30 de Julio 2016

puente de tenedores

No es una noche sudada de Agosto. Al menos no otra, o no especialmente. Ni siquiera es Agosto.
Ella está dormida, y pienso, nunca duermas con un escritor porque acabará escribiendo que boqueas, como un pescado en la orilla. Pese a la belleza y la juventud, somos peces boca arriba.
Los diodos que marcan la hora, en el horno de la cocina, parpadean como cualquier noche tras un corte de luz. Marcando los minutos posteriores a la interrupción del suministro.
Podría trazar, desde esta ventana, un puente de tenedores hasta cada uno de los hombres que duerme en los tejados para esquivar el calor, y arroparlos ahora que empieza a llover de forma suave. Y preguntarles, sin esperar respuesta, cuánto tiempo crees que te queda. Y tratar de intuir la sinceridad del párpado dormido.
Volver a casa, por el puente de tenedores, cada vez más resbaladizo. Y secarme los pies, en el alfeizar de la ventana, con un trapo de cocina. Y ante la proximidad de la idea de la muerte, otra vez la duda, ante el tiempo que se estrecha. Si dedicarlo a leer o a escribir. Los diodos del contador de mi tiempo, también parpadean, en sentido inverso.
Vuelvo a la cama, sudado, y la veo tranquila. Feliz en su pecera, donde los peces boquean, en la cima despreocupada de la noche.

enfant terrible,
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