20 de Junio 2017

aceptación

Una generación de cerebros quemados con la inmediatez. Había que ser tan rápido y tan ágil en la apariencia que, al final, los cerebros no fueron capaces de refrigerar, y acabaron fundiéndose. Actuando únicamente con los mecanismos básicos de supervivencia, a modo prueba de fallos. El único refrigerante era el ego, y en cuanto éste empezó a flaquear, las patitas de las respuestas inmediatas empezaron a doblegarse. La apariencia de todo era tan buena que era prácticamente imposible no engancharse a aquella droga. Y eso eran buenas noticias para los proveedores y muchos codazos para los consumidores. Todos eran impostores tratando de convencer con sus mentiras a otros impostores. Nadie atendía; el único combustible era el fingido interés en forma de notificación. Cada campanita de aceptación reverberaba en la bóveda del ego. Hasta que, poco a poco, se hizo el vacío, el sonido de las notificaciones dejó de propagarse, impidiendo así los impulsos eléctricos de ego, y secando los cerebros, que empezaron a quemarse como en un incendio de verano. Los más intrépidos intentaron posar junto al incendio de su cabeza. No fue buena idea.

enfant terrible,
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