de Julio

Existe un Triángulo de las Bermudas en la vigésimo novena semana del año, en la intersección con la trigésima. Es una franja de mar, en calma, cercana al 17 de Julio, que se convierte en una brecha temporal cuando escuchas la primera bocina de un barco que no ves, y al levantar la vista te ves envuelto en niebla, blanca y espesa, quizá escocesa, que lo convierte todo en un blanco irreal que te devora. Después, la madera cruje y las naves desaparecen en el sumidero de un horizonte muy estrecho. Y puedes notar el impacto, y la absorción del golpe, mientras piensas si, en un agujero espacio temporal, tiene sentido la palabra después. La mañana del 19, no queda ni rastro de la niebla, y el sol ilumina los cuerpos que aún quedan sobre la cubierta. Cuerpos tendidos. Cuerpos violados. Cuerdos desconocidos. Y mientras los botellines ruedan, a trompicones, sobre la madera astillada. Nadie, en su sano juicio (si es que eso existe, en tierra firme, o en alta mar) se atreve a un recuento de víctimas, o embarazos, o a dar una distancia en millas hasta la próxima orilla, al levantar la vista e imaginar a un pájaro o a Dios. Existe un Triángulo de las Bermudas en la vigésimo novena semana del año, en la intersección con la trigésima, para el que nunca estaremos preparados.

enfant terrible,
comentarios
comentarios