8 de Noviembre 2016

Támesis

He bajado a lavar el pijama al Támesis. Las nubes pasan, ante los ojos de un extraño, veloces como en uno de esos vídeos acelerados de cámara fija que han decidido llamar timelapse. El frío, rojo en las mejillas y en los nudillos. Corre como si te persiguieran (porque algún día lo harán). If you continue in that direction, I will call the police, Sir. Le amenazo, señor; desde mi altar de educación, pero le amenazo. Los niños bajan de los autobuses, con jerseys verdes y corbatas cortas, como ejecutivos diminutos que nunca fueron niños. Obreros negros con cascos naranjas bajo grúas amarillas. El cromatismo lucha por la supervivencia difuminado en la niebla. Una mujer come migas de una bolsa de pan, algunas son para su vejez, otras para las palomas. Los camareros sonríen tras los dedos de espuma sólo si hay propina. Todo el mundo tiene un precio y aún no hemos sido capaces de descentralizar la servidumbre. En el rellano, sobre la moqueta azul, a veces veo un cuerpo tirado, no sé si dormido o derrotado. Creo que es el cadáver de la persona que dejaré de ser, cuando me vaya. No se puede trazar una silueta de tiza sobre una moqueta. El pijama se ha quedado rígido y helado, ondeando, en esta barandilla del Támesis.

enfant terrible,
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