11 de Mayo 2017

politeísmo en streaming

Ha bajado tanto la marea que puedo ver desde aquí la escotilla de Dios en el epicentro de la tierra. Nunca levanta la cabeza cuando se siente observado. Ni siquiera cuando las gaviotas se posan sobre la claraboya y con el ruidito de sus patas entorpecen sus labores de omnipotencia, despistándole de sus quehaceres. Está cansado, pero no lo reconoce, simplemente espera a que vuelva a subir la marea.
El problema no son los robots, ni la inteligencia artificial, ni siquiera el ateísmo, piensa. El verdadero problema es la propagación del fichero semilla de la religión. El clonado del código que permitirá tener un Dios por cada humano. Convirtiendo así la existencia de unos y otros en prescindible. Politeísmo en streaming. La cadena de bloques firma cada existencia. El consenso distribuido decidirá el color de los pájaros porque ya nadie, ni siquiera el creador cuando la marea sube, levanta ya la vista al cielo. Así que la belleza, como cualquier canon consensuado, se relegará a los retro románticos.
Mañana Dios se resbalará en la ducha y se partirá la cadera. Ese será el escurridizo principio del fin del broadcasting desde el altar. Pero eso, ni siquiera él, aún no lo sabe. Está cansado, pero no lo reconoce, simplemente espera a que vuelva a subir la marea. Para que así las miradas indiscretas se aparten de él. Y pueda seguir podando, con delicada inocencia, las higueras azules del último invernadero analógico.

enfant terrible,
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