5 de Diciembre 2016

diferenciación

Hemos comido tres veces al día desde que salimos de un útero. Dormido bajo techo desde que dejamos de creer en las estrellas. Bebido un carril de piscina olímpica de alcohol. Incorporado un cuarto de ladrillo psicotrópico machacado a nuestro torrente sanguíneo. Consumido armarios de terabytes de cultura. Talado tres árboles (de bosque protegido) para convertirlos en cleenex y así paliar las decepciones. Ingerido las calorías suficientes para encender un día el sol y derretir a Ícaro. Mentido en las escenas necesarias para conformar una historia y concederle el apelativo de vida. Sucumbido a las mismas pulsiones con una previsibilidad inquietante. Enfrentado la extinción de la raza a la perpetuación de la misma con un resultado incierto. Validado y refutado cualquier creencia en función de la distancia al miedo, es decir, la edad.
Somos pulgas nanométricas y extinguidas en un universo en el que las distancias se miden en el camino que recorre la luz en un año. No existe diferenciación, no hay lugar para el ego.

enfant terrible,
comentarios
comentarios