14 de Febrero 2017

señora María

Algún día la señora María morirá en algún punto entre la calle Muntaner y Casanova. Pero nos habrá dado igual porque la hemos visto cada día, hablando sola en un banco o comiendo sentada en un bordillo. Vestida de negro, con dos pelos de barba y la parte inferior de la tibia al descubierto, a la vista de los niños y de nuestra mirada que finge no haber visto nada. Por las noches, duerme recostada en un portal hecha un cacahuete de ropa negra. Cuando se despierta, se lava la herida en una fuente y con el papel transparente que los niños dejan caer al suelo tras acabar con su bocata camino al colegio, hace un pequeño torniquete en torno a la tibia. Y después, la victoria llega con la herida limpia cuando encuentra una colilla en el suelo y mirando al sol se la fuma, con las manos en los riñones, el pelo mojado y la sensación de un falso nuevo día. Y quizá, en su cabeza, la señora María escribe también sobre nuestra futura muerte. Y lo ridículo de nuestras vidas mientras nos ve pasar, y nos mira con lástima desde sus ojos grises agachados. Porque sabe que algún día todos acabaremos muriendo en un punto entre la calle Muntaner y Casanova.

enfant terrible,
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