8 de Febrero 2017

multiverso

Algunas noches pienso que el sofá cama se va a plegar sobre sí mismo, convirtiéndose en una ventana a algo que no quiero llamar dimensión, pero sí sótano alternativo al espacio tiempo conocido. Cuando hace frío me encierro en el cuarto de la caldera y apoyo la espalda contra ella. Puedo notar la vibración caliente del vaso de expansión contra las vértebras y cómo, poco a poco, el cuerpo entra en calor. Estoy a oscuras, de pie, con la puerta cerrada a un palmo de los ojos.
Acabo de ver uno de esos reportajes sobre los multiversos. Hubiera dicho que se llamaban multiuniversos. Pero creo haber entendido que. Existe un espacio probabilístico en el que yo sigo tumbado sobre el sofá cama. Otro, en el que ella descuelga el teléfono y puedo notar cómo sonríe al otro lado del auricular. Otro, en el que yo me meto cien libras en el bolsillo y salgo de Battersea y vuelvo a casa. Otro, en el que todas las certezas siguen ahí, como ropa tendida. Otro, en el que ella eres tú. Y otro, en el que nunca me hubiera interesado por un reportaje sobre los multiversos.
Existe un espacio de Hilbert en el que cualquier suceso que creemos que no está ocurriendo, en realidad tiene lugar, en paralelo, en otro universo. En este, las calles de Battersea siguen húmedas cuando anochece, el sofá cama aún no se ha plegado sobre sí mismo, la caldera vibra como una locomotora de carbón, y tú estás cada vez más lejos, en una distancia lineal.

enfant terrible,
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