8 de Abril 2017

granularidad

Si el pensamiento es granular, se desliza como pequeñas bolitas -azules y blancas- de detergente en polvo. Es un alud, lúcido, precipitado y únicamente condicionado por el cuello de botella que supone el tamaño del cajetín del detergente.
Después las ideas, al contactar con el agua, eclosionan, se tiñen, se tornan, centrifugan con la precipitación de la inercia del alud que las ha llevado hasta el torbellino. Y una vez allí, en caso de que detecten que forman parte de la colada, tragan agua a voluntad, se atragantan y permiten que se les encharque los pulmones hasta lo inevitable porque el único objetivo es, seguramente, preservar la granularidad del pensamiento.
Es una carrera espermatozoidal en la que rara vez los gametos del pensamiento se encuentran. Un flirteo macabro entre bolitas de detergente blancas y azules que se deslizan, coquetas y burlescas, por la espalda de mármol de Dios las tardes de lluvia, justo antes de que el agua llegue a ellas. El grano ilícito de una idea, engrasa.

enfant terrible,
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