11 de Septiembre 2016

ocas digitales

Es el exceso. De camisetas. De posibilidades. De gónadas sexuales. De titulares.
Se ha resuelto todo a nuestro favor. Un universo alcanzable de una forma precisa e inmediata. A la disposición de una mano que sepa alcanzar una coordenada.
Es el exceso. De vidas posibles. De comida. De propuestas. De libros. De ideas. De escritores. De pensadores. De cabezas bulímicas. De bocas rellenables. Es la sobreoferta autoinyectada.
Cualquier argumento será válido en un instante porque será desechado inmediatamente después. No por invalidez, sino por falta de espacio físico. Analógico. Digital. Mental. La substitución es la nueva electricidad. La rueda que permite seguir avanzando. Todo es indexable, y de ahí la falsa creencia de que está al alcance de cualquier cerebro que intente rebobinar. Pero esa es la gran mentira. La celeridad impide echar la vista atrás. Así que todo lo indexado, desaparece. Lo vivido apenas prevalece. Y lo futurible se convierte en previsible. Porque existe una muerte por asfixia. Nerviosa, desbocada, y rauda. Por fagocitar. Información, sensaciones, o pulsiones.
Somos ocas digitales, con un embudo hasta la tráquea, engullendo ceros y unos. Esperando a que el hígado reviente. Para poder publicar. El hígado ha reventado.

enfant terrible,
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