19 de Febrero 2017

hacedor

Sólo es un mal día, se dice a sí mismo el hacedor de puzzles. Sólo un mal día, tranquilo. Pero lo que inicialmente iba a ser un sencillo nueve piezas con un motivo infantil y tono pastel, se ha convertido en un minucioso plan de miniaturización, de mitosis de cartón, cuasi obsesiva, en un millón de piezas, troquel en mano y la sonrisa gentil de quien acaba de descubrir una oscura idea almacenada en una repisa del hipotálamo.
Así que, poco a poco, ha barnizado de un negro ausente de luz la superficie del rompecabezas y moteado, con un pincel aguado, más de mil estrellas blancas de una galaxia inventada. Después el sol, el de verdad o al menos el que sentimos como real, ha secado la pintura atravesando la ventana abierta de un diecinueve de Febrero.
Y en ese pequeño lapso de nubes que avanzan rápido y mueren varadas en cabezas emborrascadas se ha preguntado. ¿Cuántas capas de almas tiene un hombre en la lasaña de escenas que conforman una vida? Quizá, menos de las que nos gusta creer. Quizá sea todo simplificable al absurdo y vivamos pensando que somos un puzzle de un millón de piezas, cuando en realidad somos uno de una única pieza.
Parece que el día está mejorando, se dice a sí mismo el deshacedor de puzzles.

enfant terrible,
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