9 de Marzo 2017

QR

Se dieron cuenta, al poner la resonancia magnética al trasluz de la ventana, que en los cortes transversales de su cerebro el gradiente habitual de grises gelatinosos conformaba un código QR. Doctor Hache miró a Doctora UveDoble extrañado y curioso. En realidad, más curioso por lo que pudiera albergar el código QR que preocupado por el propio paciente. La doctora estaba emocionada ante el que era, probablemente, su primer tumor de publicidad. Al Paciente YGriega le sudaban las manos. Las frotaba, inquieto, sobre un pantalón gris apenas absorbente. Ni siquiera podía ver la imagen al trasluz. Le tapaban dos espaldas enfundadas en batas blancas que cuchicheaban junto a la ventana. Doctor Hache sacó su teléfono móvil del bolsillo derecho de la bata. Apuntó a la resonancia y escaneó el código QR. La Doctora UveDoble sonrió al ver el resultado. Después, intentaron explicárselo al paciente. Era joven, parecía sano. Le explicaron el proceso de infección. Le hablaron de probabilidades. Le enseñaron un enorme cubo de Rubik imprimido únicamente con celdas blancas y negras. Es un generador de códigos QR de seis dimensiones, lo solemos utilizar como ejemplo. El Paciente YGriega salió de la consulta en parte aliviado al sospechar que todo se trataba de una broma. Muy bien articulada, con una gran puesta en escena, con ejemplos tan didácticos que parecían verosímiles. Entró en el ascensor y cuando se miró en el espejo, comprobó horrorizado que las manchas de sudor imprimidas sobre su pantalón dibujaban un código QR. Se estaba convirtiendo en un anuncio. Era un tumor de publicidad.

qr_cerebro.jpg

enfant terrible,
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