11 de Noviembre 2016

apisonadora

Se ensortijará, el tiempo y el pelo, en esta ciudad húmeda. Todos los egos del mundo caben en los meandros de este río. La única forma de entender la brutalidad de esta ciudad es desde la pobreza. No veo hambre en ninguna de las frases famosas de escritores muertos que vivieron aquí. Pequeños aforismos que ahora adornan las contraportadas de las guías de viaje más elegantes. Seguramente porque una buena frase siempre encarece el precio. Pero no veo miseria ni sufrimiento en lo que son citas condescendientes con una capital dura y áspera. Quizá algo de melancolía y lluvia, pero poco más. Ni siquiera Virgina Woolf se atrevió a herir a la urbe. Da la sensación que todos los malditos tuvieron miedo a ser triturados, fagocitados, y olvidados por esta apisonadora de almas que es Londres. Y por eso, se contuvieron.

enfant terrible,
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