11 de Abril 2017

vincent.stl

Vincent ha pasado toda la noche diseñando una oreja para su impresora 3D. El lóbulo parece un pequeño girasol de uno de sus cuadros. Está tiñendo el hilo, necesario para la reconstrucción en tres dimensiones, del color más cercano a la carne de la mejilla y el cuello. Conseguir el pigmento perfecto para una oreja nueva debe ser algo muy cercano a la sinestesia piensa, mientras moja el carrete de cable en un enorme barreño de pintura. Aún no sabe cómo bautizar el pantone de la mezcla. No quiere ser demasiado cínico con su propio cinismo. Y sospecha, mientras palpa la cicatriz, que el tacto gomoso del futuro cuerpo extraño, se convertirá en una caracola por la que escuchar el mar. Así que enciende la impresora 3D y moja el pincel ante el cuadro de la venda en la oreja. El zumbido de la tejedora del futuro provoca peñas ondas de vibración en la superficie del barreño de pintura. Y mientras la oreja se reconstruye en la impresora y en el lienzo, Van Gogh no deja de pensar en cuál podría ser la próxima mutilación.

enfant terrible,
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