12 de Junio 2017

agujerito

Ahora que los bancos han quebrado, los cajeros automáticos imprimen sopas de letras en los recibos bancarios. Los clientes aturdidos intentan, con la ayuda de los antiguos lapiceros de grafito, recolectar las letras que le den sentido a lo que en su momento lo tuvo. Nos habían dicho que había que unir los puntos. Que mirando hacia atrás todo funcionaría. Pero cuando uno se daba la vuelta, no veía más que espaldas.
Me ha llamado Claudia, esta noche, para explicarme que se le ha caído su primer diente. Estaba tan contenta que las sílabas se atropellaban unas a otras, y la dicción se perdía por el agujerito del diente, por el que me ha dicho que le entraba y salía mucho aire. Es mágico, me ha explicado, como la puertecita del ratoncito Pérez; él puede entrar en nuestro mundo de humanos, pero nosotros no cabemos en la dimensión de los pequeños ladrones de dientes. He pensado que algo así estaba pasando con los bancos. Hacían un diminuto butrón en nuestras vidas, y cuando te querías dar cuenta, todas las ratoneras estaban tapiadas.
Al despertarme, he visto a Claudia sonriendo mellada junto a la cama. Sostenía el diente en la palma de la mano izquierda. Parecía celebrar su primera victoria adulta. Me ha explicado, mientras pasaba la lengua por el agujerito de entre los dientes, que era muy extraña la sensación de perder algo que pensabas que estaría siempre ahí. Creo que es lo mismo que le ocurre a cualquiera que al echar la vista atrás, no ve más que espaldas.

enfant terrible,
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