21 de Diciembre 2016

Winterloo

El cielo está punteado de drones que orbitan como mosquitos de ojos rojos. Los leds chisporrotean en la neblina y el zumbido de las hélices rasga la noche. Bajo cada dron hay alguien mirando al cielo, un espectador buscando una respuesta en el vaivén casi magnético del dron sobre su cabeza. Hay algo mercúrico en la relación entre la mirada que tripula y el cuerpo que vuela pero intenta ser controlado.
El suelo está pintado de humedad y las manos rotas, en los nudillos, por el frío. Todas las calles albergan el nombre de un muerto. Al llegar a la estación veo en los letreros luminosos cómo han cambiado el apellido del resto de estaciones por uno navideño. London Waterloo ha sido bautizado como London Winterloo. Clapham Junction es Clapham JingleBells. Surbiton, Snowbiton.
Si Agatha Christie levantara la cabeza, sería Agatha Christmas. Y al fijar la mirada en el cielo, no entendería los leds que brillan en el vientre de los drones, ni los que conforman juegos de palabras navideños para estaciones que nunca existieron.

enfant terrible,
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