15 de Noviembre 2016

1 a 1

En este barrio, las casas de apuestas son los museos de cera de los desesperados. Hay hombres encorvados sujetando una papeleta arrugada, con la vista fija en pantallas de televisión. Carreras de galgos. Fútbol. Boxeo. Rugby. Cada monitor emite un deporte. Algunos hombres apuestan a todo. Y otros, pasan la tarde sentados en sillas de plástico azul, sosteniendo una lata de cerveza vacía. Aprietan el pulgar contra la chapa, se rascan la pierna, tiran un dado invisible en el interior de su cabeza. Cada vez que se pierde una apuesta alguien rompe en cuatro la papeleta y la deja caer al suelo. Poco a poco, la moqueta se llena de trozos de papel. Cada tres cuartos de hora, la chica de la caja abre la puertecita de su sala de cristal blindado y barre los restos de papeletas de la moqueta. Se encierra de nuevo en su salita y dice. Las apuestas de que mañana sigáis siendo pobres están 1 a 1. Después, las figuritas de cera de los hombres encorvados dejan de parpadear y fijan su mirada en los monitores.

enfant terrible,
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