29 de Abril 2017

my way

Era una de esas casas con un ejército de cojines en las camas. Eran mis cuadros pero no eran mis muebles. Por la ventana se veía una costa abrupta que no era capaz de reconocer. No era mi costa y no era mi casa. Pero eran mis cuadros y, por algún extraño motivo, eras tú. No comprendía la situación pero quería darte una explicación, seguramente por el extraño sentimiento de culpa que atosiga al desorientado. En realidad, estabas dormida, con una mano sobre una vieja radio blanca. Sonaba Sinatra, the end is near and so I face the final curtain, y tarareabas la melodía con los párpados y los labios cerrados. Por un momento, pensé en despertarte para intentar entender por qué mis cuadros estaban en tus paredes. Una caricia, algo breve, y apartarte el pelo de la cara. Pero en realidad fui incapaz, me asustaba la respuesta. Salí de allí, mientras anochecía, y al llegar al coche, arranqué el motor y Sinatra seguía en la radio, for what is a man, what has he got if not himself, then he has naught to say the things he truly feels and not the words of one who kneels. Conduje lento, con la extraña pulsión latente de apartar las manos del volante, y dejar que el coche se escorase hacia el exterior de unas de las curvas, para acabar muriendo cerca de tu costa.

enfant terrible,
comentarios
comentarios