27 de Noviembre 2016

acutángulo

Su sonrisa era un triángulo acutángulo invertido. Vectorizada, con la imprecisión de la desmemoria. Cada rasgo, era el inicio de una nueva constelación a la que nadie, aún, había puesto nombre.
Me dormí viendo el vídeo del astronauta que aseguraba que nunca hay que llorar en el espacio. Porque la lágrima se abomba de forma continuada formando una esfera de líquido. En el espacio las lágrimas no caen. La tristeza no tiene lugar cerca de las estrellas.
Me desperté, mirando al cielo de la habitación de un hombre que no había dejado de ser niño. Pude ver, pegadas en el techo, todas aquellas estrellas fluorescentes. La desmemoria hizo el resto. Uniendo los extremos de aquel triángulo acutángulo invertido.
Estoy a un párrafo de vectorizar todos mis recuerdos. No sé si podré escribirlo.

enfant terrible,
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