6 de Diciembre 2016

parpadeos

He comprado un abeto de tres pies por treinta libras. En la última rama ondea un lacito rojo en el que puede leerse que parte de los beneficios generados por la venta irán a causas relacionadas con la beneficencia. Feliz navidad a todos los desesperados.
He comprado un árbol de navidad bajito para sentarme y hablar con él. Sin tener que levantar la vista hacia la cúspide. Entenderé que sus respuestas son los parpadeos cálidos de las bombillitas rojas con las que lo he envuelto. Es un juego de luces con diferentes intensidades y frecuencias de parpadeo. Euforia, melancolía, quietud y resignación son los estados de ánimo de este pequeño árbol de navidad. El juego de luces y respuestas, a diferencia de lo que sucede con los humanos, puede desactivarse en cualquier momento. Aunque entonces te conviertas en un humano sin respuestas sentado ante un árbol apagado.
He comprado un abeto de tres pies por treinta libras. Porque me quedaban treinta y tres en el bolsillo. Dos han sido para las luces y la última para una cerveza. Me pregunto, mientras cargo el abeto al hombro y noto cómo pequeñas ramitas se me clavan en el cuello, qué tanto por ciento de los beneficios generados por la venta, irán destinados a los desesperados que nos sentamos en el suelo, la noche de navidad, ante un árbol apagado.

enfant terrible,
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