31 de Agosto 2016

linterna

Me mira, con unos ojos azul mercurio, hondos, inesquivables, como cepos en un bosque de noche. Hace dos escalones de edad, debió ser joven y preciosa. Pero ahora llueve, y algunas gotas peraltan en las curvas ajadas de su cara. Ha rezado a todo lo rezable, y ha perdido todo lo perdible. Lo sabe, y me lo hace saber, durante los diecinueve segundos en silencio que dura esa mirada. Frente a los contenedores, mientras sostengo la bolsa de envases. Un cartón doblado, una botella de vino malo, y la bolsa de residuos orgánicos. Frente a los contenedores, en los que ella rebusca, con un pequeña linterna encendida entre los dientes. Diecinueve segundos para pedirle perdón, en silencio, por lo mal que estamos haciendo las cosas los deshumanizados a este lado de la sociedad, que consentimos que humanos al otro lado se sientan como residuos orgánicos apartados. Justo antes de irme, ha apagado la linterna con la punta de la lengua, para dejarme ver, sin deslumbrarme, esos ojos azul mercurio de los que nadie antes apartaba la mirada.

enfant terrible,
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