12 de Enero 2017

telúrico

El zumbido del quemador de la caldera, a medianoche, suena telúrico como el primer bostezo de un volcán dormido. Me despierta y me doy cuenta que estoy en tu lado de la cama, algo borracho, aún vestido y con la luz encendida. Hace frío, el termostato ha saltado, tú no estás. Escucho notas de voz en las que apenas se escucha voz, pero sí mucha música de fondo. Las escucho hasta que soy capaz de memorizar la letra pero sigo sin identificar la melodía. En el fondo, tu voz no dice nada. Es una canción muerta, una despedida balbuceada. Cuando dormías conmigo, encendía y apagaba esa enorme bola del mundo azul, le daba vueltas con una mano y con la otra la paraba hasta encontrar un destino. Después buscaba billetes para ese país aunque nunca podía pagarlos. Ahora que no estás aquí, la bombilla de la bola del mundo se ha fundido, como magma que se apaga. Ha dejado un rastro de plástico quemado en el polo, desde Groenlandia hasta el estrecho de Bering. Una corteza de Pangea de pequeñas burbujitas tostadas sobre el océano Glacial Ártico. Cuando hablan de ola de frío, pienso en todos los cuerpos que duermen separados, porque no supieron ponerse a resguardo en el momento adecuado.

enfant terrible,
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