13 de Abril 2017

pituitaria

Puedo oler, desde aquí, el suavizante en tu jersey verde mal ventilado, si cierro los ojos y me concentro, justo aquí, en la parte de la nariz bajo el cerebro, donde la gente aprieta los ojos al intentar evocar los recuerdos, y se masajea suavemente en las mañanas de jaqueca. Justo aquí, justo ese olor. Es tan vívido el recuerdo que puedo aspirar los ácaros del jersey, y a tus pecas bajo él y, quizá, la parte más superficial de lo que fueron mis manos sobre tu cuerpo.
Podría intentar desglosar cada sensación, trocearla y extirparla, con pinzas de cirujano, y colocarla sobre una mesa blanca. Y después, con el conjunto, etiquetarlas, clasificarlas, digitalizarlas para preservar su existencia, pero. Si la inteligencia artificial tratara de recrear este momento intentaría recurrir a una tecnología superior e inexistente, porque dudo que exista forma de parametrizar una sensación cercana al dolor y la pérdida, provocada por una ráfaga de suavizante que atraviesa la pituitaria y entra en el cerebro con la violencia e ilusión con la que un niño lo hace en su salón la mañana de reyes. Y al abrir la puerta, se da cuenta que no hay regalos bajo el árbol para él.

enfant terrible,
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