10 de Enero 2017

hilos

Su forma de expresar el mundo cabe en la distancia que deja entre ambas manos, cuando estira los dedos y centra la mirada en ese vacío que podría albergar cualquier explicación a cualquier fenómeno. Entonces, como un niño, sin levantar la vista de ese entramado de hilos imaginarios que sólo él puede ver entre sus manos, modula la voz y mueve los dedos, lentamente, cruzando unos hilos argumentales con otros, cambiando la disposición del pensamiento de una forma fractal y clarividente, como el entrenador que sabe que ganará el partido independientemente de la distribución sobre el campo, pero en realidad, el juego es el mismo que años atrás cuando nuestra abuela nos dejaba el final del ovillo de lana, para que enrolláramos los hilos en torno a los dedos, separásemos las palmas, y viésemos el millón de posibilidades y formas poliédricas que podíamos conseguir simplemente moviendo un poco los dedos y el cerebro. Nos reíamos como locos porque teníamos la sensación de estar comprendiendo el mundo.

enfant terrible,
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